Cerrando heridas

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Jorge Fernández Menéndez 17/01/2013 01:25
Cerrando heridas

En cualquier otro país el que el Presidente de la República se reuniera con los coordinadores parlamentarios del Senado, en la sede de la Cámara alta, no sería nota. ¿Qué tendrían de interesante?

El hecho es que en México desde mediados de la administración Zedillo no se daban ese tipo de encuentros. Carlos Salinas tenía encuentros frecuentes con los distintos grupos parlamentaros y sobre todo con el del PAN que encabezaba entonces Diego Fernández de Cevallos, pero con el PRD tenían que ser confidenciales, porque la relación estaba seriamente deteriorada desde las elecciones de 1988. Al inicio del gobierno de Ernesto Zedillo, la crisis dificultó aún más las cosas, y el entonces presidente en la primera mitad de su mandato pudo sacar adelante algunas iniciativas, pero ni una sola de la reformas estructurales significativas (entre ellas la fiscal y la energética, congeladas desde entonces).

Vicente Fox desperdició en forma notable el bono democrático que había recibido, no le interesó ir al Congreso, construir acuerdos. Se reunió, por primera vez, con la bancada de legisladores priistas pasadas las elecciones intermedias de 2003. Felipe Calderón intentó, después de las elecciones de 2006, tener un acuerdo más amplio. Quería un gobierno de concertación y le ofreció sobre todo al PRI pero también al PRD, participar en él. En aquellos meses el PRI, vía Manlio Fabio Beltrones especificó que estaba dispuesto a sacar una agenda legislativa común, pero no a entrar en un gobierno de coalición. El PRD ni siquiera se lo planteó: el gobierno de Calderón era “ilegítimo” y López Obrador el presidente legítimo.

Hay que reconocer que en todo esto hubo falta de trabajo político de los mandatarios, pero también una actitud inaceptable de muchos legisladores. Desde 1988, los informes presidenciales, de todos los mandatarios, fueron insufribles para los actores y para los espectadores. Las acciones de violencia que se presentaron y que tuvieron sus puntos culminantes en el último informe de Vicente Fox y la toma de protesta de Felipe Calderón llegaron a poner en riesgo la propia seguridad de los presidentes y de otros legisladores.

El presiente Peña ha tenido el mérito, que no es menor, de haber sabido leer una coyuntura distinta en la percepción de la ciudadanía y en la actitud de los legisladores. El PAN venía saliendo del poder habiendo sufrido esa intransigencia legislativa y sabe de sus propios errores en la relación con los otros poderes y las otras instancias de gobierno. El PRD, consumada ya la división con Morena, sabe que la vía de la confrontación ya está agotada. Las condiciones para buscar diálogo y acuerdos estaban dadas y las ha aprovechado con mucha atingencia en la forma y en el fondo Peña Nieto. En ese sentido es importante la presentación de la propuesta de reforma energética que hizo Cuauhtémoc Cárdenas acompañado por Jesús Zambrano. No es un tema menor, primero, porque la propuesta es seria y viable; segundo, porque tiene puntos de acuerdo posibles; tercero, por la actitud propositiva y abierta a discutir alejándose, como lo ha planteado Cuauhtémoc desde mucho tiempo atrás, en éste y otros temas, de la radicalización vacía de López Obrador. Esta misma propuesta fue rechazada por López en 2006 y aceptada, sólo en la forma, en su campaña de 2012. Ahora es una propuesta oficial del PRD.

Y hablando de cerrar heridas y acabar con conflictos abiertos en el pasado. Durante dos semanas consecutivas se reunieron en un restaurante que está a espaldas del Senado de la República, Diego Fernández de Cevallos y el empresario Carlos Ahumada, quienes no habían tenido contacto desde el episodio de los videoescándalos en 2004 y sobre todo después de que Ahumada publicara su libro Derecho de Réplica. Se dedicaron a cerrar heridas e historias. El propio Ahumada había cerrado otro capítulo semanas atrás, cuando el gobierno de los Estados Unidos le regresó la visa de ese país con una carta en la que se lee, según el original, incluidos errores, “qué orgullo tenemos Carlos por su colaboración con nuestros esfuerzos y por lo que usted a hecho para Méjico y el mundo. Si fuera permisible, sé que el Embajador (Manuel Rocha) y yo (Roy Barquet) pidiéramos disculpas de nuestro país por un fallo tan serio en estos tramites de visa, un documento tan importante y representante de los valores de nuestro país. Acuérdese que como decimos mucho en EU, somos un país de leyes y no de hombres; la ley ha sido su respaldo y mejor testigo; los hombres, como siempre, débiles y demasiadamente incapaces… Bienvenido siempre a nuestro país, y disculpas por tan bochornoso tratamiento en tiempos pasados”. Las heridas, si hay voluntad, siempre pueden cerrarse.

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