La adicción a Facebook

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Los Mikos 14/08/2012 00:43
La adicción a Facebook

La nueva peor adicción de los humanos no es una sustancia o una bebida, ni siquiera una telenovela. La nueva peor adicción de los humanos es Facebook, el feis, como le dicen cariñosamente los humanos.

Es un sitio de internet que te permite hacer tu propio sitio; es decir, el espacio virtual donde te promocionas como persona, y, al mismo tiempo, te hace parte del perfil de los demás, en tanto tienes amistad con cada uno; lo cual integra la famosa red social. O sea, quién es amigo de quién.

Los humanos se pasan horas metidos en Facebook, enterándose de lo que cada humano quiere que sepas de él en ese momento.

Está desde el que quiere que sepas que cortó con esa novia, haciendo pública su soltería en Facebook, hasta el que es adicto a salvar perros en las calles y anuncia por enésima ocasión al espécimen que encontró la semana pasada.

Están los que le toman fotos a los platillos que se comen en algún restaurante hasta los que publican cuántos kilos bajan en una milagrosa dieta.

Están los que presumen sus logros profesionales y los que “buscan” trabajo en Facebook. Eso sí es muy gracioso, los que pasan el día en Facebook, “a ver si sale algo de chamba”.

Luego están los deprimidos, que publican fotos de hace diez años, cuando su vida era más interesante y eran menos gordos o menos pobres.

Otros postean chistes. Pasan todo el día pensando en un buen chiste que postear. Algunas veces lo consiguen.

Otros más postean siempre frases cursis acerca de la felicidad o el amor, o de las que pretenden levantar la autoestima. Esas siempre tienen de fondo una flor, un bebé o una playa con atardecer... no sabemos por qué.

Hay algunos que publican su ubicación si van al cine, al centro comercial o a comer a algún lugar.

Otros que todos sus posts son para denunciar el fraude electoral. Todos. No postean de otros temas ni de otras cosas.

O los que se vuelven jueces de la realidad y expresan sus análisis políticos o sociales como si el mundo estuviera esperando su opinión, y como si su opinión no fuera la de un ocioso que está todo el día en Facebook.

De los más graciosos o patéticos, según se vea, son los que publican fotos que ellos mismos se toman. Ponen su “mejor” cara y se toman fotos, alejando el celular lo más que pueden. Hacen unas poses muy chistosas.

Otra cosa muy divertida es comparar las fotos que cada humano publica con las fotos que postean los demás de esa misma persona... es como la diferencia entre las fotos de las hamburguesas y la cosa esa que te sirven en un fast food.

Los calvos se ven con pelo, los gordos se ven flacos, los morenos se ven más blancos, no, no, no, es tal la diferencia, que a veces parecen dos personas.

También están los que sólo publican en los comentarios de otra gente, y los que se dedican a ponerle “me gusta” a todo.

Incluso le ponen “me gusta” a lo que ellos mismos publican.

Eso es de lo más extraño. ¿No se supone que ese botón es para que los demás digan si les gusta o no? ...es obvio que a ti te gusta lo que escribes y que apruebas lo que piensas, ¿no?

Algunos, los menos, nunca postean nada, pero eso no significa que no estén fisgoneando a los demás para juzgarlos.

La cosa es que todo mundo está metidazo, chismeando en qué andan todos sus conocidos, amigos y familiares.

Y llama la atención que en el mundo virtual puedan ser tan abiertos y tan comunicativos cuando, en la realidad, si le preguntas a un humano cómo está, siempre dice “bien” y trata de simular que todo está bajo control.

O sea, en la realidad la gente comparte mucho menos de su persona que lo que comparte en Facebook.

Y quizá por eso es que es tan adictivo, porque finalmente puedes saber más de lo que cualquier persona te dice o te cuenta de ella misma, si te metes a su perfil y tienes acceso a su información y sus fotos.

Hoy en día los humanos socializan tanto virtualmente que cuando dos viejos amigos se encuentran en la calle ya no tienen mucho qué contarse, pues saben que aquél acaba de tener un hijo o se acaba de casar o incluso si su abuelo ha muerto. Saben a dónde fue de vacaciones o en dónde está trabajando.

Poco a poco están substituyendo las experiencias reales por las virtuales. Poco a poco se ven menos en la realidad, aunque todos los días vean sus fotos y actualizaciones en Facebook.

Es algo muy extraño, y hasta cierto punto muy perverso.

La realidad estaba diseñada de otro modo. Hay personas a las que nunca más deberías volver a encontrarte ni saber de ellos. Hay una razón para que todo sea así.

Y el maldito Facebook la vino a contradecir.

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