¿Basta con la aprobación de las leyes? No, falta el cambio de mentalidad

De haber llevado a cabo este cambio cultural en su momento, habríamos visto la apertura como algo positivo.

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Ángel Verdugo 27/08/2014 00:00
¿Basta con la aprobación  de las leyes? No, falta  el cambio de mentalidad

Una de las estrategias más socorridas en el presente gobierno para colocar a nuestro Presidente en la escena internacional como un hombre de Estado, un político reformador que nos dejará un México diferente, es publicarle artículos de opinión en medios impresos.

En ellos busca, además de  hacer un recuento de las reformas aprobadas por el Congreso en lo que va de su administración y del impacto que tendrán en la vida nacional, vender la idea de que lo que sigue es simplemente dedicarse a ponerlas en práctica. Esto es lo que plantea en el más reciente, aparecido en El País este domingo 24 de agosto (Un nuevo México); así termina: 

“Concluido este importante proceso legislativo, hoy pasamos de las reformas en la ley a las reformas en acción. En esta nueva etapa, el Gobierno de la República continuará trabajando para que estas modificaciones legislativas se conviertan en beneficios concretos. El camino no será fácil, ni los resultados llegarán de inmediato. Sin embargo, hoy ya contamos con las bases para transformarnos en un país donde se garantice el ejercicio efectivo de todos los derechos y se asegure que la democracia brinde resultados;…” (Aquí puede leer la colaboración del Presidente: http://elpais.com/elpais/2014/08/20/opinion/1408541903_825803.html).

Sin embargo, para que un proceso profundo de cambio estructural —de índole económica o política— fuere verdaderamente exitoso, que vendría a cambiar la vida de millones de habitantes del país que hubiera decidido llevarlo a cabo, es imperativo el cambio de mentalidad de una muy buena parte de aquéllos.

La parte en negritas del párrafo transcrito, no presta la menor atención a este aspecto que considero central en el proceso de cambio que nos hemos planteado con el nuevo modelo energético. Esta omisión, la cual cometimos cuando debimos abrir la economía en 1987 y firmamos el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, que entró en vigor el 1 de enero de 1994, parece que la repetiremos otra vez.

Al no haber prestado la debida atención al necesario cambio de mentalidad en la población mexicana —para que entendiera por qué debimos abrir la economía y pudiera ver el libre comercio como parte de un nuevo modelo de desarrollo que abría oportunidades para el país y los mexicanos—, se gestó el rechazo que a la fecha persiste. Hoy, una muy buena parte de la población mexicana no sólo no acepta las bondades de la apertura económica y el libre comercio, sino que los juzga negativos y perjudiciales.

De  haber llevado a cabo este cambio cultural en su momento, habríamos visto la apertura como algo positivo que además de salvarnos de la situación creada por el viejo modelo, acarrearía oportunidades de desarrollo y mejoría para los mexicanos. También, nos habría ayudado a dejar atrás la visión del crecimiento hacia adentro, y a participar —activa y voluntariamente— en la integración a la globalidad para dejar atrás el aislamiento y el rechazo de lo externo.

Hoy, por no haber promovido ese cambio de mentalidad, millones de mexicanos rechazan el libre comercio y la globalidad; su visión del desarrollo, anclada en el pasado, es un obstáculo para el cambio. Al leer detenidamente lo que firma el presidente Peña Nieto en El País, veo que repetiremos aquella dañina omisión; al igual que entonces, pensamos que basta con aprobar una ley.

Preparémonos pues, a tropezar con la misma piedra. (Seguimos el viernes; aquí lo espero).

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