Legado familiar reina en cargos políticos de EU

Tanto la Presidencia como los escaños en el Congreso del país vecino han estado marcados por dinastías políticas que avanzan en ese ámbito ayudados por su apellido

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05/04/2014 05:04 María Fernanda Navarro

CIUDAD DE MÉXICO, 5 de abril.- Lejos se vislumbran aún las elecciones presidenciales de Estados Unidos y las apuestas ya están centradas en torno a dos de los posibles candidatos a la contienda electoral de 2016: Hillary Clinton, por el bando de los demócratas, y Jeb Bush como abanderado de los republicanos.

La posible repetición de estos dos apellidos en las boletas electorales ya está generando interrogantes respecto a la continuidad de dos familias en la Casa Blanca por más de dos décadas.

A Jeb Bush lo precede su padre George H. Bush, que gobernó de 1989 a 1993; y su hermano mayor George W. Bush, presidente de Estados Unidos de 2001 a 2009. En tanto que el esposo de Hillary, Bill Clinton, estuvo a cargo del Ejecutivo de ese país de 1993 hasta 2001.

“Para una nación que prohíbe constitucionalmente el poder heredado, Estados Unidos siempre ha tenido una debilidad por la realeza política”, sentenció una publicación del periódico británico The Guardian a cargo de Karen McVeigh, en la que también aseguró que la victoria electoral en las primarias por el título de comisionado de las Tierras —cargo políticamente importante en Texas— de George P. Bush no es para nada una sorpresa.

En tanto Larry J. Sabato escribió para Politico Magazine que “la sola idea de que únicamente dos familias alternas podrían ocupar la Casa Blanca por 28 de los 36 años entre 1989 y 2025 habría sido detestable para los padres fundadores de Estados Unidos. (…) La Presidencia nunca se suponía que fuera una herencia familiar”.

Sin embargo, los Bush y los Clinton no son los únicos apellidos que se reproducen en los cargos políticos de ese país. De hecho, la silla presidencial ha visto desfilar una serie de integrantes de la misma familia desde la conformación de Estados Unidos como nación.

El segundo presidente de la historia estadunidense, John Adams, vio a su hijo John Quincy Adams ocupar el mismo cargo en 1825. A la lista se integran William Henry Harrison, quien falleció 30 días después de asumir la Presidencia en 1841 y su nieto, Benjamin Harrison, quien ocupó la Presidencia de 1889 a 1893, además de los primos Theodore y Franklin Roosevelt que gobernaron de 1901 a 1909, y de 1933 a 1945 respectivamente.

Las dinastías políticas estadunidenses han resistido el paso del tiempo y conquistado diversos puestos de elección popular, entre los más famosos están los Kennedy cuya estirpe ocupó un cargo presidencial, tres en la Cámara de Senadores, cuatro en la Cámara de Representantes, además de otros puestos como el de Caroline Kennedy, que hace poco presentó sus cartas credenciales como nueva embajadora de Estados Unidos en Tokio.

Con un vicepresidente, tres gobernadores, dos senadores y dos integrantes de la Cámara de Representantes, la familia Rockefeller es también una de las que han ocupado más puestos públicos en Estados Unidos.

Un caso digno de mencionar es el de la descendencia del Hamilton Fish, quien en 1848 fue electo gobernador de Nueva York y en 1851 formó parte del Senado de Estados Unidos; su hijo Hamilton Fish II, fungió en la Cámara de Representantes de 1900 a 1911; su nieto Hamilton Fish III también ejerció como diputado de 1920 a 1945, y Hamilton Fish IV, el bisnieto, ocupó un asiento en la misma Cámara de 1969 a 1995.

Ante estos casos que se repiten en la actualidad con los hijos y nietos de distinguidos políticos como ocupantes de asientos en cargos de elección popular además de otros cargos políticos, Sabato apuntó que “la función pública en muchos lugares casi se ha convertido en un derecho de linaje”.

El director del Centro de Política en la Universidad de Virginia, aseveró en su artículo que la política estadunidense se ha convertido en un negocio familiar y que, en muchos casos, los contactos construidos durante décadas, son invaluables y “lástima del oponente que empieza de cero”.

Acceso fácil a descendientes

Pedro Dal Bó, académico del departamento de Economía en la Universidad de Brown y coautor de la investigación Political Dynasties, dijo en entrevista telefónica con
Excélsior que sus estudios sugieren que “hay diversos factores en el mercado de la política que una vez que estás en ella y eres poderoso, facilitas el acceso a tus descendientes”.

“Una cosa que vemos es que los hijos de dinastías políticas no necesariamente tienen mucha experiencia pública, desde chicos no están ocupando cargos públicos. Eso sugiere que quizás no es una vocación por lo público que fuera heredada de los padres.

“También vemos que los lugares con menos competencia política tienden a tener más dinastías y podríamos decir que cuando no tienes mucha competencia, un político poderoso se puede dar el lujo de poner a su hijo en un cargo de esta naturaleza”, explicó.

Tomando en cuenta estos factores Dal Bó considera que es posible que la dinastía política esté relacionada con ciertas imperfecciones de la democracia.

A diferencia de profesiones como la de economista, abogado o dentista la cantidad de dinastías que hay en el Congreso estadunidense es muy elevado, descubrió el académico en su investigación, que data del año 2009.

Jason Snyder, de la Universidad de California, Berkeley, coincide con Dal Bó: “es diez veces más probable que un hijo siga la profesión de su padre si es político que si es médico o abogado. Creo que es porque hay grandes barreras para entrar a la política, además, es una profesión en la que puedes ayudar con el fin de abrirte camino hacia un cargo político”.

Snyder señaló la conducta de los ciudadanos estadunidenses, debido a que la mayoría de las dinastías políticas se encuentran en cargos de elección popular: “la mayoría de los votantes eligen basados en su afiliación política y no en las cualidades o defectos de la persona que representa a uno u otro partido”.

Explicó que estas dinastías pueden dar la impresión de que la política no está abierta a cualquiera: “las personas pueden decir ‘bueno se supone que somos una democracia, pero no es algo a lo que yo realmente tenga acceso”, y en cambio cuando ves a alguien como Barack Obama que no tuvo conexiones políticas en su familia y marcó su propio camino, puede generar entusiasmo”.

Aunque consideró necesario tener cuidado al señalar a los integrantes de grandes familias políticas: “no podemos decir que son completamente buenas o malas, por ejemplo los hijos de los políticos han pasado toda su vida en ese entorno; eso puede provocar que tengan una tremenda experiencia y por tanto sean legisladores más efectivos”.

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