CIUDAD DE MÉXICO, 18 de junio.- Ruth Elena mira el  campo verde donde corre la pelota y de inmediato le vienen a la memoria aquellas tardes de vacas y caballos en el fundo de la abuela Lola. Sabe que esta tarde, en territorio brasileño, se enfrentarán 22 hombres, la mitad chilenos y los otros españoles.

Habría que explicar que este juego le traerá emociones encontradas. Ruth es chilena, de Concepción, como chilenos fueron sus padres Manuel y Olga. Pero “mi padre siempre hablaba de España, de sus padres y sus antepasados. Él nació en Chile, pero su sangre es española. Además, mi hija Mariana tiene varios años viviendo en Cataluña”.

Por eso piensa en el juego de esta tarde y se imagina que Mariana estará mirando el partido, al lado de su novio español, y recordando lo que escuchó de niña con la abuela Olga. Aunque para Ruth Elena también llegarán recuerdos de Concepción, de Santiago de Chile, del Colo Colo, el favorito de papá, así como los días terribles cuando la caída de Salvador Allende. “Por eso nos tuvimos que salir de Chile”.

Aunque no conoce los nombres de los seleccionados de La Roja, para ella todos son Pata Bendita. “Recuerdo a mi papá entusiasmarse con las jugadas de aquel futbolista, decía que era extraordinario, que haría diabluras en el Mundial de Alemania 74. Miro a los chilenos en el televisor y para mí todos son el jugador de aquellos años”.

La familia Salgado Sánchez se estableció en México. Primero fue la profesión de Manuel Salgado (ingeniero químico metalúrgico) lo que los llevó a conocer la vida en Monterrey. El derrocamiento y muerte de Salvador Allende los empujaría a quedarse definitivamente en México: Monclova, Ciudad Sahagún, Lázaro Cárdenas y Morelia. “Al final nos quedamos en el DF, aquí estudié la carrera de periodismo, aquí me casé y tuve a Mariana”.

Son ya tantos años fuera de Chile, que a Ruth Elena se le pone la piel chinita cada vez que comienza un Mundial y los chilenos se asoman en canchas lejanas. “Entonces me acuerdo del tonito para hablar (hueón), los huasos bailando la cueca, las empanadas de horno y la palta (aguacate).

También se acuerda de sus padres fallecidos, de su hija en España y de los hermanos que han echado raíces en otras tierras. Hoy se pondrá la camiseta blanca, con vivos azul y rojo y gritará cuando once chilenos, desconocidos para ella, salgan a correr tras la pelota. “Para mí, todos son Pata Bendita”.