“La literatura, sin influencia”: Yishai Sarid

El número de libros y de lectores no es suficiente para cambiar una realidad, asegura el narrador israelí

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27/08/2014 02:54 Juan Carlos Talavera
Yishai Sarid vino a México a presentar su novela El poeta de Gaza. Foto: Quetzalli González
Yishai Sarid vino a México a presentar su novela El poeta de Gaza. Foto: Quetzalli González

CIUDAD DE MÉXICO, 27 de agosto.- “La literatura no es suficiente para cambiar la realidad de un pueblo”, dice en entrevista el escritor israelí Yishai Sarid (1965), a su visita por México para hablar sobre su libro El poeta de Gaza. “Pensemos que antes y durante la Segunda Guerra Mundial grandes autores europeos escribieron sobre las estupidez de la guerra; por ejemplo, Bertolt Brecht, Thomas Mann y muchos otros que no lograron cambiar nada. Al final los nazis hicieron cuanto quisieron, así que hay fuerzas más fuertes todavía”, reconoce.

El problema con la literatura es que muy poca gente lee o pocos leen los mismos libros. En Israel somos ocho millones de personas, pero el hecho de vender 10 mil copias de un libro parece algo muy bueno, pero lo cierto es que este número de libros no es suficiente para cambiar una realidad”, insiste. Pero a largo plazo tenemos libros que han hecho la diferencia, como 1984, de George Orwell, que es un símbolo antitiranía y antirégimen totalitario, pero ¿cuántos años le tomó a este libro alcanzar ese nivel de referencia?”, cuestiona el narrador.

Al final resulta claro que la literatura no tiene ninguna influencia en la realidad, explica. “No a corto plazo y mucho menos a un nivel ideológico o nivel político; no creo que alguien lea un libro y piense en cambiar su forma de pensar”.

Ubicada en el corazón de Israel, El poeta de Gaza recrea la historia de un agente de los servicios de seguridad de Israel, dedicado a impedir los ataques terroristas suicidas. En un punto de su vida conoce a un viejo poeta palestino que llega a tratarse una enfermedad terminal, cuyo hijo es un terrorista, pero al final se enfrenta a un dilema entre el deber profesional y sus nuevas amistades.

Esta historia nació cuando Sarid definió a Dafna, el personaje principal femenino. “Conozco muchas mujeres que, combinadas, hacen este personaje: una mujer común que vive en Tel Aviv, cuya ciudad es la más secular y cosmopolita de Israel, en contraste con Jerusalén, que es la ciudad sagrada y religiosa. Ése fue justo el punto de partida”.

Y aunque la historia no parte de hechos autobiográficos, la historia se apoya en dos características del autor: que participó durante seis años como soldado en el ejército israelí —“claro que no me dedicaba a hacer interrogatorios”— y su trabajo como abogado.

Sin embargo, desde el punto de vista sicológico es claro que la historia se relaciona con uno mismo, en la cuestión del deber con tu país y tu pueblo, en contraste con el deber que tienes con tus amigos. Sí es una cuestión en la que me intereso”, reconoce Sarid.

¿Cómo definiría el problema que actualmente se vive entre palestino e israelíes?, se le pregunta al autor. “Es como en la antigüedad, cuando el Neanderthal se peleaba con otros por el territorio. No hay una gran diferencia. Son dos personas que viven en el mismo territorio y que no pueden encontrar el punto medio para vivir en forma pacífica”.

Y añade: “Esto implica que en lugar de negociar como debiera ser, ambos se golpean; antes era con palos y piedras… ahora es con misiles. Desafortunadamente no hay una gran diferencia, y eso es lo que pasa en la mayoría de las historias de la guerra, en toda la historia del hombre. Es una historia de más de cien donde todos conocemos la posible solución: dos estados, uno palestino y otro israelí o judío. Pero en ambos lados existen fuerzas muy poderosas que quieren todo el territorio para ellos mismos”.

En este sentido, el también autor de Kindergarten de Naomi, comenta que se debe tener en cuenta que la cultura israelí es joven. “Aunque tengamos una herencia cultural del hebreo y la Biblia, la escritura secular es un estado y una cultura nuevos. México tiene 200 años de independencia, pero nosotros sólo llevamos 66 años. Esto apenas inicia y toma tiempo que se forme o se cree algo”.

¿Qué opina de la reacción que desencadenó la postura del también escritor israelí Etgar Keret?, se le inquiere. “Estoy de acuerdo con Keret. Cuando lo ves, esta guerra es una tontería, es un asunto idiota.  Pero Keret es una minoría y sus puntos de vista en Israel que son públicos son mal vistos por las fuerzas extremistas porque hablar de manera lógica en torno a este conflicto no es suficiente. Conozco muy bien a Keret, es buena persona, pero no todos son como él y por desgracia hoy en día los extremistas son los más poderosos”.

En El poeta de Gaza, el autor asegura que de lejos la realidad siempre se ve más clara. ¿Qué reflexión hace hoy a la distancia?, se le pregunta. “Hoy, a la distancia todo es más doloroso porque no debería de ser así. Vivimos en una situación que no es normal. Tengo tres hijos y cuando debo ir con ellos al refugio antibombas porque están en camino los misiles desde Gaza a la zona donde vivo, sé que mis hijos no hicieron nada malo, al igual que los niños palestinos. Todo es producto de la estupidez de Hamas y los niños no deberían estar sufriendo esta situación. Ahora que estoy lejos y lo pienso… todo esto es una locura”.

¿Por qué el agente de los servicios de inteligencia cambia su postura al final de la historia?, se le cuestiona. “En realidad no es que haya cambiado su opinión. Si hubiera sido por él habría matado al terrorista, pues merecía morir. Pero como se puede ver, él se involucra con una mujer y con un amigo y luego les hace una promesa. Eso hizo que pagara un precio tan alto. Aunque no es una cuestión de ideología. Como individuos no nos impulsa la vida cotidiana, sino que es tu vida normal, el amor, el odio, tus relaciones y emociones.

Esto quiere decir que el personaje cambia, pero no da explicación política de este cambio. Es más una cuestión de instinto. Simplemente se inclinó por el afecto a Dafna, más que al deber con su organización, añade.

Por último, Sarid reconoce que en Israel se lee bastante literatura latinoamericana, desde los libros de Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges y Mario Vargas Llosa.

Incluso mi editor es traductor de Roberto Bolaño, quien escribió mucho sobre México, aunque debo reconocer que en el caso de los autores mexicanos no he leído lo suficiente y eso me apena. Sé que hay muchos importantes, pero muy pocos han sido traducidos al hebrero y no sé por qué. Es un problema y no entiendo por qué sólo podemos encontrar libros de Octavio Paz y Carlos Castaneda.”

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