Esfera de influencia

Evidentemente el choque de civilizaciones, como lo definió Samuel Huntington, ha permanecido.

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Ana Paula Ordorica 06/03/2014 01:22
Esfera de influencia

El conflicto de Ucrania nos remonta a los años tensos de la Guerra Fría. Ese tiempo en que la URSS y EU se disputaban en la bipolaridad el predominio de su ideología. El capitalismo del lado occidental; el comunismo en la esfera del este.

Francis Fukuyama escribió El fin de la historia y el último hombre cuando cayó el Muro de Berlín, refiriéndose justamente a que, en su visión en ese momento, la lucha de ideologías terminaba con la prevalencia del capitalismo.

Evidentemente el choque de civilizaciones, como lo definió Samuel Huntington, ha permanecido. La historia no ha llegado a su fin y el actual conflicto en Ucrania está aquí para recordárnoslo.

Sobre todo a Barack Obama, que se ve en la difícil situación de lidiar con el exagente de la KGB y actual presidente de Rusia, Vladimir Putin. Una tarea que tenía tiempo que no enfrentaba un presidente de Estados Unidos.

Tanto EU como Reino Unido tienen un enorme compromiso con Ucrania. En 1994, poco después de la desaparición de la URSS y ante la preocupación de Occidente por la posesión de armas nucleares de varias de las exrepúblicas soviéticas, firmaron junto con Ucrania y Rusia un compromiso para garantizar su seguridad a cambio de que éste país destruyera su arsenal nuclear, que venía construyendo desde 1950.

Ahora, cuando las fronteras ucranianas se ven amenazadas por la presencia militar rusa, EU y Gran Bretaña deben responderle a Ucrania.

Por su parte, Rusia se siente con el derecho de poner un hasta aquí a lo que considera una continua intervención de Occidente en su esfera de poder. Así como Rusia intenta permanecer neutral en situaciones complejas del área de influencia de EU —como podría ser el conflicto venezolano—, Putin pretende que Estados Unidos y Gran Bretaña hagan lo propio.

La tensión actual arranca con la posibilidad de un acuerdo comercial entre Kiev y la Unión Europea que evidentemente no gusta a Rusia. El entonces presidente ucraniano, Víktor Yanukóvych —pro ruso; pro Putin— decide frenar este acuerdo. Su gente se inconformó. Lograron hacerlo salir y buscar refugio con Putin. Llegó un presidente interino visto como pro occidente. Putin se enoja aún más y envía tropas a Ucrania. De pasadita se ve la tentación rusa de volverse a querer anexar la península de Crimea.

La tensión EU-Rusia está a tope con un Obama visto como débil en el frente exterior por su falta de acción en el conflicto sirio. Su primera alternativa parece ser acudir a la ONU y solicitar sanciones para Rusia. Otra sería buscar su expulsión del G8.

La moneda está en el aire. El resultado no es águila o sol. Es guerra o diplomacia para Ucrania y también para Europa.

Apostilla: Quienes profesamos el trabajo de periodismo y sobre todo en la vertiente de opinión, lo sustentamos en nuestras ideas. En mi columna del pasado lunes 3 de marzo (“Intervención”) hago referencia al texto escrito por el profesor de Georgetown, Héctor Schamis, publicado en el diario El País, sin darle el merecido crédito (“Intervenir en Venezuela”, El País, 2 de marzo de 2014). Al autor y a mis lectores una sincera disculpa.

                Twitter: @AnaPOrdorica

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