Los papas que lucharon por la paz en el mundo

Juan Pablo II y Juan XXIII llevaron su fe a cada rincón del mundo con el fin de evitar los conflictos armados

COMPARTIR 
27/04/2014 02:29 Carmen Álvarez

CIUDAD DE MÉXICO, 27 de abril.- Sin fusil al hombro Juan XXIII y Juan Pablo II enfrentaron el agitado mundo que les tocó vivir con lo que pudieron: el Concilio Vaticano II que revolucionó la Iglesia y el diálogo con todas las religiones del mundo y la búsqueda permanente de soluciones no militares a los conflictos internacionales.

Un ejemplo de la desactivación de conflictos sin recurrir a las armas, fue la mediación diplomática que Juan Pablo II realizó a la vista de todos en abril de 1987 para solucionar las diferencias de Argentina y Chile por el Canal de Beagle.

El reverendo Joselo Morillo, que dirige el Instituto Juan XXIII de Montevideo y fue ordenado sacerdote por el propio Juan Pablo II, recordó aquellos momentos que desactivaron el diferendo fronterizo por el paso marítimo de 322 kilómetros frente a la costa sur de la Isla Grande de Tierra del Fuego.

Lamentablemente no se ha reconocido la trascendencia que ambos papas tuvieron en la paz del mundo. La encíclica Pacem in Terris (Paz en la Tierra) de Juan XXIII surgió a raíz de la Crisis de los Misiles nucleares de 1962 como un instrumento de paz y de reflexión”, dijo a Excélsior vía telefónica desde la capital uruguaya.

Morillo recordó que Juan Pablo II estuvo en Montevideo un mediodía de abril de 1987 previo a su viaje a Argentina donde se firmaría el Tratado de Paz entre Argentina y Chile por el conflicto del Canal de Beagle, y que el 8 de mayo de 1988 durante una visita pastoral de tres días a Uruguay Karol Wojtyla ordenó a 13 sacerdotes entre los que se encontraba él.

En su opinión, la encíclica Paz en la Tierra de Juan XXIII, demostró ampliamente su vigencia en semanas recientes cuando el papa Francisco envió una carta confidencial a los presidentes Vladimir Putin y Barack Obama para buscar una solución a la crisis de Siria.

Siria es una caldera del diablo. Sin embargo, a través de esta intervención se libró la guerra que estaba a punto de extenderse”, dijo.

El sacerdote español Jesús López Sáez, de la Asociación de la Comunidad Ayala de Madrid, escribió en su libro El Día de la Cuenta sobre el elevado costo que implica que la figura del Pontífice esté llevando a cuestas la responsabilidad de desactivar los conflictos bélicos.

“Ser Papa es tan peligroso como ser el jefe de Estado, o Presidente de un país. El 30 de marzo de 1981, tan sólo mes y medio antes de que el papa (Juan Pablo II) sufriera un atentado, el presidente Ronald Reagan fue herido de un balazo en el pulmón que le disparó John Hinckley cuando salía del Hotel Hilton, en Washington”, dice en The Day of Reckoning, escrito en inglés.

El 13 de mayo de 1981 el turco Mehmet Alí Agca disparó un arma de fuego contra Juan Pablo II cuando saludaba y bendecía a los feligreses en la Plaza de San Pedro.

Dos años después, Juan Pablo II acudió a la cárcel a otorgar su perdón a Agca, quien correspondió a su gesto de misericordia abrazando la religión católica.

Ése no sería el único atentado contra el canonizado Juan Pablo II. El  jueves 13 de mayo de 1982 Juan Fernández y Krohn, un enardecido sacerdote conservador español, intentó apuñalarlo con una bayoneta en el santuario de Fátima a donde acudió para agradecer a la Virgen que sobrevivió al atentado de la Plaza de San Pedro.

En 2008 el cardenal Stanislaw Dziwisz, su secretario privado por 40 años, narró para el documental Testimony, dirigido por Pawel Pitera, los pormenores de aquel ataque que no impidió que celebrara una misa para conmemorar la primera aparición de la Virgen de Fátima el jueves 13 de mayo de 1917.

La prensa europea ha documentado también que en escenarios muy distintos, los papas Juan XXIII y Juan Pablo II, coincidieron hace más de medio siglo en sus esfuerzos por oponerse a los crímenes de Lesa Humanidad cometidos por la dictadura nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

El apuesto joven polaco Karol Wojtyla renunció en 1939 a su prometedora carrera de actor para abrazar el sacerdocio en un seminario clandestino y participar con las organizaciones secretas para salvar a muchos judíos-polacos y húngaros en la ciudad de Cracovia, del exterminio que emprendió el ejército de ocupación nazi.

En esos mismos años el joven delegado apostólico en Turquía, Angelo Giuseppe Roncalli, aparentó una actitud neutral frente al exterminio nazi de judíos, gitanos y disidentes de todas las nacionalidades, para emprender una intensa campaña de bautizos.

En abril, pero de 1998, el entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, honró la petición del fallecido cardenal Antonio Quarrachino para que Lech Walesa, el segundo presidente de Polonia tras la caída del comunismo soviético, develara en la catedral de esa ciudad un monumento mural en conmemoración de los judíos asesinados por el nazismo.

Y ahora, en su calidad de Sumo Pontífice, Francisco siguió la ruta marcada por Juan XXIII y Juan Pablo II, para continuar con la
búsqueda de soluciones no militares a los conflictos internacionales, publicó el 20 de abril L’Osservatore Romano con su titular La Audacia de la Paz.

La edición hizo un recuento de los principales conflictos bélicos del mundo que nombró Francisco en su homilía del Domingo de Pascua y su llamado a descubrir “la audacia de negociar la paz”.

 

Video Recomendado

Comentarios

Lo que pasa en la red