Afirma Peña que toca al gobierno aplicar reformas

Depende de los funcionarios la eficacia de los cambios, asegura el Presidente. Afirma que habrá respeto irrestricto a los derechos humanos

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12/07/2014 05:19 Georgina Olson

CIUDAD DE MÉXICO, 12 de julio.- Lograr una aplicación eficaz de las reformas, que sea respetuosa de los derechos humanos, será responsabilidad de los funcionarios de gobierno, dijo el presidente Enrique Peña Nieto en Los Pinos, al encabezar de manera anticipada el Día del Abogado.

El mandatario federal
subrayó que dio inicio el ciclo más importante de las reformas estructurales: la instrumentación.

Recae en las dependencias y los servidores públicos —del gobierno— lograr una adecuada implementación de las reformas, cuidando en todo momento el respeto irrestricto a los derechos humanos”, expresó.

Planteó que en el proceso también participan los agentes económicos privados y los ciudadanos que “adecuan su propia actuación para aprovechar las nuevas oportunidades que habrán de generarse” a partir de la aplicación de las reformas.

Desde el inicio de la administración, expuso Peña Nieto, se decidió renovar el andamiaje legal del país, como medio para lograr un mayor crecimiento económico.

El mandatario federal resaltó que en ese propósito la experiencia, especialización y asesoría de los abogados facilitarán que empresas e individuos capitalicen ampliamente los beneficios de las reformas transformadoras.

Apuntó que la aportación de los abogados de México será esencial en la aplicación de las reformas que tienen impacto directo y positivo en el sistema jurídico procesal.

Peña Nieto confió en que la capacidad profesional de los abogados de México estará a la altura de los retos y de cualquier desafío, derivado de la amplia agenda de reformas que se llevan a cabo.

Planteó que al reconocer derechos y libertades, al establecer límites e incentivos, las leyes constituyen un poderoso vehículo para impulsar el desarrollo económico y, sobre todo, la transformación de una sociedad.

Destacó que por ello México ha emprendido un importante ciclo reformador del andamiaje jurídico e institucional de manera corresponsable con los poderes Legislativo y Judicial.

Al Presidente, quien es abogado de profesión, se le entregó una efigie del expresidente Adolfo López Mateos.

En su oportunidad, el secretario del trabajo, Alfonso Navarrete Prida, dijo que cada año 800 mil jóvenes entran al mercado de trabajo, pero sólo se crean 400 mil empleos, por esa razón era urgente llevar a cabo reformas como la Educativa, la Energética y de Telecomunicaciones para generar los empleos que requiere el país.

Otra situación que debe corregirse por medio de un mayor crecimiento económico, es que seis de cada diez mexicanos tiene un empleo informal sin prestaciones ni seguridad social.

Estamos desa-lentando la esperanza de un joven, sobre todo, en escuelas públicas en el que el Estado mexicano le invirtió dinero, confió en él, lo formó durante cuatro o cinco años, para terminar en un historia de frustración, de desempleo y de falta de equidad”, reflexionó.

Calificó como una “revolución la que se plantea al inicio de este sexenio y donde los partidos políticos jugaron un papel fundamental”, refiriéndose a la aprobación de las reformas estructurales.

Tales reformas, confió, le permitirán al país crecer a tasas del 5% del PIB anual durante al menos dos décadas continuas, lo cual permitirá generar esos 800 mil empleos anuales que necesita el país.

En el acto participaron los secretarios de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade; de Energía, Pedro Joaquín Coldwell; de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, entre otros. También asistió la ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación Margarita Luna Ramos, el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam.

Allí estuvo también José Elías Romero Apis, presidente del Comité Ejecutivo Nacional de la Federación Nacional de Abogados al Servicio de México, quien habló de que se ha llevado a cabo una serie de reformas que obedecen a las necesidades del país y no a un capricho del Presidente.

El Presidente se ha aplicado al cambio por la vía de la ley y no por el atajo de su gusto o de su capricho. Su propuesta de cambio no es personal y efímera, sino transtemporal, y eso sólo se logra con la ley y por la ley. Las reformas de la ley son el tema preeminente del gobierno mexicano”, afirmó.

Consideró que las reformas aprobadas ya han pasado por el camino que “siguen los gobernantes comprometidos con el republicanismo, con la democracia y con la libertad”.

 

José Elías Romero Apis pronunció en Los Pinos, ante el Presidente de la República, el discurso con motivo del Día del Abogado. Foto: Mateo Reyes

 

Justicia y libertad

Por José Elías Romero Apis *

Señor Presidente de la República; compañeros abogados; amigos todos:

Tengo el privilegio de hablar con la venia del Consejo Rector que preside Luis Maldonado Venegas y que integran muy respetables organizaciones.

Los abogados mexicanos saludamos esta reunión con el presidente Enrique Peña Nieto. Nos une la profesión, nos une el ideal de justicia pero, por encima de ello, nos une México, que es más que todo y más que todos.

Es muy importante su presencia, señor Presidente, porque éste no se trata de un acontecimiento protocolario, sino de un asunto de la mayor importancia para la nación.

Es muy justificado saludar una de las características distintivas del actual gobierno. Me refiero a su voluntad de legalidad. El Presidente se ha aplicado al cambio por la vía de la ley y no por el atajo de su gusto o de su capricho. Su propuesta de cambio no es personal y efímera sino transtemporal y eso sólo se logra con la ley y por la ley. Las reformas de la ley son el tema preeminente del gobierno mexicano.

La Reforma Política, la Energética, la Educativa, la Financiera, la Fiscal, la Laboral, la de Telecomunicaciones, la Procesal y muchas otras han transitado o habrán de transitar por el camino de los gobernantes comprometidos con el republicanismo, con la democracia y con la libertad. Es decir, el camino del consenso de posiciones, convertido en voluntad de mayoría y culminado en razón de Estado.

Cuando el poder y la justicia se encuentran en el mismo destino es, ya de suyo, reconfortante y estimulante para la salud de México. Porque a lo largo del devenir nacional hemos vivido tiempos difíciles donde los gobernantes y los gobernados no aplican su plena voluntad en favor del Estado de derecho.

Hay quienes dicen que el gobernante ejerce un poder que proviene de las atribuciones que le confiere la ley. Es decir, que el poder político proviene de la potestad jurídica. Por el contrario, hay quienes afirman que la fuerza efectiva de una ley proviene de la voluntad aplicativa que le imprime el gobernante. Es decir, que la vigencia jurídica proviene de la regencia política.

Pero, en la vida real y no en la teórica, el poder requiere de la ley para ser aceptado y la ley requiere del poder para ser aplicada. Por eso hemos visto, con preocupación, regiones mexicanas donde el poder político se desbarata, se subyuga o se entrega a la no aplicación de la ley. En buena hora que el gobierno de la República ha desplegado iniciativas y realizado acciones.

Pero, por otra parte, tengamos las suficientes dosis de realismo. Ni todo es culpa de los gobiernos ni todo es responsabilidad de ellos. Porque un análisis más profundo nos previene y nos advierte sobre un posible embeleco colectivo. Si lo decimos con claridad, en verdad, ¿todos los gobernados quieren que nuestros gobiernos apliquen las leyes? ¿Todos los gobernantes quieren legalidad, honestidad y justicia? ¿Todos los mexicanos, de verdad, quieren castigo para el infractor? No creo que podamos estar seguros de ello.

Por eso, la agenda del porvenir es grande. Es compleja y no siempre es grata. Implica buenas leyes, ejecutores de las mismas, presupuestos suficientes, instituciones eficientes, coordinación entre potestades, honestidades y lealtades, cultura de legalidad y, por si fuera poco, gobernados obedientes de la ley y no sólo gobernantes sometidos a ella.

Señor Presidente:

Lo escuchamos en su discurso de campaña. Lo hemos escuchado en su discurso de gobierno. Incluso, lo hemos escuchado en su discurso de academia, que la libertad y la autoridad son uno de los mayores desafíos de nuestro futuro. Lo hemos creído, lo creemos y lo creeremos siempre. Lo ha dicho con inteligencia, con valentía, con oportunidad y con patriotismo. Con la visión y la videncia del verdadero estadista.

En efecto, las dos peores derrotas a las que puede enfrentarse un sistema político contemporáneo son el fracaso de su autoridad y el fracaso de su libertad. El triunfo de ambas no es sencillo sino complejo. En muchas ocasiones, el triunfo de la autoridad se paga con cargo a la libertad así como, en muchos eventos, la victoria de la libertad se paga con cargo a la autoridad.

¿El orden proviene de la autoridad o la autoridad proviene del orden? Esto no es un enigma académico. De ello depende mucho de nuestro programa gubernamental, nuestro programa político y  nuestro programa histórico.

Lo primero es el pensamiento de casi todos los pueblos occidentales modernos. Estados Unidos, Canadá y casi toda Europa han instalado su autoridad a partir de la previa presencia del orden, así como en Italia y en América Latina, con frecuencia hay poca autoridad porque hay poco orden.

Por el contrario, lo segundo es el pensamiento de casi todos los pueblos orientales contemporáneos. Desde Rusia hasta Japón, pasando por China, India y los países árabes, piensan que sólo con una recia autoridad se puede instalar un orden confiable y duradero.

Los pueblos que no aciertan en la resolución de este enigma se confunden y se extravían, viviendo largas épocas de mucha autoridad y poca libertad así como otras de mucha libertad y poca autoridad.

Qué bueno que todos trabajemos para evitar la gran catástrofe de no haber consolidado la plena potestad de nuestra autoridad, al mismo tiempo de no haber entronizado el adecuado uso de nuestra libertad.

En buena hora por esta conjunción de los que, como usted y su gobierno, creemos y deseamos el bien superior de México. Durante más de una década, esta confirmación anual de nuestros votos profesionales se realizó sin la presencia testimonial del jefe del Estado mexicano. Transitoriamente triunfaron las intrigas cortesanas y palaciegas en el sentido de que la abogacía era un gremio que criticaba todo y que no construía nada. Sin embargo, nunca dejamos de reunirnos con la convocatoria de Luis Maldonado Venegas y de todos aquellos que creemos que la abogacía no es el asiento de un empleo sino la trinchera de un servicio.

El Comité Rector habrá de tributar reconocimiento a los méritos de abogados, instituciones y ciudadanos que han contribuido a la justicia. Juzgadores como Luis Miranda Cardoso y Mariano Azuela. Directivos universitarios y académicos como Luis Raúl González Pérez, José Antonio Lozano, Juan Pablo Piña, Rafael del Castillo, Gerardo Laveaga, Diego Valadés, Héctor Fix, Leonel Pereznieto y Rodolfo Cruz. Dirigentes políticos como Gustavo Madero, César Camacho y Jesús Zambrano. Activistas y defensores sociales como María Elena Morera y Jesús Orozco. Funcionarios como Javier Láynez, Guillermo Jiménez Morales, Elvia Leonor Cárdenas, María de los Ángeles Fromow, Renato Sales y Mauricio Farah. Estudiantes distinguidos como Sofía Treviño. Instituciones como la Academia Mexicana de Derecho Internacional, la Procuraduría General de Justicia Militar y la Fundación Miguel Alemán. Y nuestros precursores fundadores hoy ausentes, Federico Bracamontes y Pedro Ojeda Paullada.

Estamos aquí con usted, señor Presidente, porque estamos juntos luchando por la conquista de una justicia que no se tuerce, que no se cansa, que no se asusta, que no se equivoca, que no se arrodilla y que no se vende.

* Discurso pronunciado en representación del Consejo Rector del Día del Abogado, en su calidad  de presidente de la Federación Nacional de Abogados al Servicio de México

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