Tláloc se puso de pie en Chapultepec; 50 años, en su ubicación actual

Ante la mirada atónita de los capitalinos, aquel 23 de junio de 1964, después de una maniobra para mover sus 170 toneladas, la deidad azteca quedó instalada

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23/06/2014 05:06 Arturo Páramo

CIUDAD DE MÉXICO, 23 de junio.- El enorme monolito de 170 toneladas fue levantado ligeramente, fue rotado en una operación dramática, con el aliento contenido del ingeniero Pablo Ortiz, director de la operación, de Pedro Ramírez Vázquez y de Jorge Campuzano, directores de la construcción del Museo Nacional de Antropología, de un centenar de trabajadores, de decenas de camarógrafos y fotógrafos que capturaban el instante, y de los curiosos que presenciaban la operación tras una malla ciclónica.

Una vez montado sobre la estructura de acero, Tláloc, el ser divino que podía reunir a las nubes para dejar caer lluvia sobre los sembradíos, estaba a merced de la cama de vigas de acero que era levantada lentamente por tres gatos hidráulicos hasta dejarlo casi en posición vertical, de pie.

Las 170 toneladas de la enorme piedra a medio labrar descansaban sobre los tres gatos, cada uno con capacidad de soportar y levantar 100 toneladas. Tláloc seguía sujeto a la estructura de acero por 40 cables que impedían que se desplazara.

Aquel 23 de junio de 1964, hoy hace medio siglo, la ciudad  estaba en un proceso de reconversión sin precedentes. Se construía la Unidad Nonoalco Tlateloco, se ampliaba el Paseo de la Reforma, se construían los grandes museos nacionales, se excavaba el subsuelo para crear nuevos acueductos subterráneos.

El de Tláloc era un contacto con el pasado. Por ello tanta atención a su traslado, iniciado el 16 de abril de 1964 en Coatlinchán, cerca de Texcoco.

Los preparativos incluyeron construir caminos, talar árboles, derribar casas, retirar postes, bajar cables y avanzar lentamente hasta la carretera, y de ahí una entrada épica a la ciudad bajo un aguacero proverbial.

Ya en su nuevo emplazamiento, durante la puesta en pie de Tláloc, a decir de Ortiz, se vivieron momentos tensos.

“El peligro ya pasó, el riesgo en el momento en que el monolito en su giro para ponerlo en pie, acercó y rebasó los 90 grados de inclinación. No dormía, había el peligro de que Tláloc, por su enorme peso, arrastrara hacia adelante la cama de acero, y que en un sacudimiento producido al detenerlo, sufriera alguna fractura. Tuve una pesadilla de 170 toneladas”, dijo una vez finalizada la operación que puso en pie al dios por primera vez en su existencia moderna.

La operación realizada al siguiente día fue el colado de la cama de concreto. Se virtieron 2.5 metros cúbicos de una mezcla de concreto preparada ex profeso: arena, grava, limadura de fierro, dispersantes y aditivos. Se utilizó un vibrador, se tomaron 14 muestras del concreto y, en un gesto inexplicable, fueron lanzada a la mezcla de concreto tres monedas que quedaron sumergidas en la masa viscosa.

El proceso fue seguido por camarógrafos de cine y fotógrafos, y por la multitud que apenas podía ser contenida por la malla ciclónica colocada en torno a la zona de trabajo.

Durante la semana siguiente al colado, Tláloc se hundió en su nuevo lecho de concreto, a razón de dos centímetros por día, durante las primeras jornadas y más lentamente en los días subsecuentes, hasta quedar completamente asentado en su nuevo emplazamiento.

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