“Ya olvidaron cómo ser padres e hijos”

La Commonwealth Catholic Charities atiende a menores que llegan a EU y que han estado separados de sus progenitores de cuatro a diez años; la nueva generación de migrantes busca el Estatus de Protección Temporal

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04/07/2014 05:44 Georgina Olson
Los menores que tratan de cruzar a EU en busca de sus padres fueron dejados con familiares que no querían hacerse cargo de ellos, indican activistas.

CIUDAD DE MÉXICO, 4 de julio.- La violencia y la falta de empleo en Centroamérica no es un asunto nuevo. Muchos de los niños que están emigrando a Estados Unidos van en busca de sus padres que huyeron de situaciones similares y que en la década de los noventa o al inicio de este siglo recibieron el Estatus de Protección Temporal del gobierno estadunidense.

El reto es volver a ser una familia; después de años separados, olvidaron cómo ser padres e hijos.

“En los casos que he entrevistado, las familias han estado separadas mínimo cuatro años, pero en muchos casos llevan ocho, diez o más separados”, dijo a Excélsior Vivian Sánchez-Jones, quien trabaja con los menores desde hace diez años en la ciudad de Roanoke, Virginia.

Vivian es el enlace entre las escuelas y la comunidad hispana, y trabaja con los Servicios para Refugiados e Inmigrantes de la Commonwealth Catholic Charities.

Los menores que están llegando a EU son niños a los que sus padres dejaron con sus abuelos, pero muchos otros fueron a dar con familiares lejanos que no querían hacerse cargo de ellos.

“Estuvieron con una tía o un tío, han ido de hogar en hogar, se han criado en hogares donde no les han dado disciplina, amor, no les han dado las herramientas para sobrevivir, para ser una persona de valor”, explicó la entrevistada.

Cuando llegan a Estados Unidos sus padres no saben cómo tratarlos. “Le digo a los padres que se den el tiempo de conocer a sus hijos, porque el trabajo es importante, pero también es importante que los hagan sentir bienvenidos ahora que llegaron de Centroamérica”.

Cuando entrevista a un pequeño que acaba de integrarse con su familia y va a entrar a la escuela, le pregunta por qué salió de su país.

“Tengo muchos que han venido porque se sienten amenazados por las Maras, pero otros salen por haber sufrido abusos sexuales por parte de las familias con las que los dejaron sus padres. Han sufrido maltrato, eso es lo que me dicen”, comentó.

La diáspora anterior

En 2008 El Salvador tenía una población de seis millones 122 mil habitantes (de acuerdo a cifras de su gobierno), y en Estados Unidos vivían un millón 591 mil salvadoreños: uno de cada cinco salvadoreños vivían en la Unión Americana.

La migración salvadoreña empezó en la década de los setenta y ochenta del siglo pasado, huían de la guerra civil. Después, entre 1990 y 1992, el gobierno de EU le dio a 200 mil salvadoreños el Estatus de Protección Temporal, una figura legal creada en 1990, y así siguieron llegando.

En el caso de los hondureños, pudieron solicitar el Estatus de Protección Temporal en EU desde 1999, pero habían empezado a emigrar desde inicios de los noventa, también por una guerra civil. En 1998 emigraron a causa de los estragos del huracán Mitch, y volvió a haber un flujo masivo en 2005 por la violencia de las pandillas y el desempleo.

En los últimos meses Sánchez-Jones ha registrado a 32 menores de edad en el programa de asistencia. Su labor es financiada por las escuelas de la ciudad de Roanoke y considera que se necesita ese apoyo en muchas ciudades de EU.

“A muchos de los muchachos con los que trabajo les ha costado adaptarse otra vez a sus padres, en muchos casos los padres ya tienen otras familias cuando los hijos llegan aquí y es una situación difícil”, explicó.

Su labor consiste en darles orientación acerca de cómo es el sistema escolar y la vida en Estados Unidos, y también incluye en sus pláticas consejos de cómo volver a integrarse como familia.

Muchos se preguntan ¿quién realizaría un viaje atravesando Guatemala y México sin papeles, en el que se puede perder una pierna al caer del tren, ser secuestrado o traficado por criminales?

La respuesta que Vivian Sánchez-Jones ha escuchado una y otra vez de boca de los menores centroamericanos es: “¿Qué puede pasarme que no me haya sucedido ya?”.

Ellos prefieren correr el riesgo de cruzar que quedarse allá, “porque si les pasa algo cruzando, al menos lo intentaron” explica.

La mayoría de los niños centroamericanos llegan con un nivel académico muy bajo: “Fueron a escuelas ineficientes, y llegan ya grandes y apenas cursaron hasta quinto de primaria, y hay que inscribirlos en noveno grado” por su edad, dijo Sánchez-Jones.

Cuando tienen problemas en la escuela, los padres se desesperan y les dicen que mejor empiecen a trabajar.

En esa situación, Vivian trata de convencerlos de la importancia de la educación de sus hijos. “Muchos padres aceptan ese mensaje, pero otros piensan que si ellos han sobrevivido sin educación, ¿por qué sus niños tendrían que ir a la escuela?”, explicó.

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