José Emilio Pacheco un escritor para todos

El poeta mexicano, fallecido el pasado 26 de enero, será recordado hoy con un Homenaje Nacional para conmemorar su 75 aniversario

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30/06/2014 05:49 Virginia Bautista
Al celebrarse hoy el 75 aniversario del natalicio del escritor mexicano, fallecido el pasado 26 de enero, se recuerdan los hallazgos y las obsesiones del autor de Las batallas en el desierto, a quien se le rendirá un Homenaje Nacional en el Palacio de Bellas Artes

CIUDAD DE MÉXICO, 30 de junio.- José Emilio Pacheco (1939-2014) “es uno de los pocos poetas que ha hecho de la palabra escrita y de la palabra oral un solo verbo”, afirma el crítico literario Julio Ortega, amigo y estudioso de la obra del autor de Los elementos de la noche (1963).

“Le insufló a la escritura la temperatura de la voz y logró forjar para ésta una límpida objetividad”, afirma en entrevista vía correo electrónico el investigador de la estadunidense Universidad de Brown.

“Mientras otros poetas buscaron explorar la materialidad de la escritura en su espacio gráfico, Pacheco logró darle a lo escrito una calidad dicha. Sus poemas, por eso, respiran: la duración del verso se debe a la enunciación, al tiempo que duran las palabras en una frase; pero también laten: la música de lo oral se debe a los acentos, las pausas, el silabeo, las rimas”, explica.

Por esta razón, el especialista en literatura latinoamericana está convencido de que los poemas de Pacheco “son organismos vivos: respiran y laten, los decimos y nos dicen”.

El escritor peruano participará hoy en el Homenaje Nacional que diversas instituciones le rinden al poeta, cuentista, novelista, traductor, investigador y editor que exactamente hoy cumpliría 75 años, de no haber muerto el pasado 26 de enero.

En la Sala Miguel Covarrubias de la UNAM, institución en la que “esta figura central de la literatura mexicana” estudió, dirigió revistas y editó libros, se reunirán hoy a las seis de la tarde amigos, poetas, músicos e investigadores para revalorar la obra del Premio Cervantes 2009.

“Es verdad que la frescura de su palabra, de sus varias voces, entonaciones y dicciones, nos cautiva con su tiempo presente y duradero, incluyéndonos en su conversación. Habla, se diría, con nuestras propias palabras, y nos suma a la comunidad del diálogo”, agrega Ortega, quien viajó a México para participar en este homenaje.

“En un país donde el lenguaje se organiza como una pirámide de poder, Pacheco nos devuelve la dignidad de las palabras justas. Reconocemos en su lenguaje la fraternidad del habla recobrada, esa decencia de reconocernos en la temporalidad verbal, en su duración y su  promesa”, añade.

El profesor de literatura latinoamericana en Brown University desde 1989 narra que se escribía con Pacheco desde 1968, intercambiando libros y noticias. “Y en el verano del 69, en mi primer viaje a México, nos encontramos. Desde entonces hemos cultivado una amistad llena de pequeños grandes episodios, proyectos y lecturas.

“No hace mucho me dijo que, finalmente, su llamado ‘catastrofismo’ había sido corroborado por los desastres padecidos por México; pero que se había quedado corto, ya que la capacidad de violencia, mala fe y maldad era tal, que su escepticismo era ahora nostálgico y hasta tímido. Fue un testigo de descargo: nos liberaba de la culpa de los desastres para hacerlos nuestros y combatirlos mejor.”

Ortega conoció y consultó la biblioteca del autor de No me preguntes cómo pasa el tiempo (1970). “Nadie ha documentado más y mejor su propia lectura. Como la biblioteca de Don Quijote, la de José Emilio era un mapa de sus filiaciones, una geografía de su pasión literaria y aventura vital. Su apetito por los libros era proverbial.

“Hicimos varias expediciones felices en librerías y catálogos, y le envié libros recientes sobre sus temas más durables (el Modernismo, Oscar Wilde, T.S. Eliot, los poetas griegos...). A su vez, una vez me obsequió las Obras Completas de Alfonso Reyes. Tuve que mudarme para hacerle espacio a esa biblioteca deleitosa”, detalla.

El investigador, quien compartirá hoy una carta que le envío Pacheco, que para él tiene un significado especial, dice que el poeta trabajaba antes de morir en la traducción de los Cuatro cuartetos de Eliot.

“Aunque ya no se puede llamar ‘trabajo’ a una devoción de 40 años. He leído y le he comentado los borradores de varias etapas de esa labor. Un día tuve la certidumbre de que Pacheco había encontrado el único lenguaje equivalente a su dicción Isabelina: el habla barroca o barroquizante”, concluye.

 Un Pacheco para cada lector

Rafael Olea Franco, otro de los estudiosos de la obra de Pacheco que participará hoy en su homenaje, piensa que son tres las grandes producciones creativas del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana: la poesía, la narrativa y sus ensayos.

“Son tres rubros muy equilibrados y amplios. El ensayo es un tanto imperceptible, porque no tenemos libros suyos de ensayos”, advierte.

El investigador de El Colegio de México destaca que hay un Pacheco para cada lector. “Hay personas que son fervientes lectoras de su poesía. A otros les gusta mucho su narrativa; incluso, dentro de ésta, algunos son seguidores de Las batallas en el desierto (1981), una novela de aprendizaje, breve, y otro tipo de lectores prefieren su novela Morirás lejos (1967), de carácter experimental, una de las primeras aproximaciones al Holocausto desde Latinoamérica. Y hay fervorosos seguidores de sus Inventarios. Lo maravilloso de su literatura es que la gente puede encontrar en su obra algo que sea gratificante y al mismo tiempo le enseñe”.

Quien prepara el libro José Emilio Pacheco, una narrativa para todos, que estará listo en 2015, afirma que la obra del poeta seguirá vigente. “Tengo esperanza de que con él pase algo semejante a lo que él mismo decía de Borges, que no había caído en el purgatorio en el que los escritores caían cuando morían.

“Las preocupaciones que tenía en 1965 siguen vigentes: que vivimos en una sociedad de desigualdad, pero que la literatura no es ni un arma directa ni el pan para alimentar. Percibía los cambios históricos que lo hacían ver las cosas con un sentido de realidad más cercano”, dice.

Olea Franco, quien tal vez le realizó la última entrevista a Pacheco, el pasado 14 de enero, recuerda su “excelente” sentido del humor. “Todo el tiempo estaba bromeando. Nunca lo vi solemne. Esa ironía que uno ve en su obra, sutil, suave, bien puesta y manejada, en su realidad inmediata lo llevaba a la broma”.

El investigador concluye que hace falta tener ediciones críticas de la obra de Pacheco; es decir, “que consignen los cambios que José Emilio fue haciendo a los textos a lo largo del tiempo y que nos muestren su proceso de escritura”.

Hoy en la tarde hablará de cómo se fraguaron los Inventarios del poeta y lo que éstos significan “desde el punto de vista del ensayo en México en el siglo XX”.

La viuda del vate, la escritora Cristina Pacheco, comentó que asistirá al homenaje “con un enorme agradecimiento, porque la idea fue del rector José Narro. Pero no estoy en condiciones emocionales para hablar de él hacia fuera, no estoy ni serena ni con ánimos; ya con el tiempo, cuando me armonice más sobre esta situación, haré algo”,
comentó.

¿DÓNDE Y CUÁNDO?

El Homenaje Nacional a José Emilio Pacheco se llevará a cabo hoy, a las 18 horas, en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario (Insurgentes Sur 3000). En la primera parte, participarán Julio Ortega, Hugo Verani y Darío Jaramillo. En el intermedio, Luis García Montero leerá poesía de Pacheco. En una segunda parte, intervendrán Rafael Olea Franco, José Luis Martínez y Elena Poniatowska. Después habrá otro intermedio para la lectura de poesía a cargo de Eduardo Lizalde. Y, finalmente, la conmemoración cerrará con la actuación del chelista Carlos Prieto.

 

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