Reivindican la cerámica con diseño mexicano

La exposición La Cerámica Moderna Mexicana 1940-1990 busca revalorar el pasado de la creatividad nacional anónima

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16/08/2014 05:56 Sonia Ávila
Aunque las creaciones de ornamentación no llegaron a un museo con una firma personalizada, las vajillas de cerámica y objetos como floreros y figuras de animales ocuparon las alacenas y salas de familias de clase media igual en México que Estados Unidos o Canadá en buena parte del siglo XX.

CIUDAD DE MÉXICO, 16 de agosto.- En hornos de cocción masiva, con técnicas industriales y finos detalles en sus diseños, las fábricas El Ánfora, Cerámica de Cuernavaca, LOFISA y Nueva San Isidro —entre otras de menor proyección— crearon en la primera mitad del siglo XX una industria del diseño mexicano que, si bien se mantuvo en el anonimato, colocaron a México en el mercado internacional.

Por lo anterior resulta un error trazar la historia del diseño industrial mexicano a partir de la década de los 90, cuando los objetos de autor comenzaron a ocupar las vitrinas de galerías o, incluso, de museos, señala el historiador de arte Aldo Rojas.

Aunque esos diseños anónimos no llegaron a un museo con una firma personalizada, las vajillas de cerámica y objetos de ornamentación como floreros y figuras de animales ocuparon las alacenas de familias de clase media igual en México que Estados Unidos o Canadá, y con ello definieron una época del diseño nacional conocida como el “Milagro mexicano”.

Son cerca de 50 años los que comprenden este periodo, y que por primera vez se revisan desde una perspectiva historiográfica con el propósito de reinvindicar el pasado del diseño nacional, que si hoy es reconocido en escenarios internacionales, responde a los creadores anónimos de estas fábricas.

A partir de una documentación y recolección de objetos originales, Aldo Rojas reconstruye este pasado en la exposición La Cerámica Moderna Mexicana 1940-1990, que toma como eje la producción de las cuatro fábricas para señalar el origen del diseño industrial muy alejado de Luis Barragán, Clara Porset, Mathias Goeritz o Pedro Friedeberg.

“Se ha revisado el diseño industrial a partir de autores como Laura Porset, y se ha dejado de lado esta historia por parte de las industrias mexicanas, que muchas veces se ignora que existieron; de muchas de sus piezas ni siquiera se sabe que son mexicanas y la gente las asocia con el extranjero; entonces la idea es reivindicar la historia del diseño mexicano.

“Porque ahora se ha dado un boom del diseño, ha habido exposiciones ya formales, pero se aborda casi siempre desde la óptica del autor, reconocido intachable, o desde lo contemporáneo, y entonces se da por sentado que está empezando el diseño en México, pero eso no es cierto”, argumenta Rojas en entrevista.

De estética mexicana

El también artista plástico detalla que recupera la historia de estas fábricas, porque fueron las de mayor producción y las que dejaron rasgos de sus obras en el mercado. Si bien cada una tiene un contexto distinto, coinciden en su quiebre económico en los años 90 del siglo XX con la entrada del neoliberalismo.

La más antigua de ellas fue LOFISA, fundada en 1875 en Guadalajara, que se caracterizó por colaborar con artistas locales y con ellos conseguía diseños más estéticos para sus piezas, incluso fue de los productores que atendía las tendencias internacionales para hacer sus obras. La de mayor reconocimiento es la serie de perros de diferentes tamaños que se convirtieron en un icono de la fábrica.

En 1920 se fundó El Ánfora, que se conoció por la vajilla para el restaurante Sanborns; de hecho, es la fábrica que se especializó en objetos de cocina y fue la primera fabricante en México de muebles para sanitarios.

“Todas empezaron a producir con métodos un poco artesanales y El Ánfora fue la primera en comprar maquinaria y un horno que les permitía crecer continuamente su producción. Luego nació Nueva San Isidro, que se dedicó a hacer cosas de cocina, de un nivel un poco más bajo, pero lo interesante es que copiaba los modelos en vidrio y los hacía en cerámica.”

La más joven es Cerámica Cuernavaca, que inició en la década de los 60, y a decir de  Rojas es la que más relación tuvo con el arte, porque fue fundada a raíz la efervescencia cultural del hotel Casino en Cuernavaca, donde participaron muralistas y escultores. Lo anterior hizo que esta productora pronto dominara el mercado nacional.

Más allá de su contexto, las fábricas comparten una estética particular en sus piezas, pues en la mayoría de los casos son modelos extranjeros que regionalizaron, que adaptaron al entorno local. Es el caso de la serie de los perros, cuya idea original es de Inglaterra, luego se replicaron en Estados Unidos y finalmente la retomó LOFISA con una plástica mexicana con lo que consiguió piezas de estilo kitsch.

Por su parte, Cerámica de Cuernavaca se identificó por piezas más refinadas, al grado de hacerlas parecer de porcelana; con ello logró exportar sus trabajos a Estados Unidos.

No obstante, Rojas señala que ninguna de las cuatro fábricas consiguió crear un lenguaje propio, porque la política de neoliberalismo fracturó su producción y con ello produjo una pausa en el diseño hasta los 90.

“Fue una industria tan importante que es impresionante cómo se perdió tan rápido: 99 por ciento de las fábricas desapareció, chicas o grandes. Ahora el diseño industrial en México está un poco monopolizado, y se tiene la idea de que tiene que ser de autor firmado por grandes artistas”, agrega el curador, quien logró reunir 35 piezas originales para exhibir en la galería Orfeó Català de Mèxic, en la Ciudad de México.

El discurso curatorial enfatiza en las técnicas, los procesos de producción, la estética de cada serie y, en conjunto, busca revalorar un arte fundacional. “La propia gente del país piensa en la producción mexicana y la define como mala, de baja calidad, entonces quiero rescatar estas piezas y dar a conocer esta historia compleja”.

Las obras fueron producidas entre 1940, cuando se alejan de lo artesanal y sus procesos empiezan a ser industriales, hasta 1990, cuando 90 por ciento de la industria muere por las reformas económicas que permitieron el ingreso de la producción internacional, sobre todo de China en cantidades masivas.

Foro promoverá talento joven

Una cuarentena de diseñadores recién egresados de la universidad participará en la primera feria de diseño industrial TOCA, organizada por el Centro de Investigaciones de Diseño Industrial (CIDI), de la Facultad de Arquitectura de la UNAM.

El encuentro, que se realizará hoy y mañana en Foro Indie Rocks en la colonia Roma, busca ser una plataforma para promover el talento joven del diseño mexicano al abrir un espacio de difusión, exhibición y venta de objetos de edición limitada.

Entre los expositores participarán los colectivos Bloop, Pogo +DS, Sago, Fluorescente, Cambalachea, y los diseñadores Iván Cuéllar, Tiamú, Fayuca, Mune, TzaquilTzumut, Adri Guízar, Cuapanco, Ñeke ñeke, Lodo, Nabla, Xodime, Yoho, Mo Cerámica, Andrés Lhima; además de las editoriales Libros UNAM, Editorial Gustavo Gili y la propia Facultad de Arquitectura.

Además de la venta, se realizarán conferencias y mesas de discusión con especialistas como Ariel Rojo, Emiliano Godoy, Ana Coll, Gilberto González, Andrés Lhima, Enrique Ricalde (coordinador general del CIDI), Yunuen Hernández, Julián García e Itzel Trejo representante de la marca Ralph Wilson.

Entre las pláticas destaca la de Ana Lucía Coll, quien hablará del diseño como herramienta estratégica en las empresas; también la de Enrique Ricalde Gamboa, Yunuen Hernández y Julián García Ruiz, quienes ofrecerán la conferencia La escena actual del diseño.

En el mismo sentido Andrés Lhima ofrecerá la charla denominada Oportunidades en el diseño, en la que abordará sus proyectos personales para referir a las nuevas maneras de crear en un escenario contemporáneo, y el encuentro concluirá con la participación de Emiliano Godoy y Ariel Rojo.

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