Innovación, el gran reto para el país

México es la decimocuarta economía del mundo, pese a que sólo aporta el 1% de la investigación científica, superado por Perú, Ecuador y Costa Rica

COMPARTIR 
11/05/2014 05:39 Juan Asbun*/Especial
En la imagen,  Jóvenes regiomontanos de entre 12 y 17 años con conocimientos en robótica realizaron una demos-tración en las instalaciones del museo horno 3 con el robot que participó en el torneo
En la imagen, Jóvenes regiomontanos de entre 12 y 17 años con conocimientos en robótica realizaron una demos-tración en las instalaciones del museo horno 3 con el robot que participó en el torneo "First Robotic Competition" en Estados Unidos. Foto: Archivo/Cuartoscuro

CIUDAD DE MÉXICO, 11 de mayo.- La investigación en México ha tenido una evolución lenta de 1935 (cuando se crea el Consejo Nacional de la Educación Superior) hasta nuestros días.

Los indicadores que ponen en evidencia el retraso de México en materia de innovación son diversos: el país genera menos del 1 por ciento de la producción científica internacional, aunque sea la decimocuarta economía del mundo; en materia de impacto relativo es superado por economías como Perú, Ecuador y Costa Rica. La investigación realizada en México tiene un impacto relativo de 0.72, mientras que la realizada en esos países alcanza, respectivamente, 1.04, 0.98 y 1.25.

Por otro lado, la investigación mexicana en la salud es aún más pobre: el área de medicina representó en 2011 sólo el 11 por ciento de la producción científica nacional y el impacto quinquenal (2007-2011) fue de sólo 4.5. La astrofísica, con 8 puntos, fue la disciplina cuyas actividades de investigación tuvieron más impacto en México, seguida de la microbiología y la biología molecular, cada una con 6 puntos (datos el Institute for Scientific Information, 2012).

¿A qué se debe que el país tenga estos bajos indicadores en materia de investigación, a pesar de encontrarse en un ciclo generalizado de crecimiento económico y desarrollo? A esta pregunta no hay, desde luego, una respuesta unívoca. La solución de los grandes retos en el área no depende de un sólo protagonista, pero sí existen claras oportunidades de mejoría en temas específicos que, de alcanzarse, podrían impulsar no sólo la cantidad de investigación que se realiza en México sino la calidad de la misma. El fin último, y más importante, es el impacto en el bienestar de los mexicanos y la competitividad del país.

Enumeremos algunas de las oportunidades de mejora identificadas actualmente:

No se destina el presupuesto suficiente: es la primera razón que viene a la mente en las discusiones sobre los bajos niveles de investigación e innovación en México. Y no falta motivo para ello: en el país el gasto en ciencia y tecnología alcanzó en 2011 el 0.77 por ciento del Producto Interno Bruto, del cual el 42.8 por ciento proviene del sector privado, mientras que el 51.9 por ciento proviene del sector público y 5.4 de las instituciones de educación superior; Es decir, la cobertura por parte del sector público apenas rebasa la mitad del total del 0.77 por ciento del PIB que se destina a la investigación científica. Existe una añeja promesa de llevar la inversión (pública) en investigación a un punto porcentual del PIB, meta por demás deseable y que implicaría un gran impulso para el sector, pero que no es suficiente por sí misma.

Preparamos científicos, pero no los empleamos: del bajo presupuesto abocado a la investigación, el 22.7 por ciento se destina a las becas de posgrado, lo cual es un acierto, sin duda. Sin embargo, muchos de quienes estudian una maestría o doctorado en ciencias (que son posgrados enfocados a la investigación) no encuentran los incentivos suficientes para dedicarse totalmente al desarrollo científico y tecnológico.

Los incentivos para investigar e innovar están en el número de publicaciones más que en el valor comercial del resultado del proceso de investigación: México creó un sistema que permite al investigador avanzar gracias al número de publicaciones alcanzadas y escalar, así, posiciones dentro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI). Gracias a este sistema, el investigador cuenta con un respaldo económico garantizado, que le da la tranquilidad para dedicarse a su labor. Sin embargo, permite que abunde la investigación básica o preclínica (necesaria para la generación de hipótesis, pruebas de concepto y conocimiento fundamental de procesos) sin que los proyectos den el salto obligado a la investigación clínica (aplicada, capaz de resolver problemas específicos en salud, por ejemplo) y entonces capitalizar realmente su trabajo, más allá de la remuneración económica del SNI.

Quizá la mejor evidencia del enorme reto que hay por delante en materia de los incentivos para la innovación es el bajo crecimiento de patentes mexicanas otorgadas en México: mientras que las patentes a extranjeros otorgadas en el país fue ligeramente superior a las diez mil en 2008, las otorgadas a mexicanos, de acuerdo con el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, fueron 681.

Confundimos innovación con invención: La innovación ocurre cuando la investigación logra generar la primera aplicación con éxito comercial de una nueva tecnología (es decir, que sea ampliamente utilizada, aunque no implique una retribución económica), ya sea que ésta tenga como resultado un producto o un proceso. Por lo tanto, no toda la investigación realizada en nuestro país se considera innovación, ya que para que ésta lo sea debe ser usada por la mayoría del universo al cual va dirigido. Para que eso ocurra, la innovación debe ofrecer una mejor alternativa de solución a un problema. En este sentido, la investigación que no está cien por ciento enfocada a la solución de un problema, por más valiosa que sea para la teoría, no alcanzará a ser innovación.

Éstos son tan sólo algunos de los retos más importantes para que México alcance su pleno potencial en materia de investigación científica, y lo que es más importante aún, en innovación. Cuando este potencial se contempla bajo la lupa de los urgentes retos que el país tiene en salud, resulta aún más crucial no sólo que el sector público y privado realicen una revisión cuidadosa de los incentivos, infraestructura y resultados del actual sistema de investigación, sino que decidan invertir en él en forma decidida, como elemento esencial del desarrollo.

* Médico cirujano egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. Maestro y doctor en Ciencias, con especialidad en Farmacología por el Instituto Politécnico Nacional.
Integrante del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología desde 2006.
Profesor e investigador de la Escuela Superior de Medicina del Instituto Politécnico Nacional.
Académico de Mérito de la Academia Mexicana de Medicina de Primer Contacto (AMMPC) y asesor técnico y científico para la industria farmacéutica.

 

 

Video Recomendado

Comentarios

Lo que pasa en la red