Angela Merkel, líder por ‘default’

La discípula más avanzada de Helmut Kohl, está a punto de convertir a la primera potencia económica de Europa en un peso pesado de la diplomacia mundial

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26/08/2014 03:12 Enrique Müller/Especial
Foto: AFP

BERLÍN, 26 de agosto.– Cuando las dos Alemanias se unieron el 3 de octubre de 1990, el entonces canciller Helmut Kohl envió desde Berlín un mensaje al mundo: “Sólo saldrá paz del territorio alemán”.

Pero el político tardó cuatro años para anunciar al mundo la nueva realidad. El 8 de mayo de 1995 y en una solmene ceremonia para recordar el aniversario de la capitulación incondicional de la Wehrmacht, el ejército de Hitler, Kohl resaltó un aspecto de su país que alertó a las capitales europeas. “Somos el Estado número uno de Europa. Nuestro rol de liderazgo está de vuelta y no porque lo hayamos buscado. Simplemente estaba ahí”, dijo.

Casi 20 años después, Angela Merkel, la discípula aventajada de Kohl y conocida bajo el apodo de La niña, convertida ahora en canciller, está a punto de convertir a la primera potencia económica de Europa en un peso pesado de la diplomacia mundial, un rol que parecía dormir un sueño eterno a causa del trágico pasado reciente del país. Merkel, una líder política alemana que está libre de la pesada carga histórica, ofreció en los últimos siete días una muestra eficaz del nuevo rol que adquirió su país.

La canciller, junto a su ministro de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, tuvo éxito en colocar a Berlín a la vanguardia de los esfuerzos diplomáticos por resolver la crisis que echó raíces en Ucrania, tras observar cómo sus socios europeos carecían de iniciativas a causa de problemas internos y después de constatar que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hace frente a numerosos problemas en otras regiones del mundo y está abrumado por los domésticos.

El lunes 18 de agosto, Merkel realizó una visita a Riga, capital de Letonia, para ofrecer un mensaje de solidaridad a los países bálticos, que temen que la anexión de Crimea puede desestabilizar la frágil democracia que emergió tras el colapso de la Union Soviética. Merkel admitió en Riga que el Tratado de la OTAN, que garantiza apoyo a sus aliados, no era “una posibilidad hipotética, sino una opción real en caso de necesidad”.

Pero, junto con reflejar su desilusión con respecto a la posición de Vladimir Putin en la crisis ucraniana, advirtió que su país y, posiblemente otras potencias de la OTAN, no consentirían la presencia permanente de tropas aliadas en los países fronterizos con Rusia, para no poner en peligro lo convenido en el acuerdo de la OTAN con Moscú firmado en 1997.

El compromiso alemán en la crisis alcanzó un punto de no retorno el sábado pasado, cuando Merkel se coinvirtió en la primera líder europea en visitar Kiev desde que estallara la crisis.

Aunque Merkel no es una líder que disfruta de los gestos simbólicos excesivos, su visita a Kiev tuvo una alta connotación simbólica y marcó un nuevo capítulo en las relaciones de Alemania con esa región conflictiva de Europa. “Mi viaje tiene un claro significado: el gobierno federal, y yo personalmente, queremos destacar que la integridad territorial y el bienestar de Ucrania son los principales objetivos de la política alemana y que, como amigos, deseamos trabajar juntos”, dijo Merkel.

No fue todo. En otro mensaje, dirigido esta vez a Putin, Merkel reiteró que la anexión de Crimea por Rusia era una abierta violación a la integridad territorial de Ucrania. “Si la reconocemos, ello afectará a toda Europa, alterará la coexistencia pacífica en Europa”, dijo. Para hacer más efectiva su visita, Merkel prometió una ayuda de 500 millones de euros para reconstruir el este del país devastado por la guerra. La canciller es una buena amiga y abogada de Ucrania”, dijo el presidente ucraniano, Petro Poroschenko.

La presencia de la canciller en Kiev provocó varias interrogantes en Berlín. Algunos medios especularon con la posibilidad de que ya está en marcha una vía de solución con Rusia  y no pocos optaron por señalar que la situación es tan peligrosa que la única posibilidad de impedir un escalamiento del conflicto era resaltar que ni Alemania ni la Unión Europa aceptarían una nueva conquista territorial rusa
en Ucrania.

Después de casi nueve años en el poder y convertida en la líder indiscutible en Alemania, Merkel apostó por utilizar el poderío económico de su país para doblegar con sanciones económicas al régimen de Moscú, a pesar de los riesgos que ello conlleva a la poderosa industria germana (300 mil puestos de trabajo dependen de las exportaciones germanas a Rusia). Pero la canciller y su ministro Steinmeier nunca dejaron de lado la diplomacia telefónica que siguen defendiendo con un fervor casi religioso: “Las sanciones económicas por sí solas no representan una opción en política exterior”, suelen repetir.

Por eso, Merkel, que habla ruso, ha marcado el número de teléfono de Putin, que habla un buen alemán, en más de 30 ocasiones desde que el Presidente decidió enviar sus tropas a Crimea. “Era la única que podía hacerlo y también la única que podía argumentar algo más que sanciones”, dijo un diplomático europeo a Excélsior.

“Sus socios europeos están inmersos en crisis domésticas y Obama está perdiendo el rumbo, tanto en el extranjero como en su propio país.”

La Alemania moderna dirigida por Merkel ha conseguido algo inédito: ser simultáneamente poderosa y popular, un hecho que constató la BBC en una encuesta realizada en 21 países en 2013, que demostró que Alemania es el país más admirado en el mundo.

El nuevo liderazgo de Alemania comenzó a dibujarse cuando estalló la crisis de la deuda en el seno de la euro zona, una época terriblemente peligrosa y que hizo temer por la implosión de la Unión Europea. Pero Merkel logró imponer su criterio y obligó a varios países a una férrea disciplina fiscal con terribles costos sociales.

La crisis está en vías de desaparecer y Reino Unido y Francia admiten en silencio que Alemania ha surgido como líder indiscutible de la Unión Europea.

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