El miedo no anda en Peje

Ayer reapareció y luce como si se hubiera ido de vacaciones.

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Adrián Rueda 07/01/2014 00:00
El miedo no anda en Peje

Por infarto o por simple conveniencia, el chiste es que Andrés Manuel López Obrador no pudo ser más oportuno para el gobierno de Enrique Peña Nieto en su temporal “baja” justo el día en que se aprobó la Reforma Energética, pues ésta pasó sin problema.

Ayer reapareció El Peje luego de un mes de infartado y, aunque escogió su mejor traje y el maquillaje adecuado para no verse demacrado, lo cierto es que luce como si se hubiera ido de vacaciones, no como si convaleciera de un ataque al corazón.

Quienes saben de medicina dicen que la intervención a que fue sometido el tabasqueño es muy cara, pero muy buena, y que quien sale de ese trance queda mejor que antes, pues es como si le hubieran hecho un ajuste al motor de un carro.

Pero no faltan los que piensan que López Obrador se enfermó a propósito para no enfrentar las consecuencias de lo que grupos radicales infiltrados en su movimiento querían hacer, amparados en las protestas, lo cual le hubiera costado carísimo ante la ciudadanía.

Que por eso prefirió infartarse antes que acabar como el principal responsable de actos violentos a gran escala que ya estaban listos, y que para nada sería difícil que se los achacaran, lo que acabaría políticamente con él.

Prefirió dejar pasar la reforma y reaparecer cuando ya todo ha pasado; ahora anuncia una gira light por todo el país para promover que la nueva ley sea echada abajo, cosa que por cierto ya no es posible.

Si el infartado hubiera sido un político del PRI, PAN o cualquier partido que no fuera de gracia, seguramente El Peje habría dicho: “Tengo información de que fulanito de tal no se infartó, sino que se escondió para no enfrentar su responsabilidad con el pueblo…”

Total, jamás le preocupa  probar sus dichos.

Pero considerando que sea cierto lo de su infarto —lo cual es muy probable—, habrá que estar pendientes si el tipo sigue viajando en autobuses de segunda y hospedándose en motelitos de media estrella, como dice.

Porque si de por sí jamás ha explicado cómo le hace para darse vida de jeque —lo mismo que toda su prole— sin que nadie de la familia trabaje, ahora que el líder patito de Morena, Martí Batres, dijo que ningún dirigente cobrará salario de ahí, pues cómo le hará El Mesías para mantener sus lujos o pagar el cuentón del hospital.

Como quiera, el hecho de que no haya estado cuando su movimiento más lo necesitó —por la razón que sea— le pega; si en verdad se infartó, igual le pega, pues entonces todo mundo dudaría que tenga ya la energía suficiente para ir más lejos.

Lo único que en realidad provocará con su —de nuevo— oportuna reaparición, es dividir más a la izquierda y a quienes protestan contra las reformas legislativas promovidas por Peña Nieto y aprobadas por el PRI, el PAN e incluso el PRD, como la Hacendaria.

Seguramente el más feliz con la reaparición del tabasqueño ha de ser el inquilino de Los Pinos.

CENTAVITOS… No se entiende muy bien cuál fue la estrategia del GDF con el repliegue del campamento de la CNTE en el Monumento a la Revolución, porque por un lado la ciudadanía lo tomó como la acción de autoridad del gobierno que tanto reclamaba para poner un alto a los maestros; por el otro el propio Miguel Ángel Mancera dice que se actuó con el consentimiento de los líderes del magisterio. No queda claro si —como se ha anunciado, en los días venideros llegan más maestros al DF— los dejarán que acampen de nuevo, porque al perecer eso es lo que pretenden… Y mientras los maestros amenazan con volver a paralizar la ciudad, los diputados del PRD capitalino afirman que su prioridad para este año es aprobar la legalización de la mariguana en el DF; de regular las marchas —por cierto— nada.

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