Un montaje fusiona la danza y el teatro en el Teatro de la Ciudad

La pieza ¡Dios mío!, de Shanti Oyarzabal, fue estrenada originalmente en Alemania, en 1994, puesta en 2012 en el DF y hoy se muestra una versión nueva

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19/06/2014 05:01 Juan Carlos Talavera
La obra será reestrenada el sábado próximo.

CIUDAD DE MÉXICO, 19 de junio.- Una crítica que oscila entre el orden y el caos, un juego interminable donde los sentimientos y las emociones de los personajes se mezclan y se desbordan. Ese es el fondo de la obra de teatro ¡Dios mío!, de Shanti Oyarzabal, que será presentada el próximo sábado en el Teatro de la Ciudad.

La pieza fue estrenada originalmente en Alemania, en 1994, puesta en 2012 en la Ciudad de México y hoy se mostrará una nueva versión ampliada de este montaje que fusiona teatro y danza.

“La puesta, que acude al teatro corporal contemporáneo, celebra 20 años de su estreno en tierras germanas”, dice, pero sobre todo es un homenaje a las posibilidades que brinda la fusión de danza y teatro.

“La idea nació en 1994, cuando me solicitaron dar un taller en Berlín en un centro cultural, pero como condición era necesario estar cinco días encerrado con los actores, dentro de un gran lugar que contaba con un campo y salones para ensayar”, cuenta el también becario por el Fonca (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes).

En este proyecto participaron 12 aficionados al teatro, para tratar de montar alguna pieza sobre dadaísmo. “Entonces comenzamos a trabajar situaciones contemporáneas para ver cómo éstas se iban volviendo extracotidianas y cómo se volvían absurdas”, explica.

Como los ensayos se realizaban en un lugar muy frío, el dramaturgo les pidió a los actores que intercambiaran sus abrigos, los azotaran y arrastraran. Y para su sorpresa en cada acción que les pedía, los actores expresaban: “Mein Gott!” (¡Dios mío!), como respuesta a sus inexplicables peticiones.

“Fue esa exclamación que escuché, durante cinco días en cada ensayo, esa frase que flotaba en el aire la que hizo acuñar esta obra, pensando que el “Mein Gott!”, ha perdido su significado original”, es decir, ha dejado de ser una alabanza a algo para ser utilizada en cada momento que sucede algo exagerado o absurdo que interrumpe la normalidad.

¿Así que es una reflexión sobre la descontextualización de esa frase?, se le cuestiona. “Sí, es una pieza que está dentro de la corriente del teatro corporal, en la cual se integra la danza y el teatro. Es una obra que tiene una proyección distinta a la de una pieza clásica porque su estructura dramática no está en el texto, sino en la escenografía de 90 abrigos que están colgados en el techo”.

¿Pero hay una trama? “Sí la hay, pero la expresión del cuerpo es mucho más fuerte que las palabras y eso es lo que trabajo: emociones que mezclan sensaciones y sentimientos para que el público no reciba una sola línea de interpretación”.

Así que en ¡Dios mío! su creador no sólo apuesta por el cuerpo, sino por la idea de mezclar elementos del teatro y la danza, es decir, se trata de una intención directa para fusionar artes.

“El teatro y la danza son importantes para mí; la segunda es inspiradora por esa posibilidad de movimiento que tiene la danza contemporánea, donde se ha roto todo tipo de paradigmas.”

Y por el otro lado está ese teatro limitado, comenta, aquel que depende de un libreto. “Esto quiere decir que los actores siempre están diciendo el mismo texto y no se abren a nuevas posibilidades como expandir las posibilidades del actor, aunque la trama ya esté preconcebida”, asegura.

Finalmente, Oyarzabal reconoce que el teatro corporal en México sigue sin ser explotado al máximo, pese a que sí existe una expectativa muy grande por la danza butoh.

La obra ¡Dios mío! será interpretada por los actores y bailarines Ana Monroy, Teresa Carlos Yáñez, Jessica Moreno, Alejandra Lugo, Carolina Contreras, Yadira Pérez, Edgar Omar Moreno, Gabriel Martínez, Dettmar Yáñez, Medin Villatoro, Sergio Solís y Uriel Ochoa.

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