Inmigrante es conocido como el héroe del Maratón de Boston

Carlos Arredondo cuenta cómo vivió el atentado. Hoy hace un año, tras auxiliar a un hombre ese día, se ha convertido en una especie de ídolo

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15/04/2014 05:58 JC Vargas

CIUDAD DE MÉXICO.-  Para Carlos Arredondo, los últimos 365 días se han convertido en una repetición de lo que ocurrió aquella mañana del 15 de abril, en la calle Boylston, en el centro de la ciudad estadunidense de Boston, cuando una bomba improvisada provocó tres muertos, más de 260 heridos y un trauma brutal a los participantes y espectadores del Maratón.

No hay día o noche en las que el otrora inmigrante costarricense recurra a la memoria –ya sea en entrevistas o en la soledad de su habitación– para que el atentado se repita una y otra vez.

El hombre de 52 años, pelo largo, barba de candado, ojos verdes, mezclilla, sudadera y sombrero de vaquero cierra los ojos y vuelve a mirarse entre el caos: sangre en el piso, llanto, cuerpos inertes, extremidades y zapatos sueltos, humo, tribunas en pánico y atletas en pantalones cortos que corren en cualquier dirección.

“No lo puedo evitar”, comenta el ahora llamado héroe de Boston, quien acepta la entrevista con Excélsior, a pesar de lo saturada de su agenda. Y es que desde aquella mañana, luego de que el fotógrafo de AP, Charles Krupa, lo congelara en una imagen que diera la vuelta al mundo, Carlos se ha convertido en una especie de héroe para los que sufrieron el atentado de 2013 y vivieron para contarlo.

Dicha imagen muestra al hombre del sombrero junto al paramédico Allan Panter y una mujer de ojos rasgados, quienes auxilian a un joven en silla de ruedas que ha perdido las dos piernas en la primera explosión. Se sabría después que el joven es norteamericano, que se llama Jeff Bauman y que aquella fatídica mañana esperaba a su novia Erin a que llegara a la meta.

¿Por qué no hui”, responde Carlos vía telefónica y se contesta: “soy payaso de rodeo y estoy acostumbrado a lidiar con la muerte. Apenas escuché la primera explosión y, al igual que en los ruedos, de inmediato me salté la valla para tratar de auxiliar a los heridos. Todavía huelo la sangre y escucho los lamentos. La gente corre y choca. De pronto miro a Jeff en el piso, aturdido y pálido, sin piernas y perdiendo mucha sangre. Le hago un torniquete con un pedazo de suéter en una de las extremidades heridas, le digo que esté tranquilo y es cuando se aparece la mujer con una silla de ruedas. Luego el paramédico”.

Charles Krupa mandaría dicha imagen, entre otras más, a la agencia AP y ésta transmitiría la foto a todo el planeta. Por cosas del destino, Carlos y Jeff se convertirían en la imagen de lo ocurrido en el Maratón de Boston 2013, donde después de la tragedia apareció el rescate. A la prensa estadunidense le gustan las historias trágicas con héroes desconocidos.

Hace rato que habían llegado los vencedores de aquel maratón, pues el cronómetro en la meta marcaba las 04:09.43 horas cuando sucedió la primera explosión. Apenas 13 segundos después volvía a cimbrar el sitio en el que había más gente en el piso que atletas corriendo.

Jeff Bauman estaba a un lado de la meta, cerca de la biblioteca pública esperando a que su novia se apareciera en la meta. Del otro lado de la acera estaba un desconocido con sombrero de vaquero y banderitas de Estados Unidos para repartir. El que pronto se convertiría en su rescatista anónimo también esperaba a corredores.

“¿Qué hacía yo ahí? En 2004 y 2011 fallecieron mis dos hijos: Alexander murió en la guerra de Irak y Brian se quitó la vida. Esa mañana había militares voluntarios caminando los 42 kilómetros recordando a los soldados caídos en la guerra y una mujer samaritana corría la distancia en memoria de mi hijo Brian.”

Carlos Arredondo no podía faltar a la cita.

La otra pesadilla americana

A Carlos le cuesta trabajo hablar en inglés y el castellano se le está dificultando. Dice que Dios está enojado con él desde que abandonó el Barrio México, en San José de Costa Rica. Hijo de zapatero y vendedora de lotería en las calles –nunca se casaron– decidió probar la vida en donde se dice está el sueño americano. Animado por su amigo Irving, el joven payaso de rodeo intentó en los años 80 atravesar varios países, “entre ellos México”, hasta cruzar la frontera americana.

Se ríe al recordar que varias veces lo detuvo la migra, que pasó hambre y que se alimentaba de las sobras que tiraban en un restaurante. También que varios coyotes lo estafaron y la angustia de saberse perseguido por sabuesos en el desierto. “Al final, logré pasar como indocumentado hasta California. Después llegué hasta Boston y decidí que aquí estaba mi destino.”

Lo que no se imaginaba Carlos es que llegar a territorio estadunidense le traería verdaderas pesadillas. Se divorció dos veces. La primera esposa, Victoria Foley, era la madre de Alexander y Brian. Después se casó con Melida, con quien vive a pesar de llevar tiempo también divorciado.

“Mi pesadilla comenzó cuando cumplí 44 años de edad y los festejaba en casa, con mi mamá y amigos. De pronto tocan a la puerta, abro y miro a dos marines que preguntan por el padre de Alexander Arredondo. Mi hijo de 20 años se había enlistado para la guerra en Irak y los soldados llegaban para informarme que ese día Alexander había muerto lejos de casa. Yo me volví loco, les grité a los soldados e incendié la camioneta en la que llegaron. Casi acabo con mi vida, pues el fuego me alcanzó y terminé en el hospital. Pensaron en encerrarme, pero los jueces entendieron que fue la reacción de un padre que acababa de perder a su hijo en la guerra”.

Hay una ley que otorga la ciudadanía a los inmigrantes cuyos hijos han muerto en las guerras de Irak y Afganistán. Desde 2006 Carlos es ciudadano americano. Su exesposa Victoria Foley recibió un seguro militar y se compró una casa cerca del Cementerio rural Walpole, donde yacen los cuerpos de sus dos hijos.

La otra desgracia ocurrió en 2011, cuando Brian decidió quitarse la vida. “A Brian le pegó mucho la muerte de su hermano mayor, comenzó a drogarse y a tomar e intentó el suicido en varias ocasiones. Un día su mamá tocó a la puerta de su habitación y ya no contestó. Cuando abrió la puerta, lo encontró colgado de una cuerda”.

Desde entonces Carlos comenzó a visitar al siquiatra, a tomar un antidepresivo y a pelearse con Dios. No ha tenido un trabajo estable, pues ha laborado como mecánico, camionero, taxista, reparador de máquinas de escribir y payaso de rodeo.

“Cada año voy a San José a visitar a mi mamá y a participar como payaso de rodeo en las fiestas patronales. Allá me dicen El Gringo, porque suelo brincar al ruedo con jersey de futbol americano y gorra de beisbol. Me acostumbré tanto a brincar la barda para llamar la atención del toro en los momentos en que los hombres del ruedo están en peligro, que pienso que eso fue lo que me hizo reaccionar de manera instintiva el día del atentado en Boston. No tuve tiempo de pensarlo, cuando ya había trepado la barda y correr en busca de algún herido”.

365 días de fama

Desde el atentado y la foto que le dio la vuelta al mundo, el hombre del sombrero no ha tenido tiempo para buscar un trabajo fijo. De hecho, los 15 minutos de fama se han alargado para un inmigrante que ahora viaja por el mundo en calidad de héroe y embajador con una camiseta que dice “Boston Strong”.

“La gente me mira en las calles y me invita una cerveza. A veces a comer en un restaurante. No me quejo, pues he tenido la oportunidad de viajar con Jeff (Bauman) a París, Canadá, Costa Rica y varios estados de la Unión Americana. Con Jeff tengo gran amistad y en ocasiones nos reunimos para cenar y mirar un partido de futbol americano por TV. Barack Obama nos invitó a la Casa Blanca, también fuimos a lanzar la primera bola en el Fenway Park, a la primera fila para mirar a los Celtics, y a conciertos. De lo que ocurrió aquella mañana en el atentado casi no hablamos.”

Además de comer gratis en restaurantes y beber sin pagar en los bares de Boston, Carlos Arredondo recibió una camioneta Toyota como obsequio de una agencia en la ciudad, además de que le han regalado decenas de sombreros de vaquero en distintas tonalidades. Él dice preferir el sombrero que le regaló su mamá y el que trata de llevar a cuanta invitación oficial le sigue llegando.

De hecho, estos días han vuelto a ser pesados para Carlos Arredondo, su mujer Melida y todos los sobrevivientes del atentado del Maratón de Boston. “Este 15 de abril se cumple un año de aquella pesadilla y seguramente vamos a estar con otros sobrevivientes en la calle Boylston. El próximo maratón se correrá el lunes 21 y será una semana de mucho movimiento. También el día de la carrera estaremos en la meta, con Jeff, con los otros rescatistas y sobrevivientes. Yo volveré a asomarme con las fotos de mis hijos en la camisa y el sombrero puesto”.

Platica Carlos que Jeff acaba de publicar un libro en el que el hombre del sombrero aparece como uno de los personajes principales. “Sabe, yo también estoy escribiendo el mío, aunque no sólo narro lo que pasó en 15 de abril de 2013; también cuento mi vida en el Barrio México, mis aventuras como payaso de rodeo y cómo es que llegué hasta Estados Unidos”.

Las muertes de Alexander y Brian tendrán un capítulo especial, así como mensajes para aquellos que pierden un familiar en la guerra y los que sufren por aquellos que se quitan la vida. “Mi libro quizá saldrá en mayo”, explica el hombre de 53 años, quien llegó a ser investigado por el FBI tras convertirse en sospechoso, por ser latino, antes que ser reconocido como un héroe.

Carlos recuerda que él ya se había regresado a vivir a Costa Rica y que fue Melida, su exesposa, la que le insistió en que regresara a Boston. Que lo extrañaba. Así que Carlos pisó territorio gringo una semana antes de que se celebrara el Maratón. Apenas se enteró que soldados estadunidenses recorrerían los 42.195 kilómetros –con uniforme y mochila en la espalda– en memoria de los combatientes caídos y que una mujer samaritana trotaría en honor al hijo que se quitó la vida, de inmediato se apuntó para estar entre los espectadores.

Aquella mañana, Carlos se puso el sombrero que le regaló su mamá, se colocó las fotos de Alexander y Brian en la sudadera y se dirigió a la meta, en la calle Boylston, a esperar que cruzaran aquellos que corrían en nombre de sus hijos. No se imaginaba que él se convertiría en uno de los protagonistas, aquel 15 de abril de 2013. Hoy, Carlos Arredondo, seguramente volverá a contar su historia.

 

Recordarán a víctimas en Boston

Con la presencia del vicepresidente estadunidense, Joe Biden, como máxima autoridad, la ciudad de Boston rendirá homenaje hoy a las víctimas del doble atentado perpetrado exactamente un año atrás en la línea de llegada de su tradicional maratón.

Las ceremonias se llevarán a cabo en el lugar donde se produjeron los atentados, en Boylston Street y en el moderno Centro de Convenciones y Memorial de Veteranos de Hynes, ubicado sobre la misma calle de la ciudad de Massachusetts.

Dos bombas artesanales presuntamente fabricadas por dos hermanos de origen checheno, Dzhokhar y Tamerlan Tsarnaev, explotaron la tarde del 15 de abril de 2013 cerca de la línea de la meta del maratón más antiguo del mundo, provocando tres muertos y 264 heridos.

Los Tsarnaev fueron identificados días después gracias a filmaciones de cámaras y miles de fotografías. Tamerlan, de 26 años, fue abatido por la policía el 19 de abril luego de haber matado a un oficial, y Dzhokhar, de 20 años actualmente, fue capturado horas más tarde.

El más joven de los Tsarnaev espera juicio acusado de 30 cargos federales. El gobierno de Estados Unidos anunció el 30 de enero que solicitaría la pena de muerte.

El tributo de hoy “rendirá homenaje a aquellos afectados por los acontecimientos del año pasado, incluyendo a quienes perdieron sus vidas, sobrevivientes y socorristas”, indicaron los organizadores.

La primera ceremonia se llevará a cabo en el Centro de Convenciones Hynes, y además de Biden estarán entre los oradores el gobernador Deval Patrick, el alcalde de Boston, Martin J. Walsh, y su predecesor Thomas Menino.

También hablarán sobrevivientes del ataque, por lo que se espera un acto muy emotivo. Han sido invitados a la ceremonia socorristas y personal médico.

Más tarde, se izará una bandera y habrá un breve momento de silencio en la línea de llegada del maratón en Boylston Street entre las 14:30 y las 15:00 horas, tiempo local, cuando estallaron las bombas.

Alrededor de una docena de personas sufrieron amputaciones por las heridas sufridas por los clavos y trozos de metal que contenían las ollas a presión utilizadas como explosivos en el ataque.

Este año el Maratón de Boston, que se corre desde 1897, se celebrará el próximo lunes 21 de abril.

 

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