FOTOGALERÍA: 'No quiero oro ni quiero plata...' Llegaron las piñatas

Tienen forma de animales, o personajes de historieta o televisión y se decoran con papeles de colores; te decimos de dónde vienen

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18/12/2013 08:52 Agencias

En los hogares mexicanos, la fabricación de la piñata se vuelve una tradición familiar y artesanal. Iniciando con la olla de barro que se cubre poco a poco con papel maché, se fabrican y pegan los cuernos de cartón que formarán las puntas de la estrella y se continúa con la decoración

CIUDAD DE MÉXICO, 18 de diciembre.- Todos conocemos las piñatas; son parte de nuestra esencia. Con sus coloridas formas de estrellas, ahora héroes de caricaturas o animales, con sus flecos de papel, son típicas de las fiestas de México y Latinoamérica, sin embargo, el origen de las piñatas es en realidad chino.

El italiano Marco Polo narra en su libro “Il millione” que las piñatas vienen de China, donde se usaban en las celebraciones de año nuevo y en sus tradicionales rituales relacionados a la agricultura.

Las hacían con formas de animales, las llenaban con semillas y las cubrían con papeles de colores para atraer al buen clima para la temporada agrícola. Entonces las golpeaban con varas de colores hasta hacerlas reventar, y posteriormente, quemaban los restos del armazón y guardaban sus cenizas como augurio de buena suerte para el resto del año.

Fue el propio explorador italiano quien introdujo la tradición en su país, donde tomó nombre definitivo, pignatta, jarrón de barro, recipiente frágil. Luego emigraron a a España.  

Al llegar a Europa, en el siglo XIV, italianos y españoles adaptaron esta tradición a la religión cristiana y la utilizaban en las fiestas de la Pascua Florida, haciéndola parte de celebraciones y bailes.

Luego esta tradición viaja con los conquistadores y frailes evangelizadores españoles a América, donde ya existía un rito similar en las civilizaciones locales.

También se menciona que los conquistadores las trajeron a México, donde se popularizaron, pero existen evidencias de una festividad similar para celebrar a Huitzilopochtli.

La piñata fue utilizada para evangelizar. A principios del siglo XVI, los misioneros atrajeron al pueblo con las ceremonias y los frailes convirtieron la tradición de su fabricación en instrucción religiosa a través del decorado.

Llegaron junto con las posadas. En 1586 los frailes agustinos instauraron las “misas de aguinaldo”, lo que se convertiría más tarde en las posadas. Las misas se hacían en días previos a la Navidad y la piñata llegó como un complemento de la celebración.

Originalmente la piñata era una estrella de 7 picos, cada uno representando los 7 pecados capitales, soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza, y los colores brillantes simbolizaban la tentación.

Valiéndose de la fe, simbolizada por el palo, el hombre tiene que destruir el maleficio de las pasiones, golpeando y finalmente rompiendo la piñata.

Se cambió la interpretación para representar la fe y voluntad para vencer al pecado, los caramelos en el interior son las riquezas del reino de Dios, haciendo de esta tradición una enseñanza sobre cómo la fe y una sola virtud pueden vencer al pecado y recibir la recompensa de los cielos.

En las posadas nacieron las canciones que alegran el momento de romper la piñata. Aunque esa tradición no es tan utilizada alrededor del mundo, la piñata si forma parte de las celebraciones como parte de la influencia de la cultura mexicana.

En los hogares mexicanos, la fabricación de la piñata se vuelve una tradición familiar y artesanal. Iniciando con la olla de barro que se cubre poco a poco con papel maché, se fabrican y pegan los cuernos de cartón que formarán las puntas de la estrella y se continúa con la decoración.

Tienen forma de animales, o personajes de historieta o televisión y se decoran con papeles de colores. Se cuelga de algún árbol o desde las azoteas la sostienen una o dos personas adultas y los pequeños intentan romperla pegándole con el palo de madera, mientras los demás cantan:

 

'Dale, dale, dale, no pierdas el tino,

Porque si lo pierdes, pierdes el camino.

No quiero oro, ni quiero plata,

Yo lo que quiero es romper la piñata.

Ándale Juana, no te dilates

Con la canasta de los cacahuates.

Anda María, sal del rincón

Con la canasta de la colación.

Denle confites y canelones

A los muchachos que son muy tragones…'

 

 

pdg

 

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