En España se abren a la mariguana

Ámsterdam dejó de ser el único lugar de excepción en Europa para fumar mariguana más o menos admitido. Barcelona aparece hoy como la nueva capital europea de la yerba.

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16/02/2014 02:20 Patricia Godoy /Corresponsal

BARCELONA, 16 de febrero.— De Montevideo a Denver; de Nueva York a Miami. De México DF a Berlín, Copenhague o Barcelona. El debate internacional —abierto y público— sobre la legalización del consumo regulado de mariguana se extiende en muchas sociedades que, por primera vez en decenios, enfrentan este fenómeno más allá de la tradicional perspectiva prohibicionista.

En las ciudades europeas, tradicionalmente más tolerantes, el consumidor de mariguana no ha sido perseguido de manera tan clara y directa como en América. En los últimos años, Ámsterdam —histórica capital de los “coffeshops” donde se podía fumar de forma legal— ha dejado de ser la única ciudad de excepción para el consumo más o menos admitido.

El fenómeno en España

A pesar de que a los representantes de los clubes cannábicos no les gusta, Barcelona aparece hoy como la nueva capital europea de la mariguana. De hecho, las web de referencia para que los viajeros conozcan la aceptación legal y social de la cannabis, ya recomiendan ir a Barcelona antes que, por ejemplo, a Ámsterdam. La prensa local de la ciudad también comenta, incluso, un nuevo fenómeno, “el turismo del porro” (como se conoce popularmente aquí el cigarro de mariguana) y hasta le llama “El Ámsterdam soleado”. Pero ¿qué hay detrás del auge de los clubes cannábicos de Barcelona?

Para responder esta pregunta, Excélsior se desplazó al popular barrio de Sants, una zona alejada del bullicio turístico del centro histórico de Barcelona, para conocer uno de los clubes de mariguana más antiguos de España. Se llama “La Maca” y está situado en el interior de un edificio cualquiera de viviendas. Tras tocar  un timbre, en su interior nos encontramos con José Afuera, representante del Movimiento Cannábico de Autoconsumo, que nos deja claro que en los clubes cannábicos se tiene “un control absoluto de la sustancia y una regulación muy estricta”.

Control y regulación. Son las palabras clave que parecen definir la gestión de este espacio en el que hoy media docena de socios —de los 500 que tiene— conversan animadamente alrededor de una mesa. Mientras lían sus cigarros de mariguana, José Afuera nos explica que estos locales cumplen una doble función: “poner en práctica un modelo alternativo de autoproducción y autoconsumo y, al mismo tiempo, queremos demostrar que las políticas actuales de prohibición de las drogas han fracasado totalmente”.

Una difusa legalidad

No existen cifras oficiales, pero se calcula que en España existen unas 500 asociaciones cannábicas como “La Maca”. Son clubes privados sin ánimo de lucro que pueden dispensar mariguana entre sus socios, según el principio del “consumo compartido” por el que los socios se juntan para cultivar y compartir la cosecha.

Es decir, hacen grandes plantaciones colectivas de cannabis y ésas (sólo ésas) serán las que consumirán los socios, que son quienes con sus cuotas financian la producción de la hierba y el mantenimiento y la gestión del local.

Una vez claro el funcionamiento, la pregunta siguiente es: ¿son legales estos lugares?

En principio sí, aunque se mueven en una frontera legal difusa que les obliga a mantener un constante estira y afloja con las autoridades españolas. Se amparan en los huecos de una legislación que penaliza el tráfico pero no el consumo privado y colectivo.

Control de calidad y del consumo

En España el consumo de cualquier droga ilícita está despenalizado desde 1974. Por ejemplo, cultivar mariguana para consumo propio no es delito, pero sí lo sería hacerlo para “obtener o poseer la droga con ánimo de traficar”.

Los clubes de mariguana son locales con acceso restringido a socios mayores de 21 años —previamente consumidores y avalados por otro socio — que están regulados bajo estrictas medidas de seguridad y control.

Para acceder a Airam, otro club cannábico, situado en una céntrica calle del barrio antiguo de Barcelona, tenemos que pasar por una cámara de seguridad y dos puertas. Dentro nos espera Albert Tió, portavoz de la Federación de Asociaciones Cannábicas Autorreguladas de Cataluña (FACAC), que mientras nos da un tour por el lugar nos explica que estos clubs son “un círculo cerrado en el que poder consumir de manera libre y controlada —con limites mensuales y diarios — y con controles de calidad”.

Una cafetería donde sirven tés o cervezas, una pantalla gigante de televisión, cómodos sofás y hasta una mesa de mezclas para DJ, es parte de lo que ofrece este club de mariguana a sus socios.

“Yo creo que lugares como éste son un gran paso adelante”, comenta a Excélsior uno de los socios que fuma un cigarro de mariguana, mientras descansa en uno de los sillones.

Nuevas políticas frente al prohibicionismo

En el dispensario, una pequeña habitación donde se controla y distribuye el cannabis, comprobamos cómo los socios se identifican y firman antes de retirar la mariguana que les corresponde, de acuerdo a la aportación de dinero que hicieron previamente.

Tió explica a este diario que “este riguroso control y previsión es la base que justifica toda la mariguana que cultiva la asociación”.

En los últimos años, estos clubes han proliferado en grandes ciudades españolas como Barcelona, pero también en Madrid o Bilbao y han abierto un debate público que, incluso, se fomenta desde las propias asociaciones: “Es momento de que el debate sobre la legalización salga a la calle, llegue a los parlamentos y se creen políticas”, plantea Albert Tió.

La lucha contra el mercado negro

José Afuera asegura que estos clubes privados ayudan a destruir el mercado negro de las drogas y todas sus violentas consecuencias. “Cuando tu compras un gramo de algo ilegal en el mercado negro estás fomentando las mafias armadas, la violencia contra los productores, la corrupción”, comenta.

¿Y quién es el enemigo? Aquí tienen claro que el enemigo es la mafia internacional que domina el mercado global de drogas mientras aún sean ilícitas.

Afuera y sus asociados son optimistas: “Tardaremos décadas en cambiar todo esto, pero esperamos que cuando volteemos la vista atrás, veamos el prohibicionismo como un gran error que cometió la humanidad”.

El museo de la cannabis más grande del mundo

No lejos de Airam, el club cannábico en el barrio antiguo de Barcelona, se puede comprobar cómo el uso de la Cannabis no es un asunto de nuestros días. Así lo puede constatar cualquier visitante del Palacio Mornau de Barcelona donde se encuentra el museo de la mariguana más grande del mundo.

En una de sus salas, una pintura holandesa de 1660 nos muestra, por ejemplo, a un grupo de amigos fumando mariguana en un antiguo café de Ámsterdam. Es sólo uno de los más de 6 mil objetos relacionados con la cannabis que guarda este curioso museo.  Sophie Laborda, directora de esta institución, comenta a este diario que “lo que más sorprende al visitante es comprobar que esta planta forma parte de la vida cotidiana de la gente común a través de la historia y en todo el mundo, con muchas utilidades diversas.”

El ¿fracaso? de la prohibición

Uno de los más activos defensores de la necesidad de legalizar y regular el consumo de mariguana, el expresidente de Colombia (1994-98) Ernesto Samper que publicó en España el libro Drogas, prohibición o legalización (2013), afirma que lo que vemos hoy en países como Uruguay o en ciudades como Barcelona es que “el prohibicionismo no ha funcionado y hay que cambiar el chip”.

Samper tiene muy claro que las drogas “no son todas iguales” y que hay que aplicar el concepto de “selectividad” con la mariguana porque, como ha escrito recientemente, “nadie se ha muerto nunca de una sobredosis de Mariguana”.

Algunos especialistas de la ONU ya hablan del declive prohibicionista, ese fenómeno que también se documenta en el Museo de la mariguana de Barcelona donde, expuestos no sin cierta ironía, se pueden leer mensajes que alertaban a la juventud de mediados del siglo pasado sobre los peligros del “vicio” de fumar una planta calificada como “asesina de la juventud.”

Hoy, en pleno siglo XXI, esos carteles publicitarios empiezan a parecer una paradoja del pasado porque, como el humo que desprende un cigarro de la yerba, el tabú que durante años ha envuelto al debate sobre su legalización se esfuma.

Sólo hay que mirar en el interior de los clubes cannábicos de Barcelona, la nueva Ámsterdam de Europa.

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