Donadores ganan terreno político en Estados Unidos

En la campaña presidencial de 2012, republicanos y demócratas gastaron mil 600 millones de dólares, pero grupos “externos” derramaron alrededor de dos mil 500 millones de dólares

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14/06/2014 05:08 José Carreño Figueras

CIUDAD DE MÉXICO, 14 de junio.- Mientras crece el coro de quejas sobre la parálisis del gobierno estadunidense, atascado por rivalidades partidistas que parecen insalvables, ocurre un proceso de migración del poder político de los jefes partidistas a grandes donadores que buscan influir en temas de su interés.

De acuerdo con el recién aparecido libro Big Money, del periodista político Kenneth Vogel, ese cambio se ilustra en cifras: en la campaña presidencial del 2012, republicanos y demócratas gastaron mil 600 millones de dólares, pero grupos “externos” derramaron  dos mil
500 millones de dólares.

El problema, o percepción del problema, no es algo nuevo en un país donde grupos de activistas han visto casi impotentes como el “Dinero Grande” ha tenido y tiene una enorme influencia en la política y la toma de decisiones en Estados Unidos.

Para Bill Moyers, un destacado periodista y documentalista de televisión enfocado sobre cuestiones sociales y políticas, no habrá progreso en la mayoría de los temas de importancia para el país “sino hasta que las entidades pudientes que se benefician ya no puedan comprar políticos para prevenir el cambio del status-quo”.

La gente que desea detener las reformas pagará una enorme cantidad de dinero por ser capaces de hacerlo”, comentó por su parte Lawrence Lessig, activista y constitucionalista que busca reducir, si no eliminar, el impacto del dinero en la política estadunidense.

Este sistema ha hecho que las políticas de la disfuncionalidad sean increíblemente provechosas”, declaró a la televisión estadunidense al señalar por ejemplo que grupos de cabildeo político publicitan incluso su capacidad para obstaculizar o demorar en el Congreso el acuerdo o el progreso de medidas políticas.

En ese marco Big Money relata de un encuentro durante la campaña electoral 2012, del presidente-candidato Barack Obama con un grupo de donantes políticos, ante los cuales admitió que no podría cumplir con uno de sus propósitos: limitar el flujo de recursos de grupos pudientes.

En lo que bien podría ser visto como una ironía, la audiencia ante la que habló Obama estaba encabezada por Bill Gates, uno de los hombres más ricos del mundo, e incluía a otros multimillonarios, que habían pagado 17 mil 900 dólares por cabeza para asistir a la reunión.

Yo podría ser el último candidato presidencial que gane como lo hice (en 2008), que fue salir sin el apoyo de grupos de intereses especiales, sin grandes apoyos corporativos, que pudo movilizar y tuvo el tiempo para crear un esfuerzo a nivel popular”, indicó el mandatario.

En 2008 Obama, un senador en su cuarto año de gobierno, logró encender el entusiasmo popular y lograr el apoyo de miles de pequeños donantes que le permitieron no sólo igualar sino superar de lejos el esfuerzo de los republicanos.

Pero en 2012 la situación era diferente, con ingredientes como una decisión de la Suprema Corte de Justicia que en 2010 revocó por inconstitucionales las limitaciones para donativos de empresas o grupos de interés
—sindicatos incluidos—.

Obama no pudo detener la decisión y no cumplió su promesa de tratar de poner controles administrativos, afirmó Big Money.

El impacto fue visible en las elecciones de 2012 y en el actual ciclo electoral legislativo, como se cree que ocurrirá en el de las elecciones generales de 2016.

Las cifras hablan: en 2012, 4,600 donadores igualaron los 500 millones de dólares entregados a Obama, su rival republicano Mitt Romney, y sus respectivos grupos aliados, por ocho millones de pequeños donantes.

En un cálculo del portal especializado Politico.com, “en una campaña presidencial que se centró sobre la cuestión de quien representaría mejor los intereses de la clase media, 0.04 por ciento más alto de los donantes dio tanto como 68 por ciento de abajo”.

Big Money precisó por ejemplo que varias de las mayores polémicas y las mayores batallas en los procesos de selección de candidatos en ambos partidos, especialmente el republicano, ocurrieron directa o indirectamente gracias a la acción de grupos de “megadonantes”, multimillonarios como los conservadores hermanos Charles y David Koch.

Los Koch han invertido más de 196 millones de dólares en donaciones a grupos con impacto ideológico en el partido republicano, a grupos de interés que hacen contribuciones a campañas electorales, a organizaciones de promoción de libre mercado y contrarias a temas como una reforma de salud bajo la égida gubernamental o como la noción del cambio climático.

En las elecciones de 2012, la operación política creada por los hermanos levantó unos 119 millones de dólares de donantes con opiniones afines.

Pero no son los únicos, en uno u otro lado del espectro político. Un inversionista multimillonario, Tom Steyer, ha puesto millones de dólares propios y de sus aliados en apoyar a grupos ambientalistas —especialmente opuestos a un oleoducto Canadá-Estados Unidos— y en campañas contra los Koch.

George Soros, un legendario inversionista, ha puesto millones de dólares propios en campañas procausas y en algunos casos candidatos liberales, pero Karl Rove, el que fuera consejero político del presidente George W. Bush, creó el grupo “Freedom’s Watch” (Vigilancia de Libertades) que cosechó 59 millones de dólares para financiar campañas de grupos y candidatos conservadores.

Para activistas como Lessig, el punto importante es que con ese tipo de impacto del dinero “organizado”, la separación entre gobierno y gobernados parece creciente y a menos que haya una serie de reformas, no habrá soluciones.

Se trata en todo caso de una cuestión de percepción, o tal vez de realidad, en la que las prioridades de los grandes donantes, preceden a las del resto, sin importar que sean políticas, ideológicas o prácticas, de cuestiones ambientales a reformas políticas o sanitarias.

Jamás solucionaremos su problema si no resolvemos esto primero”, dijo Lessig.

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