Carreño en el colchón

Hay que tener varias cosas en cuenta para entrar a la cama del nuevo amor.

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Anna Bolena Meléndez 18/12/2013 00:00
Carreño en el colchón

¿Qué creyeron? ¿Que las reglas de etiqueta sólo son para los manteles blancos y las ocho mil copas formadas en fila? ¡No, señores! resulta que en la cama también hay reglas que se deben de cumplir si es que no quieren pasar por pelados, majaderos.

Esas primeras veces que invitamos o somos invitados a dormir a la cama de alguien, no pueden ser así casual y nada más, hay que tener varias cosas en cuenta para cuando son requeridos a la cama del nuevo amor.

Primero que nada, por amor a la manzanita Apple, ¡cambien las sábanas por lo menos cada ocho días! ¡Ya ni la friegan, algunos, de veras! Y es que no hay nada más desagradable que te inviten a pasar la noche y darte cuenta que las fundas de las almohadas ya están negras de tanta mugre facial, o que don Cirilito se meta con las patas cochinas a la cama y que a los pies, de su lado, las sábanas parezcan jerga de cocina.  ¡O sea, quién se va a encuerar en paz en semejante lodazal!

Otra muy importante, es que por lo menos gocen de una cama doble. No falta el pepinazo que te quiere invitar a dormir a su cama individual de colegial. ¡Quién les dijo a esos Cirilos que es sexy un hombre que todavía duerme en cama individual! En serio, Cirilos del planeta de los infantes, ya cambien la cama de la secundaria y consíganse una cama de hombre, una doble, por lo menos.

¿Y por qué pedimos las Cirilas, aunque sea, una cama doble? ¡Pues porque el calor no nos deja dormir! Una de las importantísimas etiquetas para compartir el sueño es que, el arrunche previo a dormir se acabe en determinado momento y podamos adoptar  nuestra posición de costumbre para descansar. Si resulta que al otro día nos despertamos con acumulación de cansancio por haber dormido mal al lado de Cirilo, comenzamos con el pie izquierdo. Y no soy yo la que lo dice, sino 61% de mujeres encuestadas en un estudio de Inglaterra que habla sobre las cosas que odiamos a la hora de dormir con alguien.

¿Y qué me dicen de los ronquidos de tren en movimiento? ¡Y qué hace uno con esto! Se dice que gran porcentaje de los hombres roncan, y ¡vaya si roncan! O sea, una cosa es emitir un ruidito y otra muy diferente compartir la cama con un escape de trolebús. Usted, estimado Cirilo, puede ser tan sexy como quiera, pero o se consigue una novia sorda o solucione su problemita porque no hay nada peor que dormir con un oso roncador que al otro día se levante fresco como lechuga, mientras que para Cirila no exista corrector en el mercado para taparle las ojeras.

Lo malo de todo esto es que cuando ambos están en la etapa del enamoramiento, esa etapa en la que no hay defectos, todo es rosa y hasta los ronquidos de Cirilo son melodiosos, nada es molesto. Pero esperen a que pase el tiempo y quieran ahogar con la almohada más cercana a su Cirilo que ronca de ida y vuelta.

Algo que también apareció en dicho estudio inglés, fue la historia de algunos hombres que tuvieron que compartir la cama de su nueva novia con un montón de ositos de peluche y cojines de todos los colores. Cirila, por amor propio ¡quién quiere acostarse con Rainbow Brite! ¡Agarra tus doscientos peluches y los tiras al piso al lado de tu pijama de ositos y tus pantuflas de Rosita Fresita! ¡Ningún Cirilo se prende con tanto despliegue de infantilismo!

Por último, procuren controlar sus fugas de gas y eso déjenlo para cuando la confiancita haya hecho de las suyas —o mejor aún, no dejen que la confiancita haga de las suyas—, no hay nada más asqueroso que tratar de dormir con un nuevo romance y de repente ¡pum! ¡cohete oloroso a la vista! ¡Vayan al baño, no sean marranos!

Ahora sí, feliz cuchareo.

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