Hacen en escenario sopa de Shakespeare

Dos personajes centrales en la obra del dramaturgo inglés, Próspero y Julieta, coinciden en el terreno del sueño para cuestionarse su presente y su porvenir

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17/04/2014 00:36 Sonia Ávila
Ausencio Cruz y Daniela Zavala protagonizan la obra de José Sanchís Sinisterra. Foto: David Hernández

CIUDAD DE MÉXICO, 17 de abril.- ¿Qué hubiera sido de Julieta de no enamorarse de Romeo tan joven?, ¿cómo sería su vida si se hubiera casado con Paris?, ¿qué sería de Próspero de no haber perdido a Miranda en La Tempestad? Son algunas de las preguntas inmersas en el montaje escénico Próspero sueña Julieta (o viceversa), de José Sanchis.

Se trata de una obra que, a manera de homenaje al dramaturgo inglés, retoma a los protagonistas de dos de sus historias emblemáticas: Próspero de La Tempestad, y Julieta de Romeo y Julieta. Ambos coinciden en un sueño, en un espacio onírico donde se cuestionan entre sí sobre su vida anterior y su destino.

A la vez reflexionan sobre el concepto del teatro, sobre la dramaturgia del propio Shakespeare, sobre el diálogo entre el actor y el espectador. Y si bien pareciera un drama filosófico, en realidad la comedia es el tono justo de Daniela Zavala y Ausencio Cruz, actores de la obra dirigida por Ignacio Flores de la Lama, en el teatro El Galeón.

“Lo que está pasando con esta obra de Sanchis es una interpretación de Shakespeare un poco como él hacía con otras historias; a Shakespeare le gustaba tomar referentes de la literatura universal para sus obras. Entonces un poco lo que está haciendo el autor español contemporáneo es revisar el clásico y le da una sopa de su propio chocolate”, definió Flores de la Lama.

Al señalar que las reinterpretaciones de Shakespeare lo mantienen en el escenario contemporáneo, el director detalló que el montaje se compone de tres piezas: dos monólogos, uno de cada actor, y el encuentro de ambos donde se preguntan de quién es el sueño, quién construye el mundo onírico que los envuelve.

Al final se percatan de que están dentro de un inconsciente colectivo, una ilusión social, adelantó Flores de la Lama, quien explicó que si bien hay muchos referentes a la dramaturgia de Shakespeare, el espectador sin ningún conocimiento bien comprenderá la historia y el vínculo entre los personajes.

En la obra, Julieta ya no es la joven enamorada, sino una mujer de más de 30 años desganada que ha pasado las últimas dos décadas hablando con la cripta en la yace Romeo. Lo mismo, explicó Daniela Zavala, hay momentos en que el personaje habla a la usanza inglesa del siglo XVI y otros en los que parece una ciudadana del XXI.

“Es entrar en la piel de una Julieta trasnochada, desparpajada, ya cuando le ha dado tantas vueltas en su cabeza el porqué se torció todo, quién o para qué, cómo fue que se rompió ese telar tan hermoso que estaba destinado para ella. Tiene varios momentos en que es absolutamente Julieta por decirlo de alguna manera, pero otros en que es una mujer cuyo cuerpo creció, pero su mente y conexiones sociales no”, detalló.

En el caso de Próspero, Ausencio Cruz consideró que el personaje consigue la fusión de los dos tiempos teatrales; así el espectador verá al Duque de Milán trazado por Shakespeare y al hombre viejo escrito por Sanchis. “Nunca es el Próspero de antes ni el de ahora, es el de siempre. No hay diferencia”, insistió.

La obra se desarrolla en un armario como escenario del sueño compartido, y en un intento por jugar con lo onírico de la historia, el entorno está construido por material de reciclaje, que lo mismo recrea la cripta de Romeo que la isla de Próspero.

“Termina siendo un gran juguete homenaje al autor de la obra primigenia y me parece que una de las cosas de lo que está convencido Sanchis es de los delirios de los personajes; entonces es una obra delirante, el lenguaje es delirante, y me parece interesante escrudiñar los entretelones de los personajes de un clásico”, concluyó el director.

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