Teléfono roto ¿o rojo?

La clave de una buena comunicación es decir las cosas con amor.

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Anna Bolena Meléndez 16/01/2014 00:00
Teléfono roto  ¿o rojo?

Muchas personas repiten, más como merolicos que a conciencia, eso de que uno de los pilares de las relaciones es la comunicación; luego siguen con el respeto, la tolerancia, el amor y, obvio, nunca dejarán a un lado al sexo.

El problema es que muchas veces con ninguno de los pilares la arman. Su comunicación sigue siendo pobre, lo cual lleva a la deficiencia del respeto, seguida por el detrimento de la tolerancia, lo que mata al amor y los lleva a tener sexo, pero con alguien más.

Para mí, lo principal sí es la comunicación, pero con comunicación no me refiero a decir, casi sin filtro, todo lo que uno piensa, sino a saber cómo decirlo. “En el pedir está el dar”, reza un dicho muy valioso y que cabe utilizar cuando se tiene una relación formal y estable.

La clave de una buena comunicación es decir las cosas con amor. Decirlas de tal forma que, si te las estuvieran diciendo exactamente igual, no te generarían rabia, sino apertura para comprender. Cuando tenemos un problema no nos queremos sentir señalados, ¿no es así? Exacto, entonces no hagamos lo mismo.

A menos que nos encontremos en una relación patológica en la que ambos se hacen daño por el puro placer de hacérselo (ahí no hay comunicación que valga), todos los errores que cometemos o daños que hacemos son sin intención, por ello hay que procurar hablar sabiendo que la otra persona nos lastimó sin alevosía.

No es lo mismo decir: “¡Eres un desconsiderado que no te importa dejar tirada tu ropa, yo todo el día me esclavizo en esta casa como si fuera tu muchacha!”, a decir: “Mi amor, aprecio mucho cuando recoges tu ropa, ojalá lo puedas hacer más seguido”, les aseguro que no sólo el resultado va a ser mejor, sino que lo que podría desembocar en una batalla campal, desembocará en un Cirilo pensando que su mujer es un ser civilizado.

En el primer ejemplo, ella lo atacó de frente, le dijo desconsiderado, cochino y abusivo, ¿qué pretenden que les conteste? A menos que sea un mandilón de tiempo completo que se deje bullear por su esposa, es obvio que va a contestar con dos piedras en la mano.

Otro error común es hablar al calor de un enojo. Yo, por mi parte, huyo cuando estoy enojada. Prefiero no hablar ni una sola palabra y me voy. Me voy a caminar, me voy a un almacén a despejarme o me voy a tomar un café conmigo misma o si de plano el enojo es muy bravo, un trago fuerte que me apacigüe mi Cirila interna asesina.

Entonces sí, cuando siento que el amor que tengo por mi pareja regresa tras haber sido opacado por la nube del enojo, estoy en capacidad de sentarme y decirle “amorosamente” por qué me lastimó, por qué me hizo sentir así, y con firmeza preguntarle qué hice yo para que él tuviera esa reacción.

Es importante saber que toda acción tiene una reacción y toda reacción viene de una acción. A menos que estén casad@s con un neurótic@, les aseguro que este modelo de pensar en lo que uno hizo para provocar la reacción del otro, funciona.

Me ha funcionado hablar las cosas oportunamente y no sacar en cara, en futuras discusiones, lo que en el pasado ya solucionamos. Me ha funcionado decir las cosas por su nombre, pero sin agredir, me ha funcionado encaminar mis palabras de tal forma que lo hagan comprender mi pensar y no reaccionar ante una ofensa.

Me ha funcionado controlar la ira, amarrar a mi Cirila interna asesina y respirar antes de decir palabras por las que después estaré ofreciendo disculpas. Me ha funcionado hablar de TODO lo que me afecta, por qué me afecta y, tras ello, dar la solución para que deje de afectarme.

Pero sobre todo, me ha funcionado hablar con el mismo amor con el que me hablaría a míi misma.

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