SAO PAULO, 25 de enero.- A menos de cinco meses para que comience el Mundial de fútbol 2014, cientos de brasileños protestaron hoy en diferentes ciudades de Brasil en contra de la organización del torneo, aunque las manifestaciones tuvieron un peso mucho menor del esperado por los convocantes.

Las protestas, que transcurrieron en su mayoría de manera pacífica, contaron con varios brotes de violencia en Sao Paulo, pero no llegaron a sacudir al país como ocurrió durante el pasado junio, a raíz de la celebración de la Copa de las Confederaciones.

El manifiesto de la convocatoria denuncia, entre otros hechos, el sobrecosto en los gastos previstos en la organización del Mundial y achaca el aumento del presupuesto a la corrupción en las instituciones responsables de la construcción de los nuevos estadios que están siendo edificados para el Mundial.

"Es absurdo que Brasil organice una Copa del Mundo porque hay problemas como la salud, la educación y la vivienda que están en condiciones pésimas. En Sao Paulo todavía, pero en el nordeste hay situaciones dramáticas", afirmó Daivis Souza, quien participaba en la protesta de la capital paulista.

Aunque en la víspera de la jornada más de 40 mil personas habían confirmado su presencia a través de las redes, la protesta tuvo una baja intensidad en cuanto a seguimiento, ya que en Sao Paulo, una de las más concurridas, el número de manifestantes no superó los 2 mil 500, informó la Policía Militar.

Las marchas se repitieron en otras ciudades de Brasil, como Brasilia, Porto Alegre y Belo Horizonte, también sedes del Mundial 2014, aunque en la mayoría de casos el número de personas que acudieron para expresar sus reivindicaciones no fue mayor de 200, según medios locales.

Las marchas se repitieron en otras ciudades de Brasil, como Brasilia, Porto Alegre y Belo Horizonte.

En Río de Janeiro, donde se jugará la final de la Copa del Mundo, la concurrencia no fue tan elevada como en las manifestaciones vividas en junio, que forzaron al Gobierno a anunciar sendos planes en las áreas de salud y transporte para atender a las demandas de los brasileños.

Por su lado, en Sao Paulo, la manifestación comenzó frente al Museo de Arte Moderno (MASP), situado en la céntrica Avenida Paulista, y transcurrió de forma pacífica durante varias horas, acompañada en todo momento por un gran despliegue de la policía Militar (PM) y Civil, antes de que se produjeran los actos de vandalismo.

Al final de la marcha de la capital paulista, un grupo de manifestantes rompió los cristales de varias entidades bancarias, un concesionario de coches y zarandearon un vehículo de la policía, según se presenció en las imágenes retransmitidas por los medios locales.

En junio pasado, durante la celebración de la Copa de las Confederaciones, las manifestaciones se mantuvieron casi a diario.

En la misma avenida, un automóvil fue incendiado después de ser alcanzado por un objeto ardiendo, aunque algunos de los manifestantes intentaron apagar las llamas.

Además de los establecimientos que iban cerrando al paso de la protesta, un céntrico hotel en el que varios manifestantes se habían refugiado alrededor de las 20:00 horas, fue cerrado por las tropas de choque de la Policía Militar, que en varias ocasiones intentó dispersar a los congregados con tiros al aire y bombas de humo.

En el interior del hotel, la policía disparó pelotas de goma y sacó a los fotógrafos y periodistas que estaban dentro del mismo, amenazándoles con ser arrestados si intentaban entrar de nuevo, según constató EFE.

En junio pasado, durante la celebración de la Copa de las Confederaciones, las manifestaciones se mantuvieron casi a diario durante dos semanas y llegaron a congregar cerca de 1.2 millones de personas en una sola jornada de movilizaciones en todo el país.

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