Oz, “hombre valiente”

El afamado escritor israelí, candidato año con año al premio Nobel de Literatura y quien con su obra ha propiciado el “renacimiento del hebreo”, también ha sido “un estandarte absoluto de la lucha por la paz”. Hoy cumple 75 años de vida

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04/05/2014 05:37 Virginia Bautista

CIUDAD DE MÉXICO, 4 de mayo.- En un pequeño departamento de Tel Aviv, desde el que tiene una “impresionante” vista de la ciudad, el escritor israelí Amos Oz (Jerusalén, 1939) distrae su nostalgia por el desierto de Ared, donde vivió desde 1986 hasta hace un año, contemplando la gran pecera que tiene en su sala.

Así recuerda la periodista mexicana Silvia Cherem la actual morada del novelista, cuentista, poeta y ensayista considerado “el mejor representante de la literatura en hebreo del mundo”, quien justo hoy cumple 75 años de edad.

Cherem lo entrevistó recientemente para dar vida a su libro Israel a cuatro voces. Conversaciones con David Grossman, Amos Oz, A.B. Yehoshúa y Etgar Keret, y se encontró que el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2007 decidió establecerse en Tel Aviv para estar cerca de sus hijos y sus nietos.

Fue muy amable. Estaba solo en su casa. Él mismo se metió a la cocina y preparó café. Le llevé una caja de Olinalá que le encantó”, evoca la escritora que lo define como “un hombre con una mente muy lúcida y liberal, pacifista, que está convencido de que la Tierra (Palestina) debe ser dividida en dos estados, ya que es la única posibilidad para un país como Israel, rodeado de naciones árabes”.

Él es, explica en entrevista Cherem, “el estandarte absoluto de la lucha por la paz, por el entendimiento de los dos pueblos, una voz lúcida que seduce de manera total”.

Autor hasta hoy de 28 libros que han sido traducidos a 42 lenguas y ganador, según él mismo ha declarado, de más de 30 o 35 premios, “suficiente para un ser humano”, Oz nació como Amos Klausner en la Palestina bajo el Mandato Británico, a donde sus padres, Yehuda Arie Klausner y Fania Mussman, quien se suicidó cuando él tenía 12 años, llegaron en 1933.

Él crece con la ocupación inglesa en la zona. Sus papás eran dos intelectuales pobres. Me dijo que fue hijo único porque sus papás no tenían dónde poner otro hijo. Eran muy pobres, no había espacio. Vivía en una casa de no más de 30 metros cuadrados y lo que más recuerda es que todo estaba lleno de libros, hasta la cocina”, cuenta Cherem.

Explica que el nombre de Amos, según la Biblia, quiere decir el que detenta cargas. “Fue un profeta progresista, anarquista, que había sido pastor de ovejas y productor de higos, y condenaba la corrupción, la injusticia y el fanatismo de las élites. Era un trasgresor, un rebelde. Y de alguna manera anunció el fin del pueblo de Israel por el exceso de pecados de su época”.

Oz le confesó que, a partir de este significado, desde niño se acostumbró a ser “una bestia de carga, como si el destino le tuviera reservado el lugar de un solitario que condena la injusticia”, agrega Cherem.

Era un niño inteligente, sensible, crítico, muy solitario. Vivía en un mundo de adultos, sus papás lo llevaban a los cafés con amigos intelectuales y él tenía que quedarse calladito escuchando por horas y horas. Aprendió a leer y a escribir a los cuatro años. Y se acuerda que un día escribió en el escritorio de su papá: Amos Klausner, escritor”, añade.

Vida en el kibutz

Esta vida dura, un tanto atenuada por los cuentos que le contaba su madre, quien era una exuniversitaria de Praga que nunca se adaptó a vivir en Palestina, se volvió insoportable para el joven tras la muerte de su madre.

El padre cayó en tal depresión que vivían prácticamente en un chiquero, en el abandono. Amos decidió dejar su casa a los 15 años e irse a un kibutz, empezar de cero, ser agricultor, ordeñar vacas, comprometerse con el nuevo Estado. Lo deslumbraron los pioneros socialistas”, asegura la periodista.

Fue ahí donde adoptó el apellido Oz, que significa “hombre valiente, fuerte, temible”, para recordar todos los días en qué debía convertirse, que debía dejar atrás su debilidad, su inseguridad y su tristeza.

Él dice que lo más terrible es que creció durante muchos años con un odio absoluto a su padre y a sí mismo, porque no fueron lo suficiente buenos para salvar a su madre. Es la herida más sangrante de su vida. No ha podido superarla nunca, a pesar de que tiene un matrimonio maravilloso  y unos hijos destacados. Esta gran tragedia es la que motivó toda su literatura”, indica Cherem.

Amos Oz vivió feliz 32 años en el kibutz Julda, donde conoció a su esposa y tuvo a sus tres hijos, Fania, Galia y Daniel, y escribió la mayor parte de su obra, cuyas regalías las entregó a la cooperativa hasta 1986. Pero, prosigue, este año tuvo que irse a vivir al desierto de Arad, debido al asma que padecía su hijo Daniel.

El kibutz le permitió publicar a principios de los 60 de la pasada centuria sus primeros cuentos y hacer la carrera de Literatura y Filosofía en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Después estudió también en la Universidad de Oxford.

Oz participó en las guerras de los Seis Días y en la de Yom Kipur y fundó en los años 70, junto a otros, el movimiento pacifista Shalom Ajshav (“Paz Ahora”). “Pero a él no le gusta hablar de todas estas cosas. Cuando lo entrevisté, me di cuenta de que lo último que él quería era que yo penetrara en su vida. Él prefiere ocultarse de alguna manera. Lo que escribió de su vida está en su autobiografía Una historia de amor y oscuridad (2003) y no quiere entrarle más. Fue demasiado doloroso enfrentar su pasado”, concluye.

Su sello literario

Una escritura que penetra y cuestiona el significado de las palabras, desmenuzándolas siempre hasta sus últimas consecuencias”. En esto radica, afirma la editora Andrea Fuentes Silva, la singularidad de la propuesta literaria de Amos Oz.

Fuentes, quien negoció los derechos de algunas de las obras del Premio Goethe para que las publicara en México el sello editorial Fondo de Cultura Económica (FCE), dice que quedó prendada de él tras leer su autobiografía.

Allí descubrí un territorio nuevo de la escritura. Recuerdo iniciar y avanzar por entre las páginas con cierta suspicacia, con algo de resistencia, releyendo cada tanto, y así comenzar a aprehender su forma de hilar, entretejer y trabajar con las palabras que son no sólo su carne y fundamento, sino su playa de arribo, a las que busca dar constantemente un nuevo sentido, tanto a ellas como a las ideas que van detrás”, señala.

Para Fuentes Silva, Oz es considerado por muchos el mejor representante de la literatura en hebreo del mundo. “Probablemente eso ha representado un visor importante para la producción literaria en hebreo, pero también un renacimiento del idioma como tal y, más aún, una ventana para la “variedad de fuentes, trasfondos y lugares de origen” que conforman la nación que es la lengua hebrea. La ficción y la realidad intercambian cartuchos con facilidad y frecuencia”.

La editora recuerda que, en una entrevista que le hizo hace poco Jana Beris, el autor de Mi querido Mijael y De repente en lo profundo del bosque especificó que él escribe acerca de las familias infelices.

“El universo familiar, pensaría yo, entraña sin embargo tanto… Por eso me atrevería a decir también que sus temas, que nacen en el seno de la familia, tienen que ver con cimientos frágiles del ser y la otredad: con la identidad (deseo, miedo, statu quo) y con el territorio (interior, social) donde se construye esa identidad.

“Y diría un poco más: que el tema viene casi siempre permeado por una mirada que hace menos relevante al tema que la lente con qué mirarlo. Ahí está, en esa suerte de autobiografía suya, esa madre que le cuenta a su hijo cómo cuando pequeña vivía con la idea de que todo era posible y que la persiana que arrojaba al río podía regresar días después a sus manos, y que lo había creído de niña y luego se preguntaba por qué no podía ser. Las leyes de la naturaleza lo negaban, pero ¿por qué esas leyes no podían cambiar?

La intolerancia, la violencia y la muerte, el conflicto árabe-israelí, claro está, son asimismo asunto cardinal de su escritura”, concluye.

Ambas entrevistadas invitan a los lectores mexicanos a descubrir a Amos Oz, a adentrarse en ese mundo que “se conoce poco en México”.

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