Las brujas de Zugarramurdi

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Lucero Solórzano 12/02/2014 00:00
Las brujas de Zugarramurdi

El domingo pasado se entregaron en España los premios Goya que otorga la Academia de Cine de ese país. El equivalente al Oscar de Hollywood, el Ariel en México, el César en Francia o el David de Donatello en Italia.

La mejor película fue Vivir es más fácil con los ojos cerrados, de David Trueba, una comedia que raya en lo simplón que tuve oportunidad de ver en la pasada edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Al terminar su proyección me pregunté si era una cinta con el nivel de un festival de esa categoría, y ahora resulta la mejor producción del cine español del pasado año. Si llega a nuestro país ya la comentaremos en el momento de su estreno.

Me llamó la atención este reconocimiento, pero todavía sorprende más que Las brujas de Zugarramurdi, dirigida y coescrita por Álex de la Iglesia, se haya llevado ocho premios Goya. Con un guión escrito al alimón con su colaborador de otras producciones, Jorge Guerricaechevarría, el director de Balada triste de trompeta, cuenta una historia muy en su estilo, que tiene un arranque por demás atractivo y bien logrado, pero que a partir de la mitad se le va de las manos. Las brujas de Zugarramurdi es el ejemplo clásico de una película que empieza muy arriba, con una secuencia de impacto, y va bajando sin poder nunca recuperar el ritmo.

Guerricaechevarría ha sido el autor de guiones muy logrados como Perdita Durango, El día de la bestia, Carne trémula, La comunidad, Los crímenes de Oxford, algunas dirigidas por De la Iglesia. En mi opinión su argumento más logrado es Crimen Ferpecto, en la que logra mezclar el humor negro y hasta macabro que tan bien se le puede dar en la dirección a Álex de la Iglesia.

No es el caso de Las brujas de Zugarramurdi que además se inicia con una secuencia muy bien hecha filmada en plena Puerta del Sol, en la que se ubica el kilómetro cero de todos los caminos que entran y salen de Madrid. En medio de la multitud que abarrota el centro cultural, comercial y social de España, se realiza un robo a una casa de empeños. Los participantes son hombres disfrazados y con botargas; encabezados por José-“Jesucristo”, Antonio-un “soldado”, “Bob Esponja”, “Mimi”, el “hombre invisible”, y Sergio, el precoz hijo de ocho años del líder del grupo.

Estos “parados” convertidos en improvisados ladrones entran al establecimiento armados y nerviosos. Se llevan una gran bolsa con cientos de argollas de matrimonio empeñadas, y se embarcan en una huida desquiciada a bordo de un taxi y con la policía pisándoles los talones hasta que salen de Madrid. A la persecución se suma la neurótica madre de Sergio que está separada del padre y dos policías; todo el grupo llega a Zugarramurdi, un pueblo maldito en el que se cuenta que hay brujas. Interpretada por Hugo Silva, Mario Casas, Carmen Maura, Enrique Villén, Terele Pávez y un travestido Santiago Segura, entre los rostros más conocidos, Las brujas de Zugarramurdi toma como base la leyenda de 40 brujas que en 1610 fueron procesadas, muriendo en la hoguera 12 de ellas a manos de la Inquisición española.

La buena película que la primera parte de esta cinta de De la Iglesia nos hace esperar, se desvanece precisamente cuando llegan al pueblo de Zugarramurdi. Entre lo previsible del guión de Guerricaechevarría, la desorientada dirección de De la Iglesia, y la pifia de los efectos especiales, se va perdiendo el excelente ritmo del arranque que se desdibuja entre diálogos sosos, situaciones alargadas innecesariamente como la del inmenso comedor donde se organiza el aquelarre, y “pastosos” efectos que parecen hechos por un equipo de estudiantes de cine.

Con Balada triste de trompeta y ahora Las brujas de Zugarramurdi que deja mucho que desear, parece que uno de los directores consentidos del público español no encuentra la brújula desde hace ya un buen rato.

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