La pregunta de los dos millones

No es un secreto que cada vez son más las mujeres que temen quedarse solas.

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Anna Bolena Meléndez 10/01/2014 00:00
La pregunta de los dos millones

Ya las princesas no son como antes. Esto no quiere decir que los cuentos de hadas deban cambiar, solamente adecuarlos, lo que sí es muy importante es que seamos más vivas de lo que las princesas de Disney, alguna vez, llegaron a aparentar.

No es un secreto que cada vez son más las mujeres que temen quedarse solas. A mi me podrán decir misa en arameo y seguramente habrá las que sensatamente les importe un bledo no encontrar una pareja con quien compartir su vida, pero somos muchas más las que soñamos mustiamente dar con ese Cirilo que cumpla los requisitos de príncipe azul.

El problema es que si antes la pregunta del millón era ¿qué quieren las mujeres?, ahora la de los dos millones es ¿qué shingados quieren los hombres?

Y es que ahora sí nadie los entiende, ni ellos mismos. Las mujeres de antes, aquellas sumisas, dedicadas al hogar, madres de lavar y planchar, princesas que hacían galletas, ya no les gustan ¡qué flojera! Ya no quieren mantener sino que les ayuden a que el hogar se mantenga. ¡Perfecto! Pero cuando dan con la ultra mega ejecutiva con la que podrían hasta rascarse las pelotas el resto de su vida porque la personaja gana millones de pesos, tampoco les gusta. Ques’ que muy independiente, que ahí nada más sus chicharrones truenan, que si quiere el control de la casa. No, esa tampoco.

Entonces aparece la pregunta de los dos millones ¿no quieren la que se queda en casa, tampoco quieren la profesional ultrashingona, entonces, qué quieren?

No, señoras, no se trata de hormonas ni indecisión. Según un Cirilo muy cercano y su juicio, en el cual confío plenamente, no se trata de sumisión o millones, sino de cómo las princesas de la nueva era manejan la relación.

Una pareja puede ser del prototipo new age: el hombre se queda en casa y la mujer sale a trabajar, pero si esa mujer le arranca las pelotas y le quita el puesto de ser la cabeza de familia, todo se fue al caño.

Es por eso, mis estimadas Cirilas ultrashingonas que porque ganan más lana quieren el control del hogar, que su matrimonio no funciona equilibradamente. Lo que pasa es que no es fácil, sobre todo en un mundo en el que todo es dinero y la profesión del hogar y los hijos fue desprestigiada por las mismas mujeres que se ofenden si se refieren a ellas como “amas de casa”. Desde ahí todo mal.

Si en verdad las mujeres queremos tenerlo todo: una carrera exitosa, una cartera pudiente y un hombre enamorado, tenemos que sacarnos aquel manual de “los hombres aman a las cabronas” de la cabeza y comenzar a pensar con la sensatez, si no vamos a dejar caer nuestro género en lo mismo que cayeron ellos cuando a nuestras mujeres casi ni se les permitía hablar. Y volvemos a empezar… sólo que al revés.

Cuando una mujer dice que su pareja no pudo lidiar con su éxito, puede que tenga razón, aún quedan, por ahí vagando, machos sin la suficiente hombría para tener una mujer brillante. Pero también cabe otra posibilidad y es que la misma mujer no sepa manejar su éxito y ponga en un trofeo en su oficina de VP, los gumaros de su marido a quien no baja de pobre diablo porque ella es mejor.

Se nos confundió la carrera con nuestro papel de mujeres al lado de un hombre. Se nos enredó el querer salir adelante con el querer ganarle la carrera al sexo opuesto, y se nos olvidó que no son muchos los hombres que ven a su pareja como su competencia.

Así que si eres de esas Cirilas a la que las relaciones no le funcionan porque, casualmente, nunca da con un hombre que sepa lidiar con tu éxito, te invito a que hagas una pausa y analices si tu veredicto es el correcto. No vaya a ser que por ser la que carga todos los huevos en su canasta, le estás arrancando los suyos a ese hombre que tanto los necesita.

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