De las reformas al ejercicio de gobierno

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Alberto Begné Guerra 09/12/2013 02:18
De las reformas al ejercicio de gobierno

Con la aprobación de las reformas constitucionales en materia energética en los próximos días, concluirá la primera etapa del mandato de Enrique Peña Nieto, dedicada a la negociación y construcción de los acuerdos necesarios para sustentar y dar viabilidad a una serie de cambios legislativos que, en suma, conforman el andamiaje y los instrumentos para la realización de su proyecto de gobierno. Esta fue su apuesta y, en congruencia con ella, desplegó una estrategia donde la prioridad consistió, hasta donde la pluralidad lo permitió, en preservar los espacios y el clima propicios para el diálogo y los consensos en el marco del Pacto por México. Al margen de las legítimas valoraciones y críticas sobre la orientación de las reformas, la apuesta y la estrategia fueron exitosas.

En contraste, la gestión de gobierno, la otra cara de la moneda, arroja resultados muy pobres: sin crecimiento económico y sin avances significativos en el combate a la pobreza y la inseguridad pública —tres exigencias vitales para el desarrollo y la calidad de vida de los mexicanos—, el balance es negativo. En el mejor de los escenarios, 2013 cerrará con un crecimiento apenas por encima de 1% del PIB, por debajo del promedio de los últimos 20 años; los índices de pobreza (moderada y extrema, según los criterios del Coneval) se mantendrán prácticamente intactos; y el número de víctimas de la violencia criminal mostrará una disminución marginal. Nada de esto, es cierto, puede resolverse en un año. Pero las expectativas del cambio eran otras.

El argumento para explicar o justificar los magros resultados está soportado, precisamente, en la carencia del marco normativo e institucional adecuado y, por tanto, en la necesidad de las reformas para detonar crecimiento económico y bienestar; en materia de seguridad pública, además de los factores sociales asociados a la delincuencia —marginación, falta de oportunidades para los jóvenes, violencia intrafamiliar, adicciones y, en consecuencia, ruptura de los tejidos comunitarios—, los argumentos consisten en la inevitable gradualidad del cambio estratégico a favor de la inteligencia sobre el uso de la fuerza, ciertamente advertida desde un principio.

En otros términos, la narrativa gubernamental expresa la intención expuesta: el primer año fue dedicado a los acuerdos y las reformas. Si esto es así, entonces los próximos días habrá cerrado dicho ciclo, con un buen balance; pero también se habrán cerrado los márgenes para las justificaciones o el beneficio de la duda. Con las herramientas que le brindan las reformas, el presidente Peña Nieto deberá transitar de la confección y negociación de las reformas al ejercicio de gobierno, donde el criterio clave para evaluar su gestión será la eficacia.

                *Socio consultor de Consultiva

                abegne.guerra@gmail.com

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