Descuidan mural de Francisco Eppens en la UNAM

Especialistas alertan sobre los daños que tiene el mural La vida, la muerte, el mestizaje y los cuatro elementos, realizado en 1953 en la Facultad de Medicina de Ciudad Universitaria

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03/04/2014 04:40 Luis Carlos Sánchez

CIUDAD DE MÉXICO, 3 de abril.- La Facultad de Medicina, uno de los edificios más emblemáticos de Ciudad Universitaria —conjunto arquitectónico considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO— sufre los embates del descuido. Un boquete, perceptible a simple vista, se ha abierto en la fachada principal de edificio diseñado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez y decorado con el mural La vida, la muerte, el mestizaje y los cuatro elementos, de Francisco Eppens.

La fractura del edificio se localiza en el costado superior derecho, a unos cuantos metros de donde inicia el mural de Eppens y deja ver el deterioro en el que se encuentra toda la fachada del inmueble, construida con ladrillo. Para el arquitecto Javier Ramírez Campuzano, hijo de Pedro Ramírez Vázquez, es lamentable que siendo Ciudad Universitaria un conjunto reconocido por la UNESCO, uno de sus edificios más emblemáticos sea víctima del descuido.

“La Universidad es depositaria de este gran acervo por lo que es motivo de particular preocupación el descuido que tiene el edificio de la Facultad de Medicina y particularmente el mural del maestro Eppens. Es muy triste porque la UNESCO ya ha sacado una tarjeta amarilla a México –hablando en términos de futbol– por el descuido de Xochimilco, si ya tuvimos un precedente muy serio no debemos dejar que ocurra otra vez”, consideró en entrevista.

El mural La vida, la muerte, el mestizaje y los cuatro elementos fue realizado por Francisco Eppens en 1953; para solucionar la dificultad que implicaba plasmarlo sobre un muro curvo de 18 metros de base por 20 metros de altura, el muralista optó por realizar la obra con mosaico de vidrio y dividido en pequeñas losas precoladas (de un metro de largo por 25 centímetros de ancho) que fueron atornilladas al muro.

Rodolfo Maciel Vázquez, autor del libro Eppens, constructor de identidad, considera que si bien existe un daño a la pared que soporta el mural, “aún no representa daño” para la obra, pero sí un riesgo que podría agravarse. “El mural está sobrepuesto en la pared del edificio por medio de tornillos que permiten que se adhieran las placas  al muro, creo que aún no sufre daño el mural, pero al momento que este “pretil” se siga desprendiendo, puede ir “aflojando los ladrillos del muro inferior y perder fuerza donde se encuentran los taquetes que soportan el mural”, señala.

Maciel Vázquez considera urgente llevar a cabo la reparación de la fachada, “es necesario hacer las reparaciones del muro para evitar que se reblandezca con las lluvias. Es verdad que el muro debe estar en óptimas condiciones por ser el soporte del mural, cualquier fractura en el muro puede dañar el mural a futuro”.

Ramírez Campuzano va más allá y afirma que la situación en la que se encuentra el edificio de la Facultad de Medicina debe implicar la elaboración de un dictamen que determine la situación en que se encuentra. “Cualquier deterioro no se puede menoscabar, una cosa es lo que aparentemente se ve y otra es lo que en realidad es. Debe haber un dictamen, el hecho es que una obra que fue construida en 1952 es lógico que requiere de mantenimiento, es lógico que requiere de cuidado, no sabemos a qué trabajos de mantenimiento ha sido sometida pero en lo personal no dejaría de atender está obra. Es un foco rojo y hay que atenderlo.”

La afectación en el edificio no es nueva; en el libro Francisco Eppens Helguera 1913-2013 Centenario, editado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) el año pasado, aparecen dos fotografías en las que se distingue el hueco en la fachada del edificio. Excélsior buscó insistentemente a través de la oficina de Comunicación Social de la UNAM conocer las razones del deterioro y los trabajos de mantenimiento, pero no hubo respuesta.

Ramírez Campuzano agrega que la obra de la Facultad de Medicina fue particularmente significativa para su padre pues se trata del “primer edificio de gran importancia en el que participa”. El arquitecto fallecido el año pasado ideó el edificio junto con sus colegas Ramón Torres, Roberto Álvarez Espinosa y Héctor Velázquez Moreno. “Fue una obra que se desarrolló en tiempo récord y que tuvo una gran labor multidisciplinaria, a Ramírez Vázquez le tocó también planear las vialidades, incorporar a CU al tejido urbano, se abrió la avenida Revolución para que el trolebús llegará hasta allá, siempre le traía grandes recuerdos y grandes aprendizajes.”

Trabajo a contracorriente

Realizar el mural La vida, la muerte, el mestizaje y los cuatro elementos representó para Francisco Eppens enfrentarse al control que Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros ejercían en el arte mexicano. En el libro Francisco Eppens Helguera 1913-2013 Centenario (coordinado por Leticia López Orozco) aparece el testimonio del artista, quien afirma que los muralistas solicitaron que tanto él como José Chávez Morado fueran sólo sus ayudantes.

“Diego y Siqueiros les propusieron a los arquitectos (…) que Chávez Morado y yo fuéramos sus ayudantes, a lo que tratando de cubrirnos, les respondieron Carlos (Lazo) y Gustavo (García Travesí): ‘cada uno va a hacer lo suyo, pues ya hemos firmado los contratos con ellos’. Así, con el apoyo que me dieron, continúe el mural”, se cita en el texto. 

La participación de Eppens en la construcción de Ciudad Universitaria se habría dado luego de un encuentro con el arquitecto Roberto Álvarez Espinosa en la librería Porrúa. “Pancho, hágame un proyecto para la Escuela de Medicina. Una semana después el arquitecto Álvarez Espinosa vio mi proyecto y él naturalmente se lo enseñó a los arquitectos Carlos Lazo y Gustavo García Travesí, el cual ya aprobado fue discutido por los cuatro al detalle”, recordaría el muralista.

En la obra, Eppens plasmó un conjunto de representaciones, sobre todo prehispánicas, enmarcadas con una serpiente que se muerde la cola como símbolo de la eternidad que encierra toda la composición; una calavera devora una mazorca de maíz de la cual se forma el primer humano. Para simbolizar los cuatro elementos, el artista utiliza la imagen de Tláloc, además de que aparecen seres acuáticos como el caracol, el pez y el ajolote; la Tierra está representada por unos seños que cuelgan y se juntan con el agua pero también aparece el viento y el fuego.

Una cabeza de tres caras en el centro del mural simboliza el mestizaje.

Otras afectaciones en recintos universitarios

El descuido al patrimonio tiene otros antecedentes en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En abril de 2009, Excélsior dio a conocer los resultados de una auditoría realizada a las obras de remodelación del Museo Universitario del Chopo, donde se observó que las obras implicaron realizar huecos en el edificio traído a México en 1903, para introducir materiales y maquinaria.

El retiro de los muros fue confirmado en abril de ese año por la Dirección General de Obras y Conservación (DGOC) de la UNAM , “No se exactamente las dimensiones (del hueco), pero digamos que se retiran algunos. Entre las estructuras metálicas, se retiró uno, se quitaron los sillares para que por ahí ingresaran las maquinas” dijo entonces el ingeniero Juan Carlos Fuentes Orrala, director de Construcción de la DGOC y encargado del proyecto de remodelación y ampliación del recinto.

El caso del Museo Universitario del Chopo no se limitó a las afectaciones que se realizaron durante la obra, sino que además implicó terminar con las características del edificio, de acuerdo con un dictamen realizado en su momento por el Consejo Internacional de Monumentos Sección México (ICOMOS).

El organismo internacional determinó que la espacialidad e iluminación natural que tuvo el edificio, fueron destruidos por el proyecto del arquitecto Enrique Norten. “El gran espacio desaparece ocupado por una estructura densa y bastante pesada”.

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