La cultura, a prueba en Michoacán

Conaculta presentó ayer, en Apatzingán, el programa Cultura para la Armonía: Caminos de Michoacán, que busca restituir el tejido social en el estado

COMPARTIR 
08/04/2014 05:55 Juan Carlos Talavera

APATZINGÁN, 8 de abril.- La violencia en Michoacán también ha impactado la cultura y en medio de ese clima se aprecian las dos caras de la moneda. En una aparece el gobierno federal, representado por Conaculta, que este año invertirá 470 millones de pesos en el programa Cultura para la Armonía: Caminos de Michoacán, para restituir el tejido social de la entidad.

 Rafael Tovar y de Teresa, titular de Conaculta, presentó la tarde de ayer un esbozo del programa Cultura para la Armonía: Caminos de Michoacán, que incluye las tareas encomendadas por el presidente Enrique Peña Nieto, “para desarrollar un programa cultural sin precedentes en el estado de Michoacán”, el cual arrancará en el mes de mayo.

Así lo detalló durante la ceremonia realizada el mediodía de ayer en la Casa de la Cultura de Apatzingán, donde se reunieron Uriel Chávez Mendoza, presidente municipal de Apatzingán; José Carreño Carlón, director del Fondo de Cultura Económica (FCE) y Saúl Juárez, titular de la secretaría Cultural y Artística, quienes estuvieron resguardados al menos por una decena de policías federales.

Asimismo, comenta que desde hace algunas semanas servidores públicos de Conaculta realizaron los análisis prospectivos para ahora instalar el Centro Comunitario Cultural, denominado La rosa de los vientos, que albergará niños, jóvenes, así como talleres y actividades artísticas y culturales.

Más tarde, Tovar se reunió con los titulares del Conservatorio de las Rosas, de la Universidad Michoacana de San Miguel Hidalgo y la secretaría de Cultura de Michoacán, para firmar un convenio por 39 millones de pesos “para arrancar muchas de las actividades que son importantes que organicemos desde los organismos culturales de Michoacán, más que traerlas desde la ciudad de México”.

Tovar y de Teresa también recordó que este trabajo se lo encomendó el presidente el pasado 17 de enero, por lo que y el 10 de febrero asistió para firmar un convenio general con el gobernador “y desde entonces han estado permanentemente los funcionarios de todas las áreas de Conaculta, desde culturas Populares, Biblioteca, Publicaciones, el INAH y el INBA, consolidando un programa que tiene como propósito la recomposición del tejido social”.

En resumen, comentó, se trata de aprovechar lo que ya existe. Por ejemplo, en algunos municipios nos piden instrumentos y en otros el equipamiento de las casas de cultura. “Así que más que iniciar nuevos proyectos, lo que queremos es recoger las inquietudes de la población y convertirlas en acciones culturales”.

Esta visión no es compartida por investigadores como Juan Ortiz Escamilla y Elisa Villaseñor, quienes denuncian que el estado ha renunciado a impulsar la cultura en Michoacán. Tan es así, que el año pasado fue cancelada la celebración por el Bicentenario de la Constitución de Apatzingán, e incluso a finales de 2013 se utilizó buena parte de los ocho millones de pesos que Conaculta había destinado a la Ruta de Morelos, para un evento de tres días y una cena para 600 personas en el Teatro José María Morelos de Michoacán.

“Fue un evento para alegrar a 600 personas, en el que adquirieron vestuarios de época, cuando ese presupuesto pudo utilizarse en los pueblos para fomentar y desarrollar la cultura popular”, asegura a Excélsior Juan Ortiz Escamilla, investigador por la Universidad de Xalapa y estrecho colaborador del Colegio de Michoacán.

“Claro que me pareció un despilfarro que utilizaran ese dinero de Conaculta para comprar vestidos de época y para una cena en la que nos pidieron que nos vistiéramos de Morelos, Guerrero y otros personajes”, añade.

Y al ver todo esto, reconoce, se aprecia que el gobierno federal “está tirando el dinero a la basura y es una desesperanza, una impotencia, pues primero se debe hacer un diagnóstico serio y profundo, y no una improvisación en un lugar como Michoacán, donde hay una gran oportunidad para enderezar el rumbo de este país”, dice.

¿La violencia ha modificado el curso de la cultura y el trabajo académico en Michoacán?, se le inquiere a Escamilla. “¡Por supuesto! Y voy a poner un ejemplo que tiene que ver con el Bicentenario de la Constitución de Apatzingán”, pues en 2014 se debió realizar una fiesta nacional para celebrar la firma histórica del primer documento fundacional del actual sistema político mexicano. Pero no fue así.

Detalla cómo a lo largo de 2012 comenzaron a organizar un congreso internacional en Apatzingán, el cual se realizaría en octubre de 2013, pero finalmente no se llevó a cabo y fue trasladado a Morelia debido a la violencia que imperaba en la zona.

Luego sucedió el asesinato del diputado Osbaldo Esquivel, y entonces los coordinadores de la UNAM, el Colmich, el INAH y la Universidad Veracruzana, decidimos mover el evento al Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, donde participaron 30 investigadores de España, Inglaterra y Estados Unidos y Francia.

“No hay duda de que la violencia sí ha impactado la cultura y la academia en Michoacán. La violencia sí está modificando no sólo el comportamiento de las personas, sino su entorno.

“Pero eso no es todo, asegura, pues si en verdad las autoridades quisieran apoyar la cultura, para “restituir el tejido social” en este año no se habría disminuido el presupuesto para el Festival de Música Tradicional de Morelia.

Por separado, Elisa Villaseñor, académica del Instituto Tecnológico Superior de Apatzingán, comenta que los gobiernos locales y estatales no tienen el menor interés de comprometerse con un proyecto cultural en Michoacán. “No alcanzan a tener una visión clara de la importancia del trabajo cultural para la sociedad michoacana”.

En su opinión, aún hay mucho trabajo pendiente en el tema de la cultura, “por lo menos en esta región… y mi impresión es que se trata de un tema prácticamente abandonado, pese a que hay muchas propuestas que se ha trabajado con esfuerzos propios y no han tenido apoyo”, apunta.

“Pero mi percepción es que la violencia no fue la que generó este freno, sino que desde antes no hubo impulso y muy posiblemente la violencia se agravó como consecuencia de que no se han atendido los temas de educación y de cultura al nivel que se ha requerido”.

Y en resumen, añade, “creo que hay mucha incertidumbre de lo que pueda pasar con la sociedad civil y las repercusiones. La problemática es seria porque hay mucha gente infiltradas en el tejido social y no es tan fácil plantear una posición”.

 

Relacionadas

Comentarios