En Estados Unidos, auditan finanzas del pentágono

En los últimos 20 años el Departamento de Defensa ordenó cuatro auditorías para ubicar el destino de millones de millones de dólares que recibió

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09/02/2014 02:27 José Carreño Figueras
Fotoarte: Julio Grimaldo

CIUDAD DE MÉXICO, 9 de febrero.- En los últimos diez años el Departamento de Defensa de Estados Unidos recibió unos 8.5 millones de millones de dólares.

Pero en los últimos 20 el Departamento de Defensa ha iniciado al menos cuatro auditorías mayores con la esperanza de tener una mejor idea de dónde quedó una buena parte de ese dinero.

De hecho, según algunas estimaciones, podría hablarse de algo más que dos millones de millones de dólares.

Está actualmente en la quinta auditoría, indicó la cadena de periódicos McClatchy. Se espera terminarla en 2017. Y con suerte, habrá algún resultado.

Pero los antecedentes no son alentadores. Una extensa investigación hecha por la agencia Reu-ters —que nunca la resumió ni la tradujo al español— puntualizó que “el Pentágono no puede responder por sí mismo. Como prueba, considérese que una ley en efecto desde 1992 requiere auditorías anuales de todas las agencias federales, y sólo el Pentágono no ha cumplido jamás”.

De hecho, parecería una tragicomedia. El Departamento de Defensa es visto como un insaciable pozo sin fondo y recibe un presupuesto superior al Producto Nacional Bruto de la mayoría de los países, excepto los 20 mayores.

Pero nadie está del todo seguro qué pasa con parte considerable de ese dinero.

“En este edificio y a pesar de (estar en) la era de recursos escasos afectados por amenazas crecientes, el dinero desaparece en deberes duplicados y una burocracia hinchada, no por ambición sino por atascamiento... la innovación es ahogada, no por maldad sino por inercia”, dijo en 2001 el entonces secretario de Defensa Donald Rumsfeld.

Como un ensayo realizado pocos años antes por el gobierno de Bill Clinton, el intento de
Rumsfeld para poner orden en las finanzas del Pentágono fracasó ante la realidad. En el caso de Rumsfeld, los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, la subsecuente intervención militar en Afganistán y la guerra en Irak, restaron bríos a las demandas contables y de austeridad.

Pero las necesidades de mantener vigilancia sobre las finanzas del Pentágono no han cedido. Los problemas, aseguró un reporte de McClatchy, “sólo han empeorado”.

De hecho, ya en 1991 el entonces secretario de Defensa Dick Cheney había creado el Servicio de Finanzas y Contabilidad del Pentágono con la idea de ayudar al manejo de los enormes fondos destinados al Pentágono y evitar vergüenzas como los tornillos de 35 dólares o los martillos de 435.

Dos décadas después aún buscan lo mismo.

El Departamento de Defensa de Estados Unidos recibe el mayor presupuesto en el gobierno estadunidense y eso se refleja en sus problemas contables. Las cantidades son tales que “hasta un muy bajo porcentaje de errores costaría decenas de millones de dólares a los contribuyentes”, señaló McClatchy.

Con todos los señalamientos estadunidenses sobre contabilidad y transparencia, el Pentágono no es precisamente un modelo a seguir, de acuerdo con todos los reportes conocidos.

El trabajo de Reuters indicó, por ejemplo, que el Pentágono usa por lo menos 2,200 sistemas contables diferentes. De hecho, en una entrevista citada por esa agencia, el exsubsecretario de Defensa Gordon England indicó que “no estoy seguro de que nadie sepa cuántos sistemas hay”.

En mayo de 2011, el entonces secretario de Defensa Robert Gates afirmó que para él y su equipo de asistentes les resultaba imposible obtener respuestas a preguntas tan simples como “¿Cuánto dinero gastó?” y “¿Cuánta gente tiene?”.

En ese marco, todo señala que los legendarios pagos de 400 dólares por martillos o 600 por asientos de “toilet” no son ni fueron tanto cuestión de corruptela per se o de pagos absurdos. Lo más probable, según se desprende de una investigación realizada por la empresa en 2013, es que haya sido la forma de balancear libros y hacer cuadrar las cifras.

No es que no haya habido algunos o muchos que se beneficiaron o aprovecharon de los problemas contables del Pentágono. Ha habido instancias de personas detenidas por desfalcos o cobros exagerados que en algunos casos acumularon las relativamente magras sumas de diez o 20 millones de dólares.

Pero en buena parte es una forma de corruptela institucional. De contabilidad truqueada para hacer parecer que las cifras de ingresos y egresos “cuadren” a la compra absurda y redundante de refacciones, equipo o materiales innecesarios.

O también, la obligación por mandato congresional de adquirir o sostener la fabricación de equipo obsoleto o ya redundante.

Técnicamente no cuenta como corrupción, ni puede ser adscrita al Pentágono. Pero sale de su presupuesto.

De hecho, la investigación de Reuters cita a Linda Wood-ford, una empleada del Servicio de Finanzas y Contabilidad del Departamento de Defensa, “que pasó los últimos 15 años de su carrera insertando números falsos en las cuentas”.

Woodford explicó que mes a mes, las cuentas enviadas por los diferentes servicios —la marina, la fuerza aérea, el ejército— y sus innumerables dependencias tenían que ser balanceadas.

Sin explicaciones

Pero no había cantidades confiables y con frecuencia cifras equivocadas o sin explicación. Y era una instrucción directa de sus superiores.

“Estos tipos de ajustes, hechos sin una documentación de respaldo... pueden esconder problemas mucho mayores en la información contable original”, indicó un reporte de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO), el brazo auditor del Congreso estadunidense.

Los problemas son variados. Reuters encontró por ejemplo que “el Pentágono es mayormente incapaz de mantener un seguimiento de sus vastas reservas de armas, municiones y otros suministros”, por lo que sigue adquiriendo equipo que no necesita, pero almacena otros que ya no le sirven.

El Departamento de Defensa “ha amasado un retraso de más de 500 mil millones de dólares en contratos no auditados con proveedores externos... no se sabe cuánto de ese dinero pagó por bienes y servicios entregados. Y frecuentemente es objeto de fraude, robo, y puede permanecer sin descubrirse por años, y con frecuencia es eventualmente detectado por agencias policiales externas”.

La Agencia de Logística de Defensa, que es la encargada directa de la adquisición de mucho lo que usa el Departamento de Defensa, “de partes de avión a cierres para uniformes”, no tiene idea de lo que almacena pero compra más.

En agosto de 2013, el vicealmirante Mark Harnitcheck, director de esa organización, indicó que tenía un inventario de 14 mil millones de dólares, pero tal vez la mitad de eso es en exceso de lo que se necesitaba.

Un ejemplo: en noviembre de 2008 el Departamento de Defensa tenía almacenados 15 mil “brazos de control vehicular” o partes de la suspensión delantera de los “Humvees”, lo que equivalía a 15 años de suministro. Pero entre 2010 y 2012, compró 7,437 más por necesidades derivadas de las actividades de combate en Irak y Afganistán.

El problema: que los encargados de compras no consultaron primero las listas de existencias.

Y no es la única complicación. No es raro que los militares se vean obligados a destruir municiones y explosivos que llevaban ya 20 años o más almacenadas. En un caso presenciado por
Reuters, los suministros destruidos incluían luces de bengala para pistas de aterrizaje que databan de 1940 y sistemas de lanzamiento de proyectiles retirados en los 80 y cabezas explosivas para proyectiles “Sparrow” que no se usan desde los 90.

“Más de una tercera parte de las armas y municiones almacenadas” por el Comando Conjunto de Municiones son obsoletas, y su simple mantenimiento cuesta millones de dólares.

Peor todavía, en algunos casos no hay idea de qué es lo que se encuentra en esos depósitos.

La situación es complicada más por el surgimiento en el uso de “contratistas”, que en México sería visto como personal “eventual” o temporal. En algunos casos han sido usados en misiones de combate, en otros de vigilancia, para cuestiones logísticas.

El problema, sin embargo, es que hay más de medio millón de contratos sin auditar y eso hace que el gasto del Pentágono sea vulnerable a fraudes, robos o abusos.

“Una parcial vigilancia de contratos es una razón por la que el personal y contratistas del Pentágono pueden sustraer dinero a través de fraude y robo, con un monto de miles de millones de dólares en pérdidas, de acuerdo con numerosos reportes de la GAO. (Pero) En muchos casos, encontró Reuters, los responsables sólo fueron capturados cuando agencias de policía externas tropezaron con ellas o extraños pusieron el tema a la atención de los fiscales.”

De acuerdo con Reuters el monto de contratos para suministro de bienes y servicios desde 2012 es de unos tres millones de millones de dólares, y ésa es la parte más expuesta a robos y fraudes. Pero nadie tiene idea de montos y, al igual que con los errores contables, hasta una mínima parte es mucho dinero...

 

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