Valencia placea a Marcelo

El problema para el delegado es cómo va a justificar ante Mancera el apoyo.

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Adrián Rueda 05/09/2014 00:03
Valencia placea a Marcelo

Jura y perjura que no es su amigo ni va a sus fiestas, pero el delegado Jesús Valencia aún trata como su patrón a Marcelo Ebrard y hasta le organiza eventos moleros para que al menos alguien lo escuche.

El martes pasado Ebrard fue presentado en el antiguo cine Fausto Vega por quien fue su director del DIF y después su mensajero en las reuniones de consejo del PRD, para que su exjefe tuviera un foro en su “campaña” por la presidencia del sol azteca.

Claro que fue un evento chiquito, en apoyo de la planilla Va —con el logo del Movimiento Progresista— que Valencia inscribió en las internas que los perredistas realizarán el próximo domingo para elegir a sus nuevos consejeros y congresistas.

Lo de menos son las nulas simpatías que Marcelo pudiera cosechar para sus intenciones de ser presidente nacional del PRD; el problema para el delegado es cómo va a justificar ante Miguel Ángel Mancera el abierto apoyo a su enemigo político.

Porque ni modo que Valencia no haya calculado el que Mancera y Ebrard están peleados a muerte, y que en un evento tan importante para el futuro político del grupo del jefe de Gobierno, como las elecciones, se haya decantado por su antiguo patrón.

No es que esté mal, pues el delegado en Iztapalapa le debe todo lo que es a Marcelo, quien si bien lo explotó durante tantos años, al final lo impulsó para llegar al puesto que ahora tiene.

La decisión de Valencia afecta la sucesión en esa vital delegación y de paso mete en serios aprietos a su carnal Héctor Serrano, secretario de Gobierno en el DF, quien difícilmente podrá convencer a Mancera de que en Iztapalapa no hay fuego amigo, de que todo está controlado y de que sólo se trata de una finta más para no levantar olas.

A estas alturas del partido, y cuando se tiene que llegar a las definiciones, no se puede andar con medias tintas; lo correcto es tomar partido y parece que el delegado ya lo hizo para respaldar al acuerdo que Ebrard haga con El Peje para darle la delegación a cambio de algunas curules.

El asunto es peligroso, pues en una de esas Valencia podría ser responsabilizado si por casualidad ocurre algún hecho violento en su zona durante las elecciones del domingo, pues más de uno asegura que grupos de porros armados andan diciendo que un altísimo funcionario delegacional les pagó para armar camorra contra las planillas rivales.

Nadie quiere imaginar que se pudiera presentar alguna desgracia durante el proceso dominical del PRD, pues lejos de perjudicar al partido sería un grave problema para Mancera a diez días de su 2º Informe de Gobierno.

Eso sin contar que por ahí anda circulando una “tarjeta Monex” del PRD para la compra del voto, además de las despensas que se repartirán aprovechando el Programa de Abasto Popular.

Y como en esto de la política nadie cree en las coincidencias, más vale que el INE le vaya poniendo el ojo a estas cositas.

Por otro lado, que desfachatez de Marcelo, que se la pasó echado en la hamaca todo el año y siete días antes quiere hacer “campaña” por la dirigencia nacional del PRD, pero sólo en eventos moleros del DF y en lugares cerrados que con trabajos juntaron a 50 personas.

Bien dicen que Marcelito siempre ha sido flojito para pedir el voto; a él hay que tenerle la mesa puesta, si no ni se mueve.

CENTAVITOS… Otro que anda alborotado con la pretendida alianza opositora por el DF es el diputado Jorge Gaviño, presidente del Panal capitalino, pues si de verdad lo apoyan el PRI, el PAN y el Verde Ecologista, no tendría empacho en buscar la jefatura delegacional en Álvaro Obregón… Dicen que a nada de contraer matrimonio está un conductor televisivo que recién se confesó drogadicto y gay, lo cual no es extraordinario en esta ciudad de libertades. Lo de menos es esa unión gay, perfectamente legal en el DF, e incluso el chisme sería meramente de interés de la farándula, pero como el testigo de honor de esa boda sería un altisísimo político del Gobierno de la ciudad, el asunto toma un cariz de buen chisme.

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