Merkel se radicaliza ante Vladimir Putin

La canciller de Alemania cambió su postura pasiva y amenazó con severas sanciones contra Rusia

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14/03/2014 00:52 Enrique Müller/ Especial

BERLÍN, 14 de marzo.– Durante dos eternas semanas, la canciller Angela Merkel mantuvo una postura que inquietó a sus aliados europeos y a Washington, al dar señales inequívocas de que estaba en contra de aplicar sanciones a Rusia y que favorecía, por todos los medios posibles, la vía diplomática para aplacar la graves crisis que afecta a Ucrania.

Pero Merkel, una mujer pragmática y que prefiere anunciar medidas drásticas sólo cuando está en condiciones de llevarlas a cabo, cambió ayer radicalmente de posición y amenazó, desde la tribuna política más importante de Alemania, con aislar a Rusia de la comunidad internacional si el presidente Vladimir Putin no cambiaba de rumbo en Ucrania.

En una categórica declaración de su gobierno que leyó ante el pleno del Bundestag o Parlamento, Merkel anunció que todos los países de la Unión Europea estaban preparados y de acuerdo para implementar duras sanciones contra Rusia, en el caso de que estas medidas tuvieran que aplicarse.

Si Rusia continúa con su curso de las últimas semanas, no sólo sería una catástrofe para Ucrania”, dijo la canciller en un tono que sorprendió por su dureza y agresividad. “No sólo volveríamos a ver a nuestros vecinos de Rusia como una amenaza. Y no sólo cambiaría la relación de la Unión Europea con Rusia. No. Todo esto podría causar daños cuantiosos a Rusia, económica y políticamente”, sentenció la canciller, quien tuvo que admitir una serie de humillaciones cuando estalló la crisis, primero en Ucrania y posteriormente en Crimea.

Alemania, que desea asumir un rol más destacado en el concierto global y asumir responsabilidad a la hora de enfrentarse con crisis internacionales, asumía una ofensiva diplomática en Ucrania que hizo prevalecer el diálogo antes que las amenazas, una posición que fue aceptada a regañadientes por sus socios, ante la certeza de que Merkel disfrutaba de una posición privilegiada a la hora de negociar con Putin.

Pero la ofensiva diplomática lanzada por Berlín se estrelló contra los muros del Kremlin. La primera oferta de negociación propuesta por el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, –el envío de una comisión de investigación, bajo mandato de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE)–, aunque fue aceptada en un principio por Putin, nunca pudo concretarse porque los enviados internacionales fueron recibidos a balazos por soldados rusos en Crimea.

Tampoco fructificó una oferta personal de Merkel al líder ruso. Durante una conversación telefónica realizada el domingo antepasado, la canciller le propuso a Putin estudiar la posibilidad de dotar a Ucrania de una estructura federal, una solución que podría garantizar los derechos de las minorías y evitar, al mismo tiempo, la anexión de Crimea a Rusia.

A pesar del primer fracaso, Steinmeier le dijo a su colega ruso, Serguei Lavrov, en una agitada reunión que tuvo lugar la semana pasada en Ginebra, que Occidente estaba dispuesto a renunciar a implementar sanciones económicas contra Rusia si Putin ordenaba aplacar las tensiones en Crimea. La respuesta del mandatario ruso fue categórica. Fijó una fecha para la convocatoria de un referéndum que debe aprobar, este domingo, la independencia de Crimea y su furura anexión a Rusia.

Merkel y Steinmeier calificaron la convocatoria del referéndum como ilegal, contrario a la Constitución de Ucrania, además de representar una violación flagrante al derecho internacional. La denuncia no impresionó a Putin, quien dejó saber que la Federación Rusa estaba dispuesta a aceptar la anexión de Crimea si la población se expresaba a favor de ella.

La férrea posición mostrada por Putin en la crisis ucraniana dejó al desnudo que la nueva política exterior alemana, que pretendía consolidar un nuevo rol de liderazgo y dejar de lado la “política de restricción”, aplicada en el gobierno anterior y que impulsó el exministro Guido Westerwelle, fracasó en su primer desafío y quedó expuesta al ridículo por la actitud que aún mantiene el Presidente ruso.

¿Fue ésta la razón por la cual la canciller decidió cambiar de estrategia y hacer suya ahora la vieja y convincente política de la zanahoria y el garrote a la hora de enfrentarse a Putin? Desde el Bundestag, Merkel amenazó con implementar sanciones económicas que van desde la congelación de las cuentas bancarias de los políticos, militares y oligarcas, hasta llegar al extremo de asfixiar económicamente a Moscú.

Pero la canciller, a pesar de la dureza de sus palabras y la energía que mostró para amenazar a Rusia, dejó abierta la puerta para buscar una solución política. En primer lugar, descartó la opción militar y apostó por la creación de un grupo de contacto internacional en el que sea posible un diálogo directo entre Moscú y Kiev que pueda hablar sobre todos los temas que sean necesarios, incluido el derecho a la autonomía de Crimea.

Una cosa es clara: la intervención militar no es una opción”, afirmó Merkel. “Para solucionar la crisis necesitaremos un largo aliento, pero tenemos que enfrentarla con entereza porque se trata de la defensa de la integridad de un país europeo”. Aún no está claro cómo reaccionará Putin a las palabras de Merkel, pero ya dejó saber que aceptará la creación de un grupo de contacto internacional, sólo si Occidente reconoce la validez del referéndum en Crimea.

La canciller también rechazó las comparaciones de la crisis de Crimea con lo que sucedió en Kosovo, que declaró su independencia violando el derecho internacional. “La intervención en Kosovo se dio después de que la comunidad internacional observara impotente operaciones de limpieza étnica y de que Rusia bloqueara toda resolución del Consejo de Seguridad”, dijo.

“La huida de Yanukóvich acabó con la paciencia de Putin”, admitió un diplomático europeo en Berlín, quien está convencido de que la actual política del Presidente ruso obedece también a un tardío acto de venganza que tiene su origen en Kosovo. Putin intentó impedir, por medios diplomáticos, la declaración unilateral de independencia de la antigua provincia serbia. Pero, gracias al interesado apoyo de Estados Unidos y de sus principales socios (Francia, Alemania y Reino Unido), los albano-kosovares, en una abierta violación al derecho internacional y a una importante resolución de Naciones Unidas, que estipuló que Kosovo obtuvo la ansiada independencia en mayo de 2008.

Este incómodo capítulo de la política internacional europea fue rescatado ayer por Gregor Gysi, el líder del partido La Izquierda, quien recordó que Alemania, al avalar la independencia de Kosovo, había violado el derecho internacional y que había llegado la hora para que Merkel aclarara por qué rechazaba en Crimea lo que había permitido en la exprovincia
serbia.

Con Kosovo se abrió la caja de Pandora”, dijo Gysi, al recordar que los vascos y los catalanes desean buscar la independencia de España, al igual como lo harán los rusos de Crimea este domingo. “Yo mantengo mi opinión: la independencia de Crimea será una violación al derecho internacional, igual como lo fue la independencia de Kosovo”.

 

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