Angela Merkel prefiere lejos a Snowden

Aunque las revelaciones del excontratista de la NSA fueron útiles en un principio para la canciller alemana, su gobierno no está dispuesto a promover que Snowden comparezca ante la comisión parlamentaria en Berlín

COMPARTIR 
14/04/2014 01:37 Enrique Müller/Especial

BERLÍN, 14 de abril.– Alemania tiene, desde hace ya casi un año, una enorme deuda de gratitud con Edward Snowden, el famoso excontratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), quien reveló al mundo la gigantesca labor de espionaje que la agencia ha estado llevando a cabo en casi todas las capitales del mundo, un trabajo que incluyó el espionaje a jefes de estado y de gobierno, sedes diplomáticas de países aliados de Estados Unidos, conferencias internacionales, ciudadanos normales e instituciones civiles.

Gracias a Snowden, el país sabe ahora que la NSA y su socio británico GCHQ, obtuvieron y archivaron millones de datos de ciudadanos alemanes y también está agradecido de la información proporcionada por el exanalista, quien reveló que el celular de la canciller Angela Merkel había sido espiado durante más de 10 años desde la embajada de Estados Unidos en Berlín.

Las revelaciones de Snowden dieron origen a un delicado trabajo diplomático impulsado por el gobierno alemán para obtener algunas concesiones de
Washington, que hicieran posible recuperar la confianza perdida. Alemania quiso obtener un acuerdo de no espionaje entre los dos países y también solicitó acceso a los archivos que guardan las informaciones que obtuvo la NSA de la propia canciller.

En una acción paralela, el Parlamento Federal alemán accedió a crear una comisión de investigación especial destinada a esclarecer el espionaje realizado por la NSA y cuya principal misión sigue siendo invitar a declarar a Snowden ante la comisión parlamentaria, un deseo expresado por los dos partidos de oposición que están representados en el Bundestag, La Izquierda y los Verdes.

La creación de esta comisión, integrada por representantes de todos los partidos del Parlamento Federal demuestra que no aceptamos el espionaje masivo a nuestros ciudadanos”, se atrevió a decir el presidente de la comisión, el cristianodemócrata, Clemens Binninger, cuando el grupo inició su trabajo, el 3 de abril pasado.

Pero todas las iniciativas que impulsó el gobierno chocaron con un férreo muro de silencio impuesto por
Washington. El ministerio del interior alemán envió en tres ocasiones diferentes (junio, agosto y octubre de 2013) un catálogo de preguntas a la embajada de Estados Unidos en Berlín. El Ministerio aún sigue esperando una respuesta. Washington también negó a Merkel el acceso a su archivo personal en poder de la NSA.

Hace unos días, el ministro del Interior, Thomas de Mazière, admitió que el famoso acuerdo de no espionaje que deseaba suscribir Berlín, jamás vería la luz y se atrevió a señalar que los métodos de espionaje llevados a cabo por la NSA podían estar justificados por razones de seguridad, pero sus tácticas habían sido “excesivas y sin límites”.

El desprecio oficial de Washington revivió en el seno de la comisión parlamentaria, que tiene la difícil misión de investigar los pecados cometidos por la NSA en territorio alemán, la urgente necesidad de traer a Snowden a Berlín para aclarar la dimensión verdadera del escándalo. El jueves pasado, los representantes de La Izquierda y los Verdes, que apoyan la llegada del excontratista a Berlín vivieron una sorpresa mayúscula cuando el presidente de la comisión, el diputado Binninger, renunció a su cargo y pospuso el debate hasta el 8 de mayo próximo, una fecha que no fue elegida al azar y que está relacionada con una visita que realizará la canciller Merkel a Washington a comienzos de mayo. “Fue una decisión orquestada desde la Cancillería”, dijo un diputado de la oposición.

Aunque Merkel debería estar agradecida de las revelaciones de Snowden, no quiere que el excontratista aterrice en Berlín para declarar ante la comisión parlamentaria, un deseo que pretende evitar una peligrosa reprimenda de Barack Obama, quien dejó saber que no podía entender como el enemigo público número uno de su país podía ser recibido casi con honores en Berlín y que las autoridades alemanes, en lugar de extraditarlo a Estados Unidos, le ofrecieran una residencia oficial permanente en el país.

Aunque la canciller nunca se manifestó en contra, al menos públicamente, de un interrogatorio de Snowden, desea evitar que su hipotética visita a Berlín pueda ser utilizada por el excontratista de la NSA como un medio para permanecer en Alemania. “Es una decisión del gobierno que no está dispuesto a conceder un permiso de residencia a Snowden”, señaló un político alemán que pidió el anonimato.

También hay otros argumentos poderosos que convencieron a la canciller de impedir, con todos los medios legales a su alcance, la llegada de Snowden a Berlín. El gobierno y los servicios de inteligencia alemanes temen que Snowden pueda dejar al desnudo la estrecha colaboración que ha existido entre la NSA y los espías alemanes. Peor aún, los servicios de inteligencia alemanes temen que la NSA decida reducir el intercambio de informaciones.

En palabras del ministro del interior alemán, “sin la colaboración de los americanos, los servicios de inteligencia alemanes serían ciegos y sordos”. “Estados Unidos ha manifestado, de forma informal a Berlín, que una permanencia de Snowden en Alemania sería considerada como una afrenta”, señaló el periódico Süddeutsche Zeitung, al revelar que Snowden podría añadir nuevas informaciones sobre el banco de datos de la NSA que aún tiene en su poder y ofrecer nuevas pistas sobre el espionaje que realizó la NSA contra políticos alemanes.

Confrontados a la certeza de que el gobierno desea impedir que Snowden llegue a Berlín, los Verdes anunciaron que están dispuestos a recurrir a la justicia para lograr que el excontratista revele sus secretos ante la comisión de investigación. “Estamos estudiando la posibilidad de acudir al Tribunal Federal para dilucidar si se cometió una violación al derecho de las minorías”, dijo el diputado verde, Konstantin von Notz, al señalar que la decisión de invitar a Snowden no puede ser bloqueada por la mayoría parlamentaria que tiene el gobierno en la comisión de investigación y que las autoridades estaban obligadas a garantizar la seguridad de Snowden en territorio alemán.

Las leyes también permitirían a  Alemania ignorar el acuerdo de extradición que suscribió con Estados Unidos, si se demuestra que la permanencia de Snowden obedece a salvaguardar importantes intereses políticos de Alemania, una posibilidad que podría terminar de arruinar las relaciones transatlánticas.

En medio de la polémica, el abogado alemán de Snowden, Wolfgang Kaleck, revelo que su cliente está dispuesto  a declarar  ante la comisión del Parlamento Federal. “Estoy dispuesto a declarar ante la comisión parlamentaria y no pongo condiciones en principio”, dijo Snowden desde su exilio en Rusia en una carta que entregó su abogado a la comisión parlamentaria.

Para hacer más interesante su oferta, Snowden señaló que las condiciones en las que pueda realizar su declaración determinarán el nivel de detalles de su testimonio. En otras palabras, si Alemania le garantiza una residencia en el país y protección, el excontratista de la NSA está dispuesto a revelar todos sus secretos.

 

 

Comentarios

Lo que pasa en la red