Ébola: ¿guerra o paz?

La táctica médica ha sido abordar el problema como una campaña militar

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Álvaro Chaos 19/08/2014 00:00
Ébola: ¿guerra o paz?

Médicos Sin Fronteras ha declarado que la epidemia de ébola en África Occidental puede compararse con una situación de guerra. También insiste sobre la escasa y tardía reacción de las organizaciones de salud mundiales. El sábado pasado fue internado en España un nigeriano con síntomas de la enfermedad, ayer se notificó que no estaba infectado. Europa permanece salva. Se tiende a minimizar el riesgo dentro de ciertos círculos médicos y políticos, quienes apuestan que la amenaza será pasajera.

Si el mal africano no se propaga, efectuarán sus típicas peroratas donde, con una sonrisa paternal, asegurarán que se tuvo siempre el control absoluto del suceso. Falso. Para afirmar eso se requiere conocer íntimamente al invasor. De poquísimos parásitos podemos decir lo anterior. La táctica médica tradicional ha sido abordar el problema como una campaña militar. Se identifica al enemigo, se busca algún punto débil, luego se construyen las armas —las cuales casi nunca son específicas— y, finalmente, se procede al ataque medicinal estilo bombardeo de Vietnam o Irak. Durante la intervención, el campo de batalla, el cuerpo que habitamos, escarmienta heridas desde leves hasta severas.

Así sucede cuando ingerimos antibióticos, nuestro intestino asemeja un paisaje regado con napalm. Pasa mucho peor al someternos a una quimioterapia, muchísimas de nuestras células sanas perecen bajo fuego “amigo”. Sin embargo, el atacado no se queda de brazos cruzados. Intenta sobrevivir, su supervivencia está en juego. La situación acaba en una circunstancia bélica, en la que uno ataca y el otro contraataca indefinidamente hasta, si llega el caso, la perdición de uno de los contrincantes. Es la carrera armamentista.

Un caso ideal de una competencia de este tipo aconteció durante la Guerra Fría. A cada rato salía una noticia en la que una de las dos superpotencias militares de esa época se vanagloriaba de haber incrementado su arsenal atómico, lo cual le garantizaba la superioridad momentánea sobre su adversario. Así nos acostumbramos a leer que Estados Unidos tenía la aptitud de destruir, por ejemplo, tres veces la Tierra. Meses después, lo soviéticos anunciaban haber llegado a un poder atómico para desbaratar cuatro. A lo cual los estadunidenses responderían en breve con el poder de aniquilar cinco, seis, siete... El cuento de nunca acabar.

Al analizar con inteligencia el proceso, aflora la estupidez humana. Si la URSS se preparaba para luchar contra EU, le bastaba con un poder que asolara solamente la parte geográfica de sus rivales. Digamos que con medio planeta le era suficiente. La otra mitad era territorio suyo. Lo mismo pasaba para EU. Y, bueno, ya si alguno deseaba asegurarse de no dejar títere con cabeza, pues con poseer la capacidad de explotar una Tierra, sólo una, hubiera sido suficiente. No creo que después de hacerla añicos existiera alguien para echarse otra. En lugar de producir lo necesario, cayeron en una vorágine cuya consecuencia actual es tener almacenados miles de cohetes nucleares. Como tienda de fuegos artificiales.

Además de la experiencia nuclear, la teoría evolutiva nos demuestra lo insensato de dichas acciones. Hace décadas, vastas zonas peruanas fueron azotadas por el cólera. La gente moría irremediablemente. No se usó la estrategia militar para combatir a la bacteria, en cambio, se optó simplemente por limpiar el agua y el medio. La campaña lavadora no la mató; pero se hizo inocua por el cambio de ambiente. Ahora, si alguien se infecta, no pasa de una diarrea. ¿Algún día aprenderemos a usar el cerebro antes de los puños?

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