40 años y sigue emergiendo el Museo de Arte Carrillo Gil

Curadores y exdirectores del recinto fundado en 1974 destacan la relevancia de su colección y la importancia de que sea un recinto abierto a artistas jóvenes

COMPARTIR 
19/06/2014 04:48 Sonia Ávila

CIUDAD DE MÉXICO, 19 de junio.- Si bien su origen es la iniciativa de una persona y está fuera del circuito cultural, el Museo de Arte Carrillo Gil mantiene su presencia en la escena del arte nacional; primero por su acervo de dos mil obras, las cuales recorren desde la mitad del siglo XX a inicios del XXI; y, segundo, por ser de los primeros espacios institucionales que abrieron sus puertas a la creación de vanguardia.

En ello coincidieron Renato González Mello, quien fuera curador del museo, y Silvia Pandolfi y Osvaldo Sánchez, exdirectores, quienes comentan que aun cuando su concepción como acervo artístico e incluso la construcción del edificio fue labor del doctor Álvar Carrillo Gil, se puede señalar en su 40 aniversario como un recinto sustancial para la plástica mexicana.

“Ha acabo por ser un espacio flexible para llevar a cabo proyectos de lo más diversos. Me parece que esto se ha fundamentado en una colección intelectualmente relevante, y que se ha mantenido en este tiempo”, afirma en entrevista González Mello, quien coordinó la colección de 1989 a 1992.

“El trabajo de los artistas contemporáneos”, continúa Pandolfi, quien dirigió el museo de 1984 a 1998, “ya ha evolucionado mucho de lo que nosotros presentábamos, pero me parece que la idea de tener presencia dentro de lo contemporáneo se ha mantenido en el museo”.

Así el recinto, construido por los arquitectos Augusto H. Álvarez y Enrique Carral Icaza, llega a su 40 aniversario, que cumple el 30 de agosto próximo, y celebrará, entre otras actividades, con una revisión documental de su acervo. Con el título Travesías. Los viajes de las obras más representativas de la colección 1948-1974, la muestra hace un trayecto desde las adquisiciones del doctor Carrillo Gil hasta las piezas de artistas jóvenes.

Para los entrevistados es precisamente el valor histórico y artístico de la colección uno de los aspectos que posiciona al recinto dentro de la red de museos del Instituto Nacional de Bellas Artes.

En sus bodegas resguarda desde dibujos y óleos de José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera; pasando por carteles de Pablo Picasso, hasta heliografías de León Ferrari y piezas de Gabriel Macotela, Carlos Aguirre, Grupo Semefo y Carlos Amorales, entre otros.

También cuenta con gráfica moderna, y un conjunto de estampas japonesas Ukiyo-E de los siglos XVII al XX. Además se suma una biblioteca de dos mil 500 títulos especializados en arte contemporáneo, y un centro de documentación.

Sin embargo, desde una mirada crítica, Osvaldo Sánchez señala que hay bloques de la colección “imprecisos, menos sólidos”: “Hay cuerpos interesantes del arte nacional de las décadas de los 70 y 80, algún bloque de videoarte interesante. Pero hasta que no defina la institución cultural los bloques patrimoniales, con políticas estructuradas de desarrollo, depuración y crecimiento, de mayor seriedad, no creo que podamos contar con colecciones institucionales de rigor”.

En ese sentido el también crítico y curador considera que el museo ubicado en San Ángel es de los pocos que ha mantenido una coherencia en su programa, concentrado principalmente en dos líneas: su colección y el arte emergente.

“En sus mejores momentos ha logrado conectar a los públicos jóvenes con las formas expresivas de sus coetáneos, ha logrado impulsar un cambio de visión y amplificado los modelos de práctica, pero ello ha sido virtud de los equipos en turno, no ha sido consecuencia nunca de una política cultural”, agrega.

Al respecto González Mello confirma que el museo se interesó por dar espacio al arte de vanguardia de manera paralela a las revisiones de su acervo; lo que a partir de la década de los 80 y 90, principalmente, lo caracterizó como un recinto para creadores jóvenes con propuestas experimentales que en algunos casos lograron sumarse a la colección.

“Cuando yo entré la mayor parte de la colección estaba viajando en exposiciones internacionales, pero no seguía una línea muy clara. Entonces nos sentamos a tratar de establecer una vocación, darle una personalidad, y se decidió que además de exponer la colección debíamos ponernos en contacto el espíritu de la generación presente; revisar lo que estaba sucediendo con los artistas nacionales o internacionales de la generación actual.

“En ese momento la exposición de artistas jóvenes no tenía un sitio preciso, en ese momento había poco espacio para los jóvenes dentro de los museos del INBA. Entonces a partir de esto el museo empezó a tener una especie de reconocimiento entre el público y artistas jóvenes”, recuerda Pandolfi.

En este panorama, Sánchez también señala limitaciones físicas y económicas: “El Carrillo Gil se merecería una renovación de sus instalaciones, mayor presupuesto y mayor exigencia autocrítica. Pretender que los funcionarios definan los programas de los museos no es hacer política cultural”.

“Realmente es un lugar con una colección, con una enorme libertad para hacer planteamientos complejos. Así fue concebido desde su arquitectura. Yo pienso que un museo tiene que estar en una redefinición permanente”, concluyó González Mello.

Muestran travesía de su colección

En una suerte de memoria cartográfica, la exposición Travesías. Los viajes de las obras más representativas de la colección 1948-1974 conmemora los 40 años del Museo de Arte Carrillo Gil en los que su acervo creció a dos mil piezas con obras de José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, Wolfgang Paalen, Luis Nishizawa, Carlos Amorales, y otros.

La muestra, de carácter documental y narrativo, aborda desde la historiografía cómo la colección del Carrillo Gil se consolidó. Así hace énfasis en las más de cien obras de su acervo que han participado en exposiciones bienales, congresos y diferentes encuentros internacionales.

El proyecto, que se presentará hoy en el museo, surgió de una investigación en archivos públicos y privados a fin de indagar las exposiciones internacionales en las que participaron las piezas de la colección entre 1948 y 1974. A partir del año de la muerte de Carrillo Gil (1974), la exposición documenta la transición del acervo, de su carácter privado al público.

De manera paralela, se presenta el proyecto Despechadas, me dejaste con hormigas en el alma de Carmen Boullosa (Cd. de México, 1954) quien utiliza versos, frases y citas de autores clásicos del Siglo de Oro español para establecer un diálogo con el presente. 

Comentarios

Lo que pasa en la red