Señores, el mundo resolvió hace mucho lo que pretenden discutir; ¡por favor, actualícense!

Cada “reforma estructural” ha enfrentado los obstáculos que una visión del desarrollo anclada en el pasado les opone.

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Ángel Verdugo 28/03/2014 00:00
Señores, el mundo resolvió hace mucho lo que pretenden discutir; ¡por favor, actualícense!

De entrada y antes de cualquier otra cosa, le pido un favor; lea por favor la colaboración del doctor Carlos Elizondo que apareció ayer en la primera sección de Excélsior.

Vale mucho la pena hacerlo porque, entre otras cosas plantea un vicio arraigado entre nosotros (ver al pasado desechando, por diversas razones, el futuro) el cual, de concretarse en la legislación secundaria, lejos de impulsar el avance, la modernización y la elevación de los niveles de competencia en el campo de las telecomunicaciones, podría dar al traste con los esfuerzos realizados durante muchos años para lograr esos objetivos. (Aquí, en esta dirección podrá encontrar su colaboración: http://www.excelsior.com.mx/opinion/carlos-elizondo-mayer-serra/2014/03/...).

Cada “reforma estructural” que nos hemos planteado desde 2008 —por fijar un punto en el tiempo—, ha debido enfrentar los obstáculos que una visión del desarrollo anclada en el pasado les opone. Esta vez no es la excepción; de ahí la recomendación de leer la colaboración del doctor Elizondo.

En las sociedades abiertas en lo que se refiere a la integración del Congreso o el Parlamento, se parte de lo que en no pocas veces resulta ser una verdadera utopía; los mejores ciudadanos —en el sentido de tener la visión del desarrollo más avanzada e informada—, son los que deberían llegar a aquellas instituciones del Estado.

Esto se logra, dice la teoría, porque entre los partidos se da una competencia abierta entre iguales los cuales, con miras a obtener el voto del ciudadano ya no el del hombre fuerte en turno, expondrían a los votantes sus ideas acerca del futuro del país, y cómo y con qué concretarlas.

Y el elector, sigue la teoría, se informaría de lo que cada uno de aquéllos expusiere, realizaría la evaluación correspondiente en función de sus mejores intereses y al fin de este ejercicio, emitiría su voto a favor del que le hubiere parecido concentrar la mejor de las opciones para él y los suyos, y para el país y el crecimiento económico.

Lo anterior supone, de entrada, un ciudadano que casi raya en lo idílico, al menos en México y en una buena parte de los países latinoamericanos. Las políticas públicas que durante decenios han diseñado y aplicado nuestros gobiernos, lejos de producir ciudadanos nos han dado ejércitos de súbditos; de siervos temerosos de expresar su sentir, y decidir en consecuencia.

De estos últimos, debe decirse, algunos han dejado —en lo material— ese estado de sujeción al poderoso en turno y a los caciques por diversas razones pero, en la parte mental siguen siendo lo mismo: siervos, súbditos.

Al cambiar su situación, esos pocos, lejos de combatir la servidumbre en la que se encuentran sumidos decenas de millones de compatriotas, han preferido contribuir a fortalecer dicha situación para obtener una parte, aunque fuere menor, del suculento pastel que los poderosos han disfrutado solos durante años.

Esta gobernación, lejos de estimular la llegada de “los mejores” a los Congresos, lleva ahí a los peores; a los más atrasados en su visión del desarrollo los cuales, por lo mismo, sólo  buscarán perpetuar la situación actual. Este es el riesgo que enfrentamos en la legislación secundaria en materia de telecomunicaciones y en la Reforma Energética, pues posibilitan que el pasado determine el contenido de aquélla.

Por eso le pido leer la colaboración del doctor Elizondo mencionada al principio; vale la pena.

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