Ante lo que ve y sufre en la peor impotencia, ¿en qué país le gustaría vivir? ¿En serio, aquí?

¿Qué les diría a sus hijos si decidieren irse a buscar un mejor futuro en otro país?

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Ángel Verdugo 02/04/2014 00:04
Ante lo que ve y sufre en la peor impotencia, ¿en qué país le gustaría vivir? ¿En serio, aquí?

Uno de los beneficios de la globalidad —particularmente para las sociedades de países como México, que durante decenios estuvieron enclaustradas y alejadas del mundo y su modernización—, es la posibilidad de conocer la vida en otros países sin necesidad de vivir físicamente en ellos.

De la misma manera, las oportunidades de trabajo en el exterior para las nuevas generaciones posibilitan —en no pocos casos—, el cambio de lugar de residencia.

Hoy, no pocas familias en varios países latinoamericanos, han optado por la emigración; su ejemplo, al principio mantenido “casi en secreto”, es conocido poco a poco entre parientes y cercanos y después, el hecho y las noticias de su nueva vida son un estímulo para aquéllos que hartos de la situación que enfrentan en sus países —a veces asfixiante en todos sentidos—, deciden emigrar para intentar darles a los suyos y a ellos mismos, un mejor futuro.

La globalidad pues y la apertura de las economías, son las principales estimuladoras de la migración; este fenómeno demográfico, lejos de ser una muestra de falta de patriotismo, es prueba del carácter emprendedor y afán de mejorar de no pocos, para gozar de una mejor calidad de vida en todos sentidos.

Ante ese panorama —que en México forma parte del paisaje—, ¿qué piensa usted de la posibilidad de emigrar y, si por su edad o situación específica ya no le fuere posible optar por emigrar, qué les diría a sus hijos si decidieren irse a buscar un mejor futuro en otro país?

Es más, cierro la pregunta anterior para hacer más fácil la respuesta. ¿A qué país le gustaría que sus hijos o los suyos emigraren en búsqueda de un mejor futuro? ¿Y usted, en caso de ser viable todavía, en qué país le gustaría asentarse para dar a los suyos y a usted mismo, un mejor futuro?

Con toda intención no he hecho de manera clara la pregunta que debería haber sido la primera; ahora la hago: ¿Ve usted bien que emigren, quienes consideran inaceptable la calidad de vida en todos sentidos en el México de hoy? ¿Cuáles serían sus argumentos para tratar de detenerlos o por el contrario, cuáles para estimularlos a partir? ¿Qué les diría en cada caso?

¿Acaso se atrevería a hablarles de la obligación que tenemos para incidir en la construcción de un México mejor, más justo y democrático y sobre todo, de un México que haga un uso óptimo de los escasos recursos con los que contamos? ¿Les explicaría la necesidad de participar en política, para desde ahí proponer mejores leyes para erradicar la corrupción?

¿Les recordaría las epopeyas de nuestros héroes, desde Cuauhtémoc a los actuales, que entregan su vida por servirle mejor a México y los mexicanos?

¿Les hablaría de quienes hoy, desde la política y en la modestia más que evidente, entregan lo mejor de ellos a los mexicanos?

Ahora bien, si su posición es la contraria pues está a favor de que emigren, ¿qué les diría de la vida en otros países? ¿De qué países les hablaría para comenzar una nueva vida? ¿A dónde le gustaría que fueren a vivir para construir un mejor futuro, para ellos y los nietos de usted?

Si usted tiene hijos adolescentes en el bachillerato o en el nivel superior —es mi posición personal—, por favor no los desanime si tuvieren la inquietud de emigrar; déjelos que evalúen esa posibilidad y deles su opinión —con franqueza—, sólo si la pidieren.

Al final, no lo olvidemos, ellos vivirán el futuro que se construyan y nosotros, ya vamos de salida.

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