Madiba, líder global de la reconciliación

Rolihlahla, su verdadero nombre, encabezó la lucha contra el apartheid y se convirtió un ícono mundial

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06/12/2013 03:02 Israel López
13 DE FEBRERO DE 1990 Nelson Mandela y su esposa, Winnie, llegan al estadio Soccer City de Soweto, en Sudáfrica, donde pronunció un discurso. Foto: Archivo Excélsior
13 DE FEBRERO DE 1990 Nelson Mandela y su esposa, Winnie, llegan al estadio Soccer City de Soweto, en Sudáfrica, donde pronunció un discurso. Foto: Archivo Excélsior

CIUDAD DE MÉXICO, 6 de diciembre.- Nelson Mandela, o como de cariño le llamaban Madiba, fue el portador de un mensaje que parece trascender fronteras. Para muchos, es ante todo un símbolo de la capacidad del ser humano de ver más allá de su propio sufrimiento. Un hombre que después de 27 años de prisión eligió tender una mano a la minoría blanca que lo había encarcelado y supo conducir a su país a una transición histórica.

Nació el 18 de julio de 1918 en el pequeño pueblo de Mvezo, en la región de Transkei (sureste), dentro del clan real de los Thembu de la etnia xhosa. Su verdadero nombre, Rolihlahla, que significa “el que trae problemas”, se lo dio su padre, pero en la escuela la maestra empezó a llamarle Nelson, el nombre que utilizó desde entonces.

El perdón libera el alma, hace desaparecer el miedo. Por eso el perdón es un arma tan potente”, dijo Mandela, premio Nobel de la Paz en 1993, en una frase ahora legendaria que desgrana su visión del mundo y de la humanidad y que le ha convertido en el dirigente más popular del siglo XX.

Calificado de “ícono mundial de la reconciliación” por Desmond Tutu, otra de las grandes figuras de la lucha contra el apartheid, el ex presidente sudafricano, que nunca predicó ideas políticas ni religiosas, encarna valores universales, una suerte de humanismo africano alimentado por la cultura de su pueblo, los xhosas.

Madiba, el nombre de su clan con el que le llaman afectuosamente sus compatriotas, nunca fue un revolucionario al estilo de Lenin o Gandhi. Cuando era joven le gustaba el deporte –fue boxeador amateur–, los trajes bonitos y tenía fama de seductor.

La rebelión del joven Mandela empezó muy pronto, primero cuando fue expulsado de la universidad de Fort Hare  tras un conflicto con la dirección y luego, a los 22 años, cuando huyó de su familia para evitar una boda convenida.

A su llegada a Johannesburgo, una gigantesca metrópolis minera, Mandela toma conciencia de la segregación que dividía a su país. Allí conoció a Walter Sisulu, que se convertiría en un mentor y en su mejor amigo y le abrió las puertas del Congreso Nacional Africano (ANC), el partido de la mayoría negra.

Su militancia política le alejó de su primera esposa, Evelyn, pero le hizo conocer a Winnie, una enfermera de 21 años.

En 1944 funda la rama juvenil del ANC y se convirtió en el secretario nacional de esta organización en 1948. Aunque en principio se oponía a colaborar con otros grupos raciales, cambió de opinión en 1952 durante el transcurso de la denominada Campaña del Desafío. Por ello propugnó la acción conjunta contra la política gubernamental del Apartheid.

Tras el relativo fracaso de las campañas de movilización no violenta inspiradas en los métodos de Gandhi, el ANC fue ilegalizado en 1960. Mandela fue detenido en varias ocasiones, pasó a la clandestinidad y decidió orientar el movimiento hacia la lucha armada.

Pero en 1964 fue capturado y llevado a la isla-prisión de Robben Island, frente a las costas de Ciudad del Cabo.

Durante años, bajo un sol de justicia, en medio de una polvareda que dañó para siempre sus pulmones, tuvo que picar piedra. Aún así nunca pensó en la venganza e intentó entender a sus enemigos. Fue liberado después de 27 años de permanecer encarcelado.

El gobierno del presidente Frederik Willem de Klerk liberó a Mandela en febrero de 1990, después de legalizar el ANC y otros partidos políticos. Mandela asumió el liderazgo del ANC y dirigió las negociaciones con el gobierno entre los difíciles años de 1990 y 1994, cuando en muchas ocasiones parecía que las negociaciones se iban a romper y que estallaría la violencia.

Tras su elección triunfal como Presidente en 1994 se convertirá en un predicador incansable de la reconciliación de las razas.

Su actividad política y sus años en prisión nunca le permitieron tener una vida familiar “normal”. Pero Nelson Mandela, de profesión abogado,  siempre buscó la compañía de las mujeres, como demuestran sus numerosos idilios y sus tres bodas.

Con Evelyn, su primera mujer, tuvo dos niñas y dos niños y otras dos hijas con Winnie. En total tuvo 17 nietos y 12 bisnietos. Tras divorciarse de Winnie se casó por tercera vez en 1998, a los 80 años, con Graça Machel.

Simbólicamente, la última aparición pública de Mandela fue ante la humanidad entera, cuando saludó a la multitud el día de la final del Mundial de Futbol en 2010 en Sudáfrica, con millones de espectadores siguiéndole en directo por televisión.

El 20 de junio de 1999, Mandela entregó el poder a su sucesor, Thabo Mbeki, y se retiró de la política, al menos formalmente.

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