¿Veremos otra vez el espectáculo de hace meses? Obviamente, son los mismos legisladores

¿Cuándo, en sus 75 años de vida, Pemex por ejemplo, ha sido una empresa eficiente?

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Ángel Verdugo 02/05/2014 00:00
¿Veremos otra vez el espectáculo de hace meses? Obviamente, son los  mismos legisladores

La entrega al Senado de la República por parte del Ejecutivo del conjunto de iniciativas de leyes secundarias en materia energética, fue la clarinada para que los de siempre afilen armas y alisten recursos para intentar frenar lo que sin duda alguna será aprobado por el Congreso de la Unión.

Sin embargo, lo que exhibirá la repetición de la conducta que les vimos a los mismos de siempre cuando el tema era la reforma constitucional en materia energética, es el apego de nuestra izquierda a los viejos y desgastados clichés los cuales, a fuerza de repetir el numerito en ambas cámaras, pierde cada día eficacia además de reducir el número de los seguidores que aún mantienen con vida casi artificial a grupos devenidos en meros grupúsculos.

El conjunto enviado por el Ejecutivo es, si quisiéremos resumirlo, la expresión simple y clara de una buena dosis de sentido común frente a los retos que nos presenta la nueva situación que priva hoy en el mundo en materia energética. No se trata de responder sólo a la explotación de fuentes como la energía eólica, la luz solar o la geotérmica sino también, a la utilización cada vez con mayor eficacia y frecuencia —en más países— del fracking.

La nueva situación que se ha generado en Estados Unidos con motivo de la popularización de esa última tecnología, y el potencial —que ya empieza a ser concretado— en materia de extracción tradicional de petróleo en varios países africanos, obliga a responder pronto y con la objetividad requerida a la posibilidad de quedar en franca desventaja en unos cuantos años en materia energética.

En decenas de países, desde hace una buena cantidad de años, lo que apenas vamos a discutir en ambas cámaras en las próximas semanas o meses —incluso de manera violenta—, fue analizado y resuelto sin el menor aspaviento.

Lo que ha hecho Noruega por ejemplo, no se diga ya lo visto en Colombia y Brasil así como las muestras de pragmatismo de lo que queda de los hermanos Castro en Cuba, deberían ser materia de análisis entre nosotros. Es más, por encima del desastre en el que han convertido a PDVSA los herederos de Hugo Chávez y él mismo, no podemos borrar lo que puede hacerse con el petróleo cuando se administra de manera correcta.

La necesidad de aprovechar de manera racional recursos como el petróleo y el gas, así como optimizar la generación y distribución de energía eléctrica, ha llevado a decenas de países —solos o en asociación con inversionistas privados— a dejar de lado el tabú y el cliché, y construir empresas altamente productivas las cuales, antes que catedrales ideológicas son ejemplos de alta rentabilidad y fuente permanente de riqueza para sus habitantes.

¿Por qué entonces aquí, un grupúsculo de sedicentes izquierdistas —sin mayor fuerza política que la que posibilita la ignorancia y pobreza de millones, y no pocos decenios de políticas públicas erradas que hicieron de la dádiva y el subsidio sus mejores instrumentos de control político e ideológico—, defienden lo indefendible?

¿Cuándo, en sus 75 años de vida, Pemex por ejemplo, ha sido una empresa eficiente? ¿Cómo es posible que alguien se atreva a poner como ejemplo de eficiencia y productividad, a CFE? ¿De qué se trata todo esto? ¿De que nada cambie para llegar a la debacle y entonces, como dijo López alguna ocasión, juntar las ruinas y desde ahí construir un nuevo México?

¿Tan mal están? ¿En verdad ése es su objetivo? Parece que sí.

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