Xenofobia amenaza al Parlamento Europeo

Partidos de extrema derecha de Francia, Reino Unido y Holanda, entre otros, tienen altas posibilidades de ganar asientos en el mayor órgano legislativo del viejo continente

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21/05/2014 01:55 Enrique Müller/Especial

BERLÍN, 21 de mayo.– Más de 350 millones de electores europeos tienen, entre los días 22 y 25 de mayo próximos, una crucial cita con las urnas para reelegir al Parlamento Europeo, una institución que, como tal, fue creada en 1979 y que ahora tiene en sus manos el poder de acelerar o frenar la integración del viejo continente que está unido bajo el alero de la Unión Europea (UE).

El voto de los europeos también hará posible que la fracción que obtenga más votos pueda exigir el derecho de elegir al futuro presidente de la Comisión Europea, el organismo que controla y dirige los intereses comunitarios de sus 28 países miembros.

Aunque el exquisito club europeo disfruta ahora del raro privilegio de ser un oasis de paz y confraternidad, donde los países miembros están más preocupados por fortalecer la casa común europea que por revivir las odiosas rivalidades del pasado que provocaron dos guerras mundiales en menos de 50 años, las elecciones tienen un matiz que está despertando algo parecido al miedo en el continente.

Por primera vez en la agitada y exitosa historia de la UE, los partidos de ultraderecha que promueven el odio racial, el nacionalismo a ultranza, el regreso a un mapa xenófobo con fronteras blindadas y la eliminación del euro, tienen una gran posibilidad de convertirse en una poderosa fuerza política que podría bloquear las decisiones del Parlamento Europeo y, por consiguiente, el funcionamiento de la UE. El peligro existe y un grupo de partidos pueden acabar con el sueño de una Europa unida y pacífica.

Ahora la Unión Europea nos tiene miedo, tiembla… como todos los imperios se derrumbará sobre sí misma y nosotros queremos decidir sobre nuestro propio destino”. La afirmación no es gratuita y fue pronunciada por Marine Le Pen, la activa efectiva y exitosa líder del partido Frente Nacional de Francia, una organización política que está a favor de la retirada de Francia del euro y expulsar a todos los inmigrantes de piel oscura del territorio galo.

Marine Le Pen sabe de qué habla y también tiene un exquisito tacto para medir el pulso de sus compatriotas. Después de cinco años de crisis económica y un deterioro de las instituciones galas provocadas por la mala gestión de François Hollande, el actual presidente de Francia, la hija del furioso Jean Marie Le Pen está ahora a punto de llevar a su partido por encima de las dos fuerzas políticas tradicionales de Francia, la derechista Unión por un Movimiento Popular (UMP) y el Partido Socialista (PS).

Si se confirman los pronósticos que circulan estos días en Francia, Marine Le Pen podría escribir un nuevo capítulo en la historia de la República y provocar un cisma en Bruselas. Las encuestas apuntan a que el Frente Nacional podría obtener entre 24 y 26 por ciento de los votos en Francia, la conservadora UMP solo 22% y el PS un pobre 18 por ciento. ¿El secreto del éxito? Marine Le Pen logró combinar dos de sus argumentos de más éxito para despertar la eurofobia entre los electores: Francia sería más fuerte si no estuviera sometida al yugo del euro y la familia política parisina traicionó a la población y la vendió a un proyecto elitista bautizado como la Unión Europea.

El socio estratégico de Marine Le Pen en la batalla electoral que se avecina y con quien formó una alianza destinada a formar una fracción en el Parlamento Europeo, no es otro que el holandés Geert Wilders, jefe del Partido por la Libertad, el más furioso enemigo del mundo islámico en Europa y autor de una frase que le costó una “fatwa” (condena a muerte) de Al-Qaeda: “El Islam es una religión totalitaria y el Corán un libro fascista”.

Los actos electorales de Wilders suelen comenzar con una pregunta del líder dirigida a sus compatriotas. ¿Qué desean ustedes? ¿Más o menos marroquíes en Holanda? Cuando Wilders escucha la palabra “menos” que entona la multitud, agarra nuevamente el micrófono y formula una promesa: “Nosotros nos preocuparemos de que haya menos”, dice. Ovación.

Al igual que el Frente Nacional de Marine Le Pen, el Partido por la Libertad de Wilders, gracias a su discurso xenófobo y una odiosa campaña contra la UE, está en una inmejorable posición para convertirse en el partido más votado en Holanda, una bofetada para un país que tiene fama de tolerante, democrático y europeísta. ¿Cómo es posible que los holandeses voten por un partido que desea acabar no solo con la divisa común europea, sino con toda la Unión Europea?

El político británico, Nigel Farage, líder del UKIP (Partido por la independencia de Reino Unido), una organización que fue tildada por el primer ministro británico, David Cameron, como un partido de “lunáticos, chiflados y racistas enmascarados”, no parece estar preocupado de la campaña mediática en su contra. “Para ser honestos, cuando más nos insultan, mejor nos va”, dijo no hace mucho el líder de la ultraderecha británica al restarle importancia a los ataques que recibe casi a diario.

De hecho, Farage está convencido de que las elecciones europeas se convertirán en un “terremoto político” en su país y le ayudarán a aumentar el número de diputados, si se confirman los pronósticos de los sondeos que vaticinan un espectacular 38% de los votos, muy por encima de los conservadores y los laboristas.

Yo no soy un antieuropeo. Me gusta Europa, es un gran lugar. Estoy casado con una europea (alemana), trabajé para empresas alemanas, pero odio la bandera, odio el himno y odio las instituciones europeas”, repite Farage en los mítines. “No creo que una unión política uniforme interese a nadie. No solo a Gran Bretaña, sino a nadie en Europa. No tenemos que construir un Estado en Europa”, añade el líder del más famoso de los euroescépticos británicos, un hombre que ama el rugby, el criquet, la pesca y el buen vino

El Frente Nacional de Francia, el Partido por la Libertad de Holanda y el UKIP de Gran Bretaña son los tres partidos que podrán aumentar el número de representantes en el Parlamento Europeo, pero no son los únicos que llegarán a Estrasburgo para hacer más difícil la construcción de la casa común europea.

El nuevo fantasma que recorre Europa, a diferencia del que pronosticaron Marx y Engels hace ya más de 160 años, ya no es el comunismo, sino un peligroso populismo que parecía haber desaparecido del mapa político gracias a una incesante lucha por llevar la justicia social a los países miembros de la UE. Pero no. El vertiginoso y peligroso ascenso de la ultraderecha europea es el reflejo de la crisis que ha vivido la UE en los últimos cinco años, pero también se explica gracias a una importante metamorfosis política. Los ultras enterraron en el baúl de los recuerdos sus consignas nazi-fascistas y rescataron la cultura, la  identidad y los valores de sus respectivos países para hacer frente al incremento de la inmigración y la amenaza del Islam.

En Francia, Reino Unido, Holanda, pero también en Hungría, Bélgica, Italia y Austria, donde partidos como Jobbik, Vlamms Belang, Liga Norte y el Partido Liberal austriaco también tienen grandes posibilidades para aumentar su presencia en Estrasburgo, los nuevos brujos de la política europea han tenido éxito en seducir  a amplios fragmentos  de las clases trabajadoras, que fueron las más perjudicadas con la crisis de la deuda que estuvo a punto de acabar con la unión económica europea y que tuvo un enorme costo social en España, Portugal, Irlanda y Chipre.

“Las extremas derechas han sido las únicas que han tomado en cuenta el desarraigo de las poblaciones afectadas por la erosión de su patrimonio material –desempleo, poder adquisitivo–, y de su patrimonio inmaterial, es decir de su estilo de vida amenazado por la globalización, la inmigración y la Unión Europea”, afirma Dominique Reynié, uno de los más famosos politólogos de Francia y especialista de los nuevos populismos que están surgiendo en Europa.

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