Línea 12… ¿Y qué dice Bojórquez?

Fue él quien optó por el arrendamiento y no la compra de los trenes.

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Adrián Rueda 19/03/2014 00:23
Línea 12… ¿Y qué dice Bojórquez?

Las opiniones de los expertos apuntan a que el gran problema en la Línea 12 del Metro, además de su mal diseño, estuvo en la incompatibilidad de los trenes que se adquirieron con las vías de rodamiento que las constructoras entregaron al Gobierno del DF.

Si en realidad ese es el problema, a quien deberían apuntar las baterías es al ingeniero Francisco Bojórquez, quien como director del Sistema de Transporte Colectivo, con  Marcelo Ebrard, adjudicó a la empresa española CAF un contrato millonario de arrendamiento de los convoyes.

Y es que Bojórquez, actual activista de Morena con Andrés Manuel López Obrador y profesor del IPN en sus tiempos libres, fue quien optó por el arrendamiento y no la compra de los trenes, además de que recibió a satisfacción las unidades.

Si al final las cosas no salieron bien, quizá haya sido por el encono que públicamente sostenía con Enrique Horcasitas Manjarrez, director ejecutivo del Proyecto Metro, que coordinó la construcción de la Línea 12.

Ambos funcionarios, dependientes de Ebrard, no se podían ver y menos hablar, por lo que jamás se pusieron de acuerdo en los detalles para hacer que la obra supervisada por Horcasitas, coincidiera con la compra ordenada por Bojórquez.

Claro que eso no exime a Ebrard de responsabilidad alguna, pues ambos le reportaban y ninguno hacía nada que no le avalara el entonces jefe de Gobierno del DF, pero es raro que, hasta el momento, el exdirector del Metro no haya sido tocado.

Muchas son las preguntas que el ingeniero del IPN tendría que contestar, sobre todo por qué se inclinó por un arrendamiento de 15 años a CAF, a cambio de casi mil 600 millones de dólares, sin que hubiera licitación de por medio.

No es que la ley le impidiera adjudicar el millonario contrato a la empresa española o que el arrendamiento sea malo, sino que resulta sumamente sospechoso que no hiciera un concurso formal ante la magnitud de los montos… claro, por órdenes de su jefe.

Mientras llegan los dictámenes periciales que expliquen con exactitud qué es lo que en realidad aconteció, Bojórquez no ha de poder ni jugar beisbol —su deporte favorito, que incluso compartía con El Peje, antes del infarto del tabasqueño—, pues si quieren un “chivo expiatorio”, él está que ni pintado para el papel.

Lo peligroso para Ebrard es que si intentara culpar al exdirector del Metro, éste podría soltar lo que sabe sobre el asunto y salpicar a medio gabinete de la anterior administración perredista, incluyendo a su exjefe.

Y mientras las investigaciones toman su curso, en la Asamblea Legislativa los diputados de todas las fracciones hacen el ridículo al pelearse por la conformación de una comisión investigadora del caso, que en realidad no servirá para nada.

Los panistas lloraron hasta el final y amenazaron con no integrarse si no les daban la presidencia; su chantaje les redituó la vicepresidencia y ahí terminó el berrinche.

Aunque el verdadero ridículo lo hicieron —para variar— los perredistas que, en plena sesión, se desgreñaban por la integración de la citada comisión. Vidal Llerenas rogaba que lo incluyeran para defender a su jefe Marcelo; lo batearon porque ya estaban Adrián Michel y Roberto Candia.

Por su parte, la IDN vetó de plano a su colega Dione Anguiano, con quien traen pleito casado porque sienten que les puede ganar Iztapalapa. Otro que estuvo a punto de quedar fuera —¡otra vez!— fue Víctor Hugo Lobo, quien no asistió a la sesión; sus operadores lograron para él, aunque sea, la secretaría de la comisión investigadora.

Total, ni que esa comisión tuviera alguna importancia.

CENTAVITOS… Ante la debacle marcelista, los ratones se lanzan del barco; la semana pasada, Luis Rosendo Ramos, fallido aspirante a delegado en Cuajimalpa, se reunió con el diputado federal Luis Espinosa Cházaro para pedirle refugio. El extesorero de Ebrard ha de pensar que su patrón se podrá levantar de la lona y mejor se tiró a otros brazos.

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