La esvástica

Doce años de nazismo mataron 25 siglos de duende gamado

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Álvaro Chaos 02/09/2014 00:00
La esvástica

Cuando las cruces son escarlatas, la atención se despierta, ya sea para advertir el error en la tarea o cederle el paso a una ambulancia. Si el semáforo se pone colorado, el freno debe presionarse. Probablemente el estado de alerta provocado por el rojo provenga del color de la sangre. Se abstrae el concepto de peligro y se le impregna a esa tonalidad para comunicar dicha noción. Lo anterior se puede efectuar también con los sonidos, las letras, los objetos. Enseñanzas reservadas a iniciados comprenden combinaciones complicadas de símbolos, todo con el afán de atesorar el conocimiento.

Le mystère des cathédrales es un paradigma. Allí un símbolo se desdobla sucesivamente hasta llegar a la “nuez”, la AAA. Para descifrar el enigma se necesitan ciertas capacidades mentales, que según los humanos los separa del resto de los seres vivos. A pesar de esta idea científica generalizada, hay investigaciones con ciertos grupos animales, como simios y cetáceos, en las que sus sociedades construyen elementos con signos bien delimitados y entendidos por el grupo. Al estudiar una manada de chimpancés, se descubrió un código sonoro. El macho dominante es quien decide hacia dónde se busca alimento, si se descansa y cuánto tiempo dura el recreo. Transmite sus instrucciones específicas y precisas por medio de golpeteos en troncos de árboles. Así, los monos rastrean comida, toman una siesta de 10 o 20 minutos, o cambian de dirección.

El proceso recibe el nombre de pensamiento simbólico. Una calavera puede ser sólo eso, un conjunto de huesos; pero, cuando se le dota de significado, su avistamiento en una pirámide prehispánica o en la oriflama de un barco del siglo XVI pone los pelos de punta. Es trascendental escoger o diseñar bien los emblemas. El significado debe evitar ambigüedades y tocar fibras íntimas, además de ser sencillo gráficamente. El abanico de símbolos es inmenso, los muy populares son religiosos. La cruz, la media luna y el taiyitú (círculo yin yang) los conoce cualquiera. Existen maléficos, como el pentáculo invertido, el 666 y la seña realizada con los dedos índice y meñique de la mano, cual diablo cornudo —ésa que a la gente le da por hacer hoy en día para sentirse “mala” cuando la fotografían—. La significación de estas imágenes depende del lugar y de la época. No obstante, es raro que muten.

Historia aparte merece la esvástica. Según estudiosos apareció en el siglo V ANE en la India —otros aseguran que es más antigua—. La palabra deriva de “suerte” en sánscrito. Es un signo tan positivo que se ha usado mundialmente: en el piso de la Catedral de Amiens se aprecian múltiples cruces gamadas, existe un pueblo en Canadá llamado Swastika, Rudyard Kipling adornaba la portada de sus libros con ella, incluso los Niños Exploradores del RU diseñaron una medalla con esa figura. En Oriente representa un templo budista, aparecen numerosos budas con una esvástica en el pecho. Pero en Occidente está prohibida desde 1945. Su significado se pervirtió en Alemania. Hitler anhelaba un símbolo poderoso que embelesara a las masas. En Mein kampf narra cómo diseñó la bandera nazi: “En el rojo, la idea social del movimiento; en el blanco, la idea nacionalista; y en la esvástica, la misión de luchar por la victoria del hombre ario [...]». Doce años de nazismo mataron 25 siglos de duende gamado.

El Antiguo Palacio de Verano, en China, posee esa apariencia; sin embargo, ¿por qué un edificio de la Base Naval de Coronado, Estados Unidos, es una esvástica? Le dejo las coordenadas de ambos por si desea verlos en Google Earth: 40° 0’22.24”N, 116°17’16.44”E y 32°40’34.08”N, 117° 9’28.03”O.

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