Niños migrantes padecen abusos de las autoridades

Adecuarán base militar para refugiar a menores que cruzan ilegalmente; se enfrentan a patrulleros e inspectores

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23/06/2014 05:44 Manuel Ocaño/ Especial
Los menores, al ser llevados con las autoridades, tienen la posibilidad de contactar, vía telefónica, a sus familiares.

CIUDAD DE MÉXICO, 23 de junio.- Brayan salió de Tegucigalpa en busca de un trabajo que le permita ayudar a su mamá y a su hermana de 12 años, cruzó fronteras, evadió retenes y peligros, agotó todos sus recursos al llegar al Distrito Federal y ahora, 35 días después de despedirse de los suyos, se encuentra en Tijuana, listo para andar el último tramo que le permita llegar a California.

“Sí, algo he oído de eso”, dice el joven de 15 años al platicar con Excélsior sobre los planes del gobierno estadunidense de convertir parte de una base militar, en California, en centro de detenciones para menores indocumentados centroamericanos. “Yo voy a seguir con la fe que he tenido desde que salí. Cuando uno está en Estados (Unidos) se tiene que portar muy bien, para que nada le pase.”

Brayan nunca había salido de Tegucigalpa. Tampoco tiene certidumbre a dónde irá si cruza la frontera. No tiene familiares ni conoce a nadie en Estados Unidos, pero asegura que no puede ser más peligroso que vivir en la capital hondureña.

En su camino de Honduras a Baja California pasó días sin comer y enfrentó riesgos, algo que considera cotidiano en su país.

A los niños centroamericanos los detienen los mismos patrulleros fronterizos e inspectores de garitas, que en los últimos meses han sido señalados de ocasionar muertes y fabricar justificaciones, de atender a menos del 3% de quejas y denuncias sobre abusos, y de nunca haber sancionado a un solo oficial pese a evidencias, incluso, de tortura.

Los niños son transportados por personal militar, pero de acuerdo con el teniente coronel Tom Crosson, por lo menos la sección de la base militar a adecuarse como centro de detenciones será administrada el Departamento Federal de Salud.

La decisión de que el personal de Salud se encargue de los menores se tomó luego de que centros para niños indocumentados en bases bélicas en Texas, Oklahoma y Arizona dejaron que la prensa se encontrara con tipos de jaulas de tela de alambre techadas, similares a las que se usan en granjas y centros de adopción de mascotas.

A su vez, una coalición, que incluye a la Unión de Libertades Civiles Estadunidenses (ACLU, por sus siglas en inglés), acusó la semana pasada a las autoridades fronterizas de cometer “sistemáticos abusos a niños detenidos al cruzar sin compañía de adultos”.

La denuncia incluye 116 casos de menores de entre meses de nacidos y 17 años, que fueron víctimas de golpes, agresión verbal y racista, fueron obligados a permanecer en posiciones incómodas o despertados cada media hora cuando intentaban dormir, incluso algunas niñas fueron tocadas inapropiadamente.

La ACLU indicó que la denuncia podría representar una muestra de miles de otros casos desde hace tiempo, pues “no es nada nuevo el abuso de la patrulla fronteriza a niños indocumentados.

“Ahora que tantos niños cruzan la frontera no hay momento más urgente que éste para proteger a los más vulnerables.”

La mayoría de niños centroamericanos detenidos en la frontera huye de la violencia en sus países y cruza con la intención de pedir asilo, dijo Uriel González, administrador de la Casa para Menores Migrantes YMCA, de Tijuana.

“Al solicitar la condición de refugiados, los menores tienen que pasar por un sistema de inserción, de atención a la infancia, que corresponde a gobiernos locales —condados y ciudades—, que se están viendo rebasados por este tipo de solicitudes, y ahora el presidente Obama anuncia más de 9.6 millones de dólares para que los niños ya no sean entregados a los gobiernos locales, sino llevados a bases militares”, mientras se procesan sus solicitudes de asilo, dijo González.

Por su parte, el administrador de un refugio para migrantes en la zona roja de Tijuana dijo, a condición de anonimato, que “lo que están haciendo (las autoridades migratorias estadundienses) es mandar un menaje a esos países centroamericanos de que los niños que vengan serán víctimas de maltratos y enviados a cárceles en bases militares”.

El otro esfuerzo para evitar que los niños lleguen a la frontera lo realizó el vicepresidente Joe Biden al reunirse con presidentes y funcionarios de la región, para dialogar sobre responsabilidades compartidas en la crisis humanitaria por este fenómeno.

A su vez, una abogada especialista en casos de migración, en San Diego, dijo que los esfuerzos por desalentar la llegada de niños, con noticias de maltrato y encierro, y de persuadir a los gobiernos en la región para detener el flujo de menores antes de que alcancen la frontera, tratarían de prevenir complicaciones legales para el gobierno de Estados Unidos.

Por un lado, las autoridades deben escuchar por lo menos los argumentos de cada solicitante de refugio político, y ahí los menores enfrentarían la necesidad de demostrar que corren peligro.

Por otra parte, “Estados Unidos no puede deportar a los niños si su país de origen se niega a recibirlos”, dijo la experta.

Los consulados centroamericanos también quedan en posición incómoda. Ayudar a los menores legalmente implicaría reconocer índices de violencia que afectan a los pueblos de esa región, y, encima, de acuerdo con el cónsul de El Salvador en Los Ángeles, Julio Calderón, quien ha intentado apoyar a menores, muchos se niegan a proporcionar sus verdaderos nombres porque piensan que estarán en problemas.

Chiapas, punto de espera de la bestia. Dejó a su familia por ir a estudiar

Astrid Maribel López, de 17 años, ha caminado cinco días por caminos de extravíos. Mientras conversa con Excélsior está a la espera de La Bestia, en Arriaga. Decidió dejar a sus padres y hermanos para ir a encontrar a su tío en Los Ángeles, Estados Unidos, “quiero seguir estudiando mi carrera de enfermera”, afirma.

“Sólo en mi país pude viajar en bus, al ingresar a México tuvimos que caminar cinco días y en este momento mi prioridad es subir al tren”. Astrid llegó a la cabecera municipal de Arriaga desde temprana hora, luego de caminar por veredas con un grupo de guatemaltecos.

“Quiero seguir estudiando, por eso dejé a mi familia. Quiero ser enfermera y con ello ayudar a mis hermanos.

“En Guatemala no pude terminar mis estudios, pues no cuento con posibilidades económicas. Busqué un trabajo, pero no hallé uno que me permitiera trabajar y estudiar.”

Arriaga se ha vuelto el punto de espera de La Bestia, donde llegan centenares de migrantes con grupos de niños. Algunos acompañados por sus padres y la gran mayoría solos; provienen de Guatemala, El Salvador y Honduras, principalmente.

Astrid sólo cuenta con unos centavos para comer, carga una mochila donde lleva unas prendas y unos zapatos. “Es para que no pese”, dijo.

“En mi país no hay futuro. Prefiero ir al encuentro con mi tío que quedarme en Masatenango a trabajar en algo que sólo me permitirá sobrevivir.

“Mis padres se dedican al campo, y en temporada de café cruzaban a México como jornaleros, pero el dinero no rinde en Guatemala. Tuve que dejar de estudiar, porque mi padre y mi madre ya no pueden trabajar.”

Astrid toma un teléfono y pide: “Quiero hablar con mi abuela... Me encuentro en México… Voy a ver a mi tío a Los Ángeles... No voy a regresar… Estoy esperando el tren, no llega todavía. Ahí me voy a ir”, acotó.

Mientras tanto, los hoteles de baja categoría de Arriaga sirven para refugio de migrantes. Uno de ellos, ubicado en las cercanías de las vías del tren, además de cobrar 50 pesos diarios a cada uno, les prohíbe hablar.

En un cuarto de tres por dos metros, con puertas improvisadas, se observa a niños, niñas, adolescentes y personas mayores que duermen en una sola cama.

Al recorrer el lugar, una persona está al acecho. Ataja la presencia de desconocidos y advierte que las personas en el hotel no hablarán con nadie.

Coyotes utilizan autobuses

El cónsul de El Salvador, José Antonio Domínguez, con jurisdicción en Arriaga y Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, y Tapanatepec, Oaxaca, afirma que en el cruce de la frontera los menores se exponen a todo, sin embargo, al llegar a México supuestos coyotes los trasladan en autobuses para engañar a la autoridad.

Dijo que para evitar el flujo migratorio, en El Salvador realizan acciones con la Iglesia católica y organismos civiles, para evitar la migración en zonas donde impera la inseguridad.

En Sonora proponen repatriación

Investigadora exige se garantice la aplicación de los derechos universales de la niñez.

Un acuerdo multilateral para que las autoridades migratorias no hagan diferenciación entre menores repatriados de origen mexicano y centroamericanos a la hora de encaminarlos a sus hogares, propuso una investigadora del Colegio de Sonora (Colson).

Gloria Ciria Valdéz-Gardea, doctora en Antropología Cultural e Investigadora del Centro de Estudios de América del Norte, del Colson, ha recorrido los albergues del programa Casa del Menor Migrante que el Sistema DIF Sonora mantiene en las ciudades fronterizas de Nogales, San Luis Río Colorado y Agua Prieta, entrevistando a cerca de 100 menores de edad en espera de ser repatriados.

“No debería haber diferenciación si el menor migrante es de Centroamérica o mexicano; yo pienso que debería de existir, precisamente por ser nuestro estado (Sonora) un punto crucial en el fenómeno de la migración internacional, un acuerdo multilateral en relación al seguimiento que se les va a dar a los menores, independientemente de su nacionalidad.

“Aquí no estamos peleando si es de Ecuador, de El Salvador, de Guatemala, Honduras, Oaxaca, Guerrero o Chiapas cuando estamos hablando de la niñez y de menores de edad. Los derechos de la infancia son universales, son los que deberían de regir las políticas públicas”, explicó.

Valdéz-Gardea recordó que desde 2006 el Colson inició investigaciones sistemáticas en torno a los menores migrantes que viajan sin compañía, debido a que el cruce de indocumentados se ha redirigido al estado de Sonora por su condición geográfica, a raíz del endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos.

“La mayoría de los menores viene desde Centroamérica y viene afrontando riesgos y violencia acumulativa por estar pasando tantas fronteras, primero la de México con Centroamérica y luego la de México con Estados Unidos. Estamos hablando de que hasta la fecha no se han reforzado las políticas migratorias para salvaguardar los derechos de la niñez, además que en el proceso de repatriación se desconoce si los estamos regresando a situaciones de violencia o maltrato”, indicó.

En Sonora por riesgo, el cruce cuesta 3 mil dólares

Alrededor de mil menores de edad centroamericanos y nacionales cruzan a diario la frontera entre Sonora y Arizona, sin embargo, no están en albergues, comedores o cerca de la línea internacional,  “los trae la maña”, afirman habitantes y los esconden bien porque representan dinero: hasta tres mil dólares cada uno.

Uno es Denis, de 12 años, quien salió de Honduras para reunirse con familiares que trabajan en cultivos de hortaliza en California, Estados Unidos.

Comenzó su viaje junto con su tío, pero en el camino tuvieron que separarse.

“Hace cinco días llegó aquí (Altar, Sonora), lo encontramos muy desnutrido; siempre viste de negro (el más común para camuflarse en las noches); le insistimos que regrese a casa, le ofrecimos pagar el boleto y darle para sus gastos, pero dice que prefiere morir en la frontera que de hambre o asesinado en su pueblo”, narró una trabajadora social que habló con él.

El 19 de junio Denis no llegó al albergue. Según sus compañeros emprendió la caminata de 32 kilómetros, a 45 grados de calor, entre Altar y Caborca, para abordar un tren y llegar a Mexicali, Baja California, y cruzar hacia Estados Unidos.

El niño de 12 años portaba un celular con lada de Chiapas, el cual utiliza de forma muy cautelosa, no responde a cualquiera, pues a raíz de la polémica generada por la emergencia humanitaria de miles de menores retenidos por la Patrulla Fronteriza, ahora los grupos criminales son muchos más cautos.

“Para ellos (coyotes) los niños representan lana (dinero) y con todo lo que ha salido a relucir, aumentó su valor, hasta tres mil dólares por cada menor entregado a sus familias en Estados Unidos; cruzan a muchos en grupos de 15 y ahora no van por el desierto sino por lugares más seguros, como las zonas conurbadas de Nogales, Agua Prieta y San Luis Río Colorado, donde el muro fronterizo está más tecnificado y vigilado, así que seguramente cuentan con el apoyo de autoridades.

“Si en el trayecto pierden alguno, porque se enfermó o se separó, lo dejan, el resto significa ganancia y de lo perdido lo encontrado; no se van arriesgar por tres o nueve mil dólares a perder 35 mil”, explicó una persona dedicada al cruce de personas.

El pasado viernes, al albergue Camino a Casa, que administra el Sistema DIF Sonora, llegaron más de 23 menores de edad que esperan ser repatriados, entre éstos José y Diego, dos niños de Guatemala; ambos fueron rescatados antes de llegar a Estados Unidos.

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