La Primera Guerra Mundial; la lucha que inició otra era

La llamada Gran Guerra trajo consigo muerte y destrucción, pero también marcó la reconfiguración del mundo y grandes avances

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28/06/2014 03:35 José Carreño Figueras y María Fernanda Navarro

CIUDAD DE MÉXICO, 28 de junio.- Fácilmente puede ser considerada la guerra que cambió al mundo, aunque a un siglo de ocurrida parecería una exageración.

Pero no lo es.

Cuando el anarquista serbio Gavrilo Princip logró matar al archiduque Franz Ferdinand, heredero del trono de Imperio de Austria-Hungría, encendió simplemente el detonador de un conflicto que tenía que ocurrir y que en cierta forma llevaba causas que se desarrollaron a lo largo de 40 años.

Una carrera armamentista naval entre Gran Bretaña y Alemania; los recelos franceses y rusos por el poderío terrestre alemán; las ambiciones coloniales de Alemania, y la maraña de tratados que llevó al establecimiento de la Entente Cordiale (Francia, Gran Bretaña, Rusia) y la Triple Alianza (Austria-Hungría, Alemania  e inicialmente Italia).

La guerra fue una concepción extrema de ambiciones y envidias geopolíticas en la que los políticos de los diferentes países dejaron la situación en manos exclusivamente de los militares hasta que fue demasiado tarde.

Que muchas de esas causas puedan ser vistas hoy como absurdas y que el propio Franz Ferdinand pudiera haber sido el hombre mejor preparado para evitarla o al menos eliminar la opresión sobre minorías checas y serbias no contribuye a cancelar el sentimiento de lo absurdo de un conflicto en el que sus participantes entraron porque “tenían que” estar.

Un terrorista serbio y entrenado por los servicios secretos serbios mata al heredero del trono austriaco en la ciudad imperial de Sarajevo; el imperio austro-húngaro afirma que hubo una responsabilidad serbia en el ataque y lanza un ultimátum; los serbios reclaman el apoyo de su aliada Rusia, Austria-Hungría poder el de Alemania; Francia y Gran Bretaña tenían un acuerdo de defensa con Rusia...

No son pocos los historiadores que afirman hoy que la guerra pudo haber sido detenida, pero nadie quiso hacerlo.

Todas las guerras son por definición disruptivas del orden político, económico y social. Pero pocas han tenido un efecto tan amplio y tan prolongado como la Primera Guerra Mundial.

Simplemente la idea de nueve millones de soldados, marinos y aviadores muertos, más cinco millones de civiles y siete millones de hombres incapacitados en mayor o menor grado pueden dar una idea de lo que fue. Y si se puede afirmar que la carnicería de la Segunda Gerra Mundial fue mayor y que en vez de 29 países, como en la primera, hubo más de medio centenar de naciones envueltas, puede alegarse también que la Segunda Guerra Mundial fue consecuencia directa de la primera.

De acuerdo con el historiador marxista británico Eric Hobsbawm, “comenzó como una guerra esencialmente europea entre la Triple Alianza, constituida por Francia, Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y el Imperio Ruso, y los llamados –Imperios Centrales– (Imperio Alemán y el Imperio Austrohúngaro).

“El Reino de Serbia y Bélgica se incorporaron inmediatamente al conflicto como consecuencia del ataque austriaco contra la primera (que, de hecho, desencadenó el inicio de las hostilidades) y del ataque alemán contra la segunda (que era parte de la estrategia de guerra alemana).

“El Imperio Otomano y el Reino de Bulgaria se alinearon poco después junto a las potencias centrales, mientras que en el otro bando la Triple Alianza dejó paso gradualmente a una gran coalición. Se compró la participación del Reino de Italia y también tomaron parte en el conflicto los Reinos de Grecia, de Rumanía y, en menor medida, Portugal.

“Como cabía esperar, el Imperio de Japón intervino casi de forma inmediata para ocupar posiciones alemanas en el Extremo Oriente y el Pacífico occidental, pero limitó sus actividades a esa región. Estados Unidos entró en la guerra en 1917 y su intervención iba a resultar decisiva”, relató Hobsbawm en su Historia del Siglo XX.

América Latina fue una nota auxiliar: el intento alemán de convencer a México de declarar la guerra a Estados Unidos para evitar que éste entrara en la guerra al lado de la Entente y el descubrimiento del “Telegrama Zimmerman”, como uno de los grandes golpes de la inteligencia británica; las maniobras políticas inglesas para mantener “accesible” el precio de los nitratos chilenos, indispensables para la fabricación de explosivos, al tiempo de cerrar el paso al posible acceso alemán.

De hecho dos de las más importantes batallas navales de esa guerra ocurrieron en aguas cercanas a Latinoamérica: la batalla de Coronel, frente a la costa central de Chile, que causó la destrucción de una flotilla británica el 1 de noviembre de 1914, y la batalla de las Falklands, que llevó a la destfrucción de una flota alemana el 18 de diciembre del mismo año.

Y eso sin contar con la ocupación de la Samoa alemana por tropas neozelandesas al servicio del Imperio Británico o la ocupación y partición por ingleses y franceses de la colonia alemana de Togolandia, en África Occidental.

Cuando terminó, la guerra había alterado definitivamente la faz de la geografía mundial.

Los imperios alemán, austro-húngaro, ruso y otomano habían desaparecido. Sus posesiones fueron repartidas primero entre ingleses y franceses, que convirtieron provincias del destruido imperio otomano en el mosaico que hoy son el Cercano Oriente, Asia menor y las regiones alrededor de la Penínsua Arábiga.

De hecho el impacto de la Primera Guerra aún se siente en la geografía de los actuales conflictos políticos, económicos y religiosos de Oriente Medio y de África; en los recelos que sobreviven de una Guerra Fría que surgió después de la Segunda Guerra Mundial, pero cuyas semillas fueron plantadas en la primera llamada también Gran Guerra. Y las huellas son visibles incluso en algunas de las causas de las tensiones que hoy envuelven a China y sus vecinos.

Según el historiador estadunidense Steven Mintz, la escala de sus efectos es aterradora: de la Revolución Bolchevique a la Segunda Guerra Mundial, del surgimiento del fascismo y su derivado nacional-socialista (nazi) a la Gran Depresión y el desarrollo de la bomba atómica; del colapso del colonialismo al del patrón oro.

Pero también, como otras guerras, tuvo una secuela de consecuencias en el progreso de las ciencias y los cambios sociales.

Aunque incipientes, los primeros pasos efectivos de la liberación femenina ocurrieron a consecuencia de la necesidad de brazos en la industria y los servicios británicos, franceses y, en menor medida, en otras naciones.

La necesidad y la compasión se combinaron con la ciencia para dar el gran empujón a la cirugía plástica reconstructiva, así como al establecimiento de bancos de sangre y el progreso en los equipos portátiles de rayos X.

Las urgencias nacionalistas y de seguridad llevaron al establecimiento de las visas de entrada como indispensables para viajar internacionalmente; el espionaje como tal maduró con la creación de las primeras organizaciones especializadas en recolección de inteligencia.

El desarrollo tecnológico de invenciones existentes, como el radio y el teléfono fue espectacular, casi tanto como el de la ciencia de la guerra en sí: el uso de submarinos, de aviación, de tanques, sin olvidar la propaganda gubernamental.

Pero fue también sin duda, el primero de los grandes conflictos bélicos de la humanidad, en que fue visible un movimiento pacifista, especialmente en Estados Unidos, donde un sector religioso se oponía a la guerra, pero además considerables sectores de población de orígenes alemán e irlandés favorecían la neutralidad o rechazaban la ayuda a Inglaterra.

Francisco Fernando fue el motivo

Libros de historia, biografías y relatos periodísticos, la mayoría de ellos coincide en que Francisco Fernando,  archiduque de Austria, era un hombre de mal temperamento, que tenía comentarios mordaces para cada ocasión y era amante de la cacería.

Estos rasgos de su carácter contrastaban con otra característica siempre destacada en los relatos de su vida: un total enamorado de Sofía Chotek, condesa de Hohenberg. Tan obstinado fue el amor de Francisco Fernando por Sofía que desafió las normas de la monarquía, que establecía que para casarse con un miembro de la corona austrohúngara era necesario pertenecer a una dinastía europea reinante o formal.

La familia Chotek no pertenecía a ninguna de ellas, por lo que Sofía y Fernando mantuvieron una relación secreta, hasta que en 1900 algunos líderes europeos intercedieron por el hombre de 37 años ante su negativa de contraer matrimonio con alguien más y previo a un acuerdo que negaba el derecho a Sofía y su descendencia a acceder al trono.

Esa situación lo llevó a ver con mayor sensibilidad la situación de algunos de sus súbditos, especialmente las minorías étnicas en los Balcanes y se cree que habría estado dispuesto a darles alivio.

No estaba destinado a encargarse del trono sino hasta la muerte del príncipe heredero Rodolfo, único hijo varón del emperador Francisco José, y más tarde la muerte de su padre Carlos Luis; que fungió como el primero en la línea sucesoria al trono.

Durante una visita oficial a la capital de Sarajevo, Bosnia, en junio de 1914, el archiduque se convirtió en el blanco de un grupo nacionalista serbio conocido como “Mano Negra“, del que pudo esquivar una bomba pero no los disparos de Gavrilo Princip, quien último la vida de Sofía y del archiduque Francisco Fernando.

La “mano negra“ que asesinó a millones

Gavrilo Princip falleció en abril de 1918 en una fortaleza de Terezín, en la República Checa cuando tenía 23 años.

La corta vida del hijo de un cartero rural bien pudo haber transcurrido en el anonimato, como la de miles de jóvenes que murieron de tuberculosis en una cárcel a principios del siglo XX, pero en 1914 perpetró el asesinato de Francisco Fernando, Archiduque de Austria, y su esposa, que desató la Gran Guerra.

En su libro Archduke Franz Ferdinand Lives! Richard Ned Lebow exploró el “¿qué hubiera pasado si...?“: “el asesino serbio Gavrilo Princip puso en marcha una cadena de acontecimientos no deseados que culminó con la matanza que el mundo nunca había visto y que el mismo Princip no hubiera imaginado“.

Las circunstancias en las que Princip, integrante del grupo nacionalista “Mano Negra“, cometió el asesinato fueron fortuitas. De hecho, en el seno de esa organización habían relegado al serbio de 20 años a ser un militante pasivo por su baja estatura y talla, pero ante su insistencia fue incluido en el grupo de conspiradores que proyectaron el asesinato del archiduque.

Aunque una bomba, que no atinó a caer dentro del carro del archiduque, era el arma que originalmente terminaría con la vida de Francisco Fernando, fue la mano de Gavrilo Princip la que disparó cuando el carruaje con poca escolta del heredero al trono austro-húngaro transitaba por la calle en la que se encontraba Princip después de huir del primer intento de asesinato fallido.

Alemania vio a México como una salida

Tradicionalmente se considera que el “Telegrama Zimmermann” fue uno de los puntos álgidos de la Primera Guerra Mundial, representó la hazaña de espionaje que convenció a Estados Unidos de que Alemania tenía planes en su contra y trataba de involucrar a México.

Pero el cable no habría sido la única acción alemana para tratar de promover un conflicto entre México y Estados Unidos.

De hecho, el famoso ataque de marzo de 1916 a Columbus (Nuevo Mexico), atribuido a fuerzas de Pancho Villa, habría sido en realidad realizado por un “operativo” de la inteligencia alemana de nombre Luther Wertz.

De creer al historiador Steve Carol, del Centro para Estudios Avanzados de Oriente Medio, la expedición punitiva encabezada por el general John Pershing debió ser suspendida el 25 de enero de 1917 en vista de dos informaciones: que Alemania planeaba reanudar su campaña de guerra submarina lo que afectaría la navegación comercial estadunidense, y la información derivada de la intercepción británica de un mensaje secreto alemán.

El “Telegrama Zimmermann” es considerado uno de los mayores golpes de inteligencia en la historia del espionaje.

Y ciertamente, cuando la opinión pública estadunidense fue informada del contenido del cable enviado por el entonces ministro de Relaciones Exteriores alemán, Arthur Zimmermann, a su embajador en México, Heinrich von Eckhardt, el resultado inevitable era la guerra.

Cuando el 17 de enero de 1917 la oficina de criptoanálisis de la Armada británica, conocida como “el cuarto 40”, descifró el cable, se dieron cuenta de que su contenido tendría un enorme impacto en la guerra europea.

De acuerdo con una descripción del Instituto Smithsoniano de Washington, especializado en la historia estadunidense, el mensaje era una instrucción para que Von Echardt hablara con el presidente Venustiano Carranza para proponerle una alianza: México, con apoyo alemán, debía declarar la guerra a Estados Unidos para distraerlos del confiicto europeo.

Y a cambio de evitar la entrada de Estados Unidos en la guerra europea, México recuperaría eventualmente los territorios de Texas, Nuevo México y Arizona.

De acuerdo con un texto de Carol, publicado por el semanario Jewish News Weekly en julio 21 de 2006, la fuerza expedicionaria de Pershing “no capturaron a Pancho Villa (pero) paralizaron su capacidad de atacar a Estados Unidos e infligieron fuertes pérdidas a sus fuerzas en México”.

Pero las fuerzas de Pershing fueron retiradas en enero de 1917, “para no dar a México causas adicionales para considerar” la alianza con Alemania, que buscaba también una liga con Japón.

 

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