“Sin nosotros no podrán”: afirma ‘Papá Pitufo’, líder comunitario

Estanislao Beltrán, de las 'autodefensas' de Michoacán, pide al gobierno que los deje cooperar en la lucha contra el crimen

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18/01/2014 05:25  JC Vargas/Enviado

TANCÍTARO, 18 de enero.— Originario de Punta del Agua, Buenavista, localidad de apenas 800 habitantes, Estanislao Beltrán se ha convertido en el líder mediático de los llamados grupos de autodefensa de Michoacán. Los mismos que el próximo 17 de febrero cumplirán un año de levantarse en armas y hacerle frente a Los Caballeros Templarios.

Con el doctor José Manuel Mireles en el banquillo por cuestiones de salud, el hombre de 55 años, a quien también se le conoce como Papá Pitufo, se ha encargado de la tarea de encabezar a más de 20 mil civiles armados que han dejado sus tareas del campo para realizar aquellas que —asegura Beltrán— le corresponden al gobierno.

Argumenta Papá Pitufo —quien a pesar de haber vivido apenas cinco décadas y media ya pinta canas blancas que lo hacen verse mayor— que “nos estorban las armas. Nosotros nos ocupamos del machete, del tractor, de cortar la fruta. No queremos ser policías”.

Sin embargo, con palos, escopetas, rifles de cazador y ahora hasta con rifles de alto poder, conocidos como cuernos de chivo, que arrebataron al crimen organizado, los comunitarios michoacanos han abandonado lo poco que Los Caballeros Templarios les dejaron para hacerles frente, mientras que los uniformados miran de cerca “pero no nos defienden”.

Beltrán vive ahora en un comisariado ejidal llamado División del Norte, aunque a últimas fechas se le mira por cualquier rumbo michoacano donde existan jóvenes con armas en las manos y rostros cubiertos con pañuelos blancos.

Otrora lector de Carlos Marx, Federico Engels y José Stalin, reitera que los grupos de autodefensa no dejarán las armas y que él se quitará esa barba hasta que los 113 municipios de la entidad estén limpios de tanto malandro.

 “Que el gobierno nos permita cooperar, porque va a ser muy difícil si lo quieren hacer solos.”

Ingeniero agrónomo y ex síndico municipal, Estanislao Beltrán repite a cada rato que los civiles que pelean contra el crimen organizado apenas llegan a 20 mil, “pero si tuviéramos más armas podríamos llegar hasta un millón”.

— ¿Sabe usted en dónde están Los Caballeros Templarios?

— En donde no hemos llegado los grupos de autodefensa. Apatzingán, por ejemplo, ahí está el crimen organizado. Siguen quemando negocios incluso estando cerca un cuartel militar, y además balacean las oficinas de la Procuraduría General de la República. Es por eso que nos decepcionamos. ¿Será que cierran los ojos?

— El gobierno acaba de informar que ya agarraron a varios cabecillas.

— Cuando nos digan que ya tienen a El Chayo, a La Tuta o al Quique… pero nos presentan a otros de menor rango. Nos muestran a un cobrador de cuotas. Que no nos quieran engañar.

— ¿Por qué no entregar las armas y dejar que el gobierno se encargue de la situación?

— Porque cuando nos retiremos, van a regresar los criminales.

— La gente mira que algunos civiles traen cuernos de chivo y piensan que detrás de los comunitarios están otros criminales, como el Cártel Jalisco Nueva Generación.

— No me voy a cansar de explicar que los comunitarios traemos escopetas 30-30 y hasta armas para cazar venado. Y si mostramos algunas AK-47 es porque a los Templarios que atrapamos les quitamos las armas con las que nos matan. El movimiento está financiado por el pueblo y por los propios aguacateros, limoneros y ganaderos que hemos sido afectados.

“Acabamos de recuperar 25 huertos aguacateros en Tancítaro y los dueños quieren apoyar hasta con 80 por ciento de la cosecha. Tenemos heridos, que nos salen más caros que los muertos.

“Hasta ahorita esta lucha se ha financiado con un poco más de 12 millones de pesos. Los Caballeros Templarios nos han quitado mucho más. Nos han quitado propiedades y sobre todo familia.”

— ¿Usted porta armas?

— He sufrido varias emboscadas. Y claro que he tenido que jalar del gatillo cuando ha sido necesario. Si ellos vienen a matarme, pues me voy a defender.

“Cuando ando en el cerro es cuando estoy armado. A pedradas no los voy a matar.”

— ¿Usted ha recibido amenazas?

— Claro. Las amenazas las tenemos día a día. Yo sé que en cualquier momento me pueden matar. Si no me matan secuestrándome, voy a morir en un enfrentamiento.

“Cuando decidí entrar a la lucha me despedí de mi esposa y de mis hijos. Y les dije ‘no sé si regrese’. He tenido muchos enfrentamientos, muchas emboscadas y creemos que Dios nos protege. Han muerto compañeros a mi lado y he tenido la fortuna de salvarme.”

— ¿Cómo dar fin a todo esto?

— Yo pienso que para que todo se termine se debe limpiar todo el estado de lo que le hace daño. Atacar las raíces. Cuando detengamos a El Chayo, a La Tuta, al Quique y al Tío, ese grupo se va a debilitar, como cuando a una víbora le cortas la cabeza.

“Además, mucha de la gente que está con ellos la traen a fuerzas. Es más, a los centros de rehabilitación donde hay drogadictos van, los sacan y los reclutan.”

— ¿Trabajarán con el gobierno?

— Pero si ellos no conocen al Chayo, ¿cómo lo van a atrapar? Queremos contribuir, sentarnos a dialogar y ver de qué manera (trabajaremos con ellos). Pero que no nos pidan que dejemos nuestro pueblo a merced de los criminales. No podemos enfrentar a los criminales con un machete. Nosotros estamos dispuestos a dejar las armas, pero cuando veamos resultados.

— El gobierno federal trajo a los militares y ya designó un comisionado para la seguridad en el estado.

— Ya hemos tenido esa experiencia. Llegan cientos o miles en convoys y hacen un escándalo, andan dando la vuelta por las carreteras. Los criminales no andan en las carreteras, están en los cerros. Los militares duran un mes y se van. Nosotros lo que estamos pidiendo son resultados. Nosotros no tenemos por qué andar siguiendo criminales, pero vemos que los criminales ya los rebasaron.

—Se habla de que los comunitarios armados son 20 mil. ¿Sabe cuántos templarios hay?

— Lo desconocemos, pero lo que sí sabemos es que muchos han desertado. Muchos se han arrepentido y nos han pedido perdón.

— ¿A usted le quitaron propiedades?

— Yo tengo mi ganado y ellos me extorsionaban. Vendíamos el kilo de becerro a 30 pesos y llegan ellos y me dicen que me lo van a comprar a 20 pesos. Y no me dejaban que lo vendiera a otros.

—¿Y si usted llega a morir?

— Esto no se acaba porque Papá Pitufo se llegue a morir.  La lucha va a continuar.

— ¿Cuándo se quita la barba?

— (Saca de la cartera su credencial del IFE y muestra el rostro limpio, asegurando que ése es el verdadero Estanislao Beltrán). Probablemente cuando termine la lucha. Es una manda. Cuando inicié la lucha le pedí a Dios, dije ‘no me voy a rasurar hasta que entremos a Apatzingán’, pero la tirada era antes del 23 de octubre.  Se alargó la cosa y después comenzaron con eso de Papá Pitufo. Ahora ya no me la dejan cortar los mismos comunitarios.

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