Inauguran la casa de la abstracción radical

Fue abierto el museo dedicado a la obra de quien Francia considera su artista vivo más cotizado: Pierre Soulages, que donó al recinto más de 500 piezas

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31/05/2014 00:59 EFE

RODEZ, Francia. 31 de mayo— El artista francés vivo más cotizado, Pierre Soulages, conocido por la radicalidad de su pintura abstracta, en la que arranca la luz de cuadros invadidos por el negro, cuenta ya con un museo dedicado a su obra en su localidad natal, Rodez.

Aunque sus obras están dispersas por más de 90 museos de todo el mundo, Soulages donó más de 500 piezas, que testimonian toda su trayectoria artística, al nuevo espacio de Rodez, proyectado por los arquitectos del estudio catalán RCR y que inauguró  el presidente francés, François Hollande.

Vestido de oscuro y protegido constantemente con unas gafas de sol, Soulages, de 94 años, ironiza ante los periodistas acerca de su condición de “mayor pintor francés”, algo que atribuye a sus 1.90 de estatura, y se escabulle de algunas preguntas sobre su arte invitando a apreciar los cuadros.

Según explica el director del museo, Benoît Decron, la mayor contribución de Soulages a la historia del arte es la creación de “una pintura abstracta muy radical, completamente diferente a lo que se hacía en Europa y en
Estados Unidos”, en la que el negro asume un protagonismo roto excepcionalmente por trazos blancos, rojos y azules.

Antes de llegar a las grandes composiciones conocidas como Outrenoir (Más allá del negro), Soulages se había iniciado en la pintura figurativa, aunque la abandonó pronto para sumergirse en los lienzos abstractos.

El museo de Rodez cuenta con una veintena de esos óleos sobre tela, realizados entre 1940 y 1970, en los que el artista experimentó con las texturas de la pintura —con algunos relieves—, las formas y los colores, que progresivamente fueron derivando hacia el negro.

De hecho, desde 1979 hasta la actualidad, Soulages se ha dedicado a experimentar con ese tono, en unas obras en las que, según relata él mismo, lo importante es el juego con “la luz reflejada en el negro, que es el color menos luminoso”.

Pero, además de estas creaciones, las más conocidas, la colección permanente cuenta con una serie compuesta por un centenar de pinturas sobre papel realizadas con nogalina, un colorante que se obtiene a partir de las cáscaras de nuez y que se emplea habitualmente para teñir la madera.

Éstas, menos mediáticas y muy frágiles, son también “grandes obras” de la producción del anciano artista, según Decron. Y sus trazos “esculturales” contribuyeron a la reputación de un Soulages que empezó a despuntar en aquella época, entre los años 1946 y 1948, con exposiciones individuales y colectivas, en su país y en el extranjero.

El abanico de técnicas empleadas por el creador francés no termina aquí, ya que realizó más de un centenar de obras utilizando la técnica de la impresión, entre las que hay serigrafías, litografías y aguafuertes, que se exponen íntegramente en el museo de Rodez.

La arquitectura de este nuevo equipamiento lleva el sello del estudio catalán RCR, liderado por Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramón Vilalta, cuyo proyecto fue seleccionado en 2008 entre prácticamente un centenar de candidaturas.

“Es un museo a medida de las obras”, explica el arquitecto de este estudio Gilles Tregouët, quien destaca que en el proyecto buscaron “un equilibrio entre la serenidad de los espacios y la presencia de la arquitectura, sin que ésta entorpezca la contemplación de las obras”.

Concebido como un “museo-paisaje”, en el resultado final pesa tanto el edificio, de volúmenes cúbicos, como su relación con el entorno: unos jardines, todavía creciendo, de siete mil 500 metros cuadrados, que combinan el basalto con la hierba para evocar los paisajes de la región.

Las líneas sobrias se conjugan en el cristal y el acero declinado en diversos acabados: negro, lacado y corten, una variedad cuya oxidación natural lo protege de la corrosión y que dota a la fachada de un color cobrizo.

En el interior del museo, las salas grandes se combinan con otras más intimistas, y la luz modula su intensidad. Todo para poner la arquitectura “al servicio de las obras”, destaca Tregouët.

Y, aunque lleva el nombre de Soulages, no todas las piezas expuestas serán suyas, ya que una de las condiciones que impuso el artista para aceptar el proyecto fue que incluyera una sala de exposiciones temporales que albergara a otros creadores.

Sin embargo, la exhibición inaugural, que se podrá visitar hasta el 5 de octubre, reúne una veintena de Outrenoir, la mayoría de grandes dimensiones, prestados por museos de toda Europa. Es la única concesión de un Soulages que, por encima de todo, no quería un “mausoleo”.

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