Octavio Paz, puente entre generaciones

En esta séptima entrega de ocho, algunos escritores mexicanos de la actualidad —que conocen a Octavio Paz como lectores pero no lo hicieron desde su círculo personal— consideran que el poeta, traductor, ensayista y editor es hoy un referente para la apreciación de las letras mexicanas, hispanoamericanas y universales; es un punto de partida para el entendimiento del quehacer cultural vigente

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30/03/2014 05:40 Sonia Ávila

CIUDAD DE MÉXICO, 30 de marzo.- Los tantos reflectores que ahora alumbran sobre la memoria de Octavio Paz quedan reducidos ante la magnitud de su presencia, en vida y muerte. Su figura pública como editor, diplomático, promotor cultural, crítico de arte, lo convierten hoy en un puente entre la literatura mexicana de su tiempo y otras literaturas, entre el México de mitad del siglo XX y el México de inicios del XXI.

Para su generación inmediata lo mismo que para la más joven, el llamado “héroe solar del siglo XX literario” —frase acuñada por Enrique Krauze— es un referente para la apreciación de las letras mexicanas, hispanoamericanas y universales; un punto de partida para el entendimiento del quehacer cultural, para ver al intelectual que hizo de las palabras actos y de la interrogación un recurso permanente.

Los escritores mexicanos Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Antonio Ortuño y Luigi Amara coinciden en ello, desde sus propias trincheras como narradores o poetas, quienes a pesar de ser de generaciones distintas y distar en su experiencia personal con el Premio Nobel de Literatura 1990, concuerdan sin titubear en que su legado sigue permeando en la cultura del país.

Los árboles no nos dejan ver el bosque; la retórica encomiástica de dudosos intelectuales no nos ha permitido reparar en algunas de las nuevas y muy lúcidas lecturas que de Paz se han hecho en estos días. No cabe duda de que Octavio Paz es un gigante, pero habrá que esperar a que se apacigüen estas molestas aguas para que podamos volver a verlo y disfrutarlo en su justa medida”, previene Padilla quien recuerda que su primer acercamiento al escritor fue en las lecturas de juventud a la par de los clásicos como Homero, Eliot y Salgari.

Creo que hay que releer y discutir a Paz, en todas sus facetas estéticas, políticas, intelectuales, personales, antes de exaltarlo o descartarlo nomás. Lo creo más útil que quemar incienso o escupir sin reflexión de por medio”, suma Ortuño, quien quedó prendado del autor de El laberinto de la soledad a partir de su poesía.

En un ejercicio reflexivo sobre el legado de quien mañana se conmemora el centenario de su natalicio, los entrevistados confluyen en que es el pensamiento crítico a modo de ensayo o lírica, el mayor legado del autor para las generaciones que le siguieron. La lección, pues, más vigente está en su testamento crítico.

Así enumeran la conciencia crítica que cruza por igual un texto sobre Marcel Duchamp que el poema Blanco; el debate argumentado y el raciocinio por doquier como la principal enseñanza de Paz para los escritores que crecieron con él como maestro.

Nosotros ­todavía tenemos muy cerca su figura pública, y su papel como intelectual clásico, pero el centro de su obra está en sus poemas y en sus ensayos literarios. Allí se encuentran algunas de las mejores páginas escritas en español en el siglo XX”, dice Volpi, autor de Memorial del engaño, quien rememora que fue en la preparatoria sus primeras lecturas de los ensayos políticos de Paz.

Es esa capacidad —añade Amara— de hacer del poema un lugar de pensamiento y el ensayo concebido de algún modo como una especie de poema, donde la inteligencia y la imaginación están de la mano. De algún modo hay una conciencia crítica siempre alerta en Paz; lo importante no es la conciencia en sus ensayos, sino también en sus poemas, esa crítica que está atravesando sus poemas.”

Para el también poeta, ensayista y editor esa mirada siempre analítica si bien vertió en ensayos de artes plásticas como Marcel Duchamp. Apariencia desnuda o La búsqueda del comienzo (escritos sobre el surrealismo), también se encuentran en poemarios como Blanco, en el que la reflexión se logra cuando consigue un lector activo, crítico.

La influencia de Paz podría verse desde muchos ámbitos, pero para mí el legado más claro es la idea de concebir al lector como una especie de cómplice en la construcción de una obra, en lugar de escribir obra cerrada cuya plenitud la da el autor; es interesante que Paz consiguió un lector activo, por lo tanto una obra abierta en el sentido de concebir una obra que exige que el lector participe no sólo como intérprete sino que haga una ruta propia”, describe.

En ese sentido, la huella que Paz dejó en cada uno de los entrevistados surge de esta formación de pensamiento crítico; de la premisa de que cual sea la forma de la literatura, debe sustentarse en reflexión, análisis, raciocinio.

Sé que a todos nos influyó de manera individual. Lo leíamos con avidez, algunos más deslumbrados por su obra ensayística, otros por su obra poética, todos por su manera de plantarse ante la historia y ante el mundo con la entereza, seguridad y dignidad. Sé que también influyó en un cierto enrarecimiento de la atmósfera cultural mexicana en la que crecimos, favoreciendo a veces el debate intelectual sano y otras un capillismo virulento”, precisa Padilla.

Mientras que Volpi señala la influencia del escritor como vehemente en su propia trayectoria literaria: “En mi caso particular, su influencia fue determinante. Aunque muchas veces no coincidiera con sus posiciones políticas, su energía crítica siempre ha sido un ejemplo para mí. Algunos podrán reprocharle su vehemencia, que en ocasiones rondaba la ira o el autoritarismo, pero la defensa a ultranza de sus ideas continúa siendo un modelo de rigor y coherencia intelectual”.

Para las generaciones más jóvenes, la “sombra” que representa el editor fundador de las revistas Vuelta y Plural es igual de significativa, pero ya no visto como Tlatoani, sino como un poeta complejo que amerita un estudio profundo.

Para mi generación, Paz fue ya una figura patriarcal y lejanísima. Un hombre con poder (plenamente ejercido) con el que era difícil identificarse. La gente de mi edad vio a un Paz ‘institucionalizado’. Eso es un asunto extraliterario, a fin de cuentas, pero no es un tema menor”, opina Ortuño quien halló a Paz a través de Libertad bajo palabra y Blanco.

Y a decir de Amara, el también Premio Príncipe de Asturias 1993 ya no representó “la figura titánica” de las letras: “Lo he comentado con otros poetas de mi edad, incluso más jóvenes, y creo que tuvimos la suerte de que Octavio Paz ya no era una figura demasiado titánica para nuestra generación. Nosotros empezamos a escribir y crecer como poetas con Paz como un poeta más, quizá el poeta más relevante con una obra en algún sentido desafiante, pero no como un astro, que uno no puede quitarse de encima”, señala.

Esta figura icónica, continúa, en cierto sentido se debe a que diferentes sectores literarios y culturales lo convirtieron en una especie de dios, aún sin entender la esencia real de su obra: “En ese sentido creo que se confunde, se tergiversa, su trabajo”, añade quien afirma que su puerta de entrada al cosmovisión de Paz fueron los ensayos sobre poesía como el de Xavier Villaurrutia.

Hablar de vigencia en la obra de Paz, coinciden, es abrir un abanico de situaciones en los que la literatura actual tiene su origen en la del poeta centenario, y Ortuño zanja que la poesía o la narrativa no se enlatan para su olvido: “No creo que la literatura sea como el pescado enlatado y caduque. Supongo que Paz es menos leído y discutido ahora que mientras vivió, pero no ha pasado a ser una suerte de reliquia, encerrado en sus volúmenes de obras completas. A Paz sí se le lee y se le discute todavía, pues. Y esa es suficiente vigencia”.

A ello agrega Amara que las propuestas poéticas más experimentales de Paz, como la poesía visual que hizo con Vicente Rojo, las están retomando artistas y autores jóvenes interesados en la retroalimentación artística que también promovió el autor Nobel, pues fue de los impulsores de concebir la literatura como un compendio de artes. “Creo que esa vertiente de su obra está llamando la atención de los poetas jóvenes, justamente porque están concibiendo las páginas poéticas de otra manera, están surcando la tradición de otra manera”.

Entonces mirar a Paz hoy, señalan, es encontrarse con un intelectual que tendió un puente a través de las letras hacia el entendimiento del hombre en transición del siglo XX al XXI.

 

Paz, el Everest de la poesía: Ruy

Al hablar del poeta y pensador Octavio Paz, a quien se celebra en estos días con motivo del centenario de su nacimiento, el escritor y editor Alberto Ruy Sánchez expresó: No hay duda, “si fuera un físico, sería Einstein, si fuera una montaña sería el Everest”.

Lo anterior, añadió en entrevista, no sólo porque haya nacido con dones, sino porque trabajó con un gran esmero para forjarse una manera de reflexionar y pensar el mundo que, al mismo tiempo, es una forma de creación.

Este método lo creó ante la disyuntiva de generar una poesía comprometida o un arte puro; él entendía que la primera “era mala como poesía y se convertía fácilmente en propaganda, como algo falso, y la poesía pura quedaba como vacía”, señaló.

La que asume el autor de Piedra de Sol, acotó, no es una simple visión del mundo, es una mirada más amplia y profunda de todas las cosas y con una posición firme.

Más que un hombre disciplinado era apasionado; como nadie, leía, revisaba, tomaba nota de todo, hasta de su correspondencia. Nada dejaba al azar, todo le interesaba y a todo le buscaba una explicación, comentó Ruy Sánchez al establecer que la disciplina se hace como un deber, y a Paz le apasionaba conocer para explicar, crear. Ruy afirmó que Paz era una unidad asombrosa entre obra y persona, entre poesía y lo que decía o hacía. Hay quienes juzgan y piensan que era muy malo como escritor o como pensador, de manera separada, cuando todo en él era una unidad.

Respecto a si se valora lo suficiente a Paz hoy, dijo que todos los festejos que han sido organizados para celebrar el centenario de su nacimiento demuestran que el que valor se tiene para él es muy grande, lo que es diferente a que se le conozca lo suficiente, y para ello hay que leerlo.

No obstante, aclaró que los libros de Paz se venden mucho, y el Premio Nobel fue muy prolífico: en una vida productiva de más de 70 años escribió más de 60 libros.

Pero leerlo con detenimiento es diferente, continuó, y es difícil cuando es un escritor con una obra tan vasta, y para ello hay mucha labor que deben hacer los lectores, de ponerse “flojitos y cooperando”, indicó de una manera coloquial.

Incluso los jóvenes actuales tienen mucho que encontrar en Paz; por ejemplo, están más interesados en el arte contemporáneo sobre el moderno, y él escribió de ese arte en su texto sobre Duchamp; y también habló del amor, del erotismo, en La llama doble, ejemplificó.

—Notimex

 

 

POSTURAS

Algunas de las ideas expresadas por el poeta, ensayista y traductor:

 

1982

En su discurso de aceptación del Premio Cervantes, el autor de El laberinto de la soledad reflejaba su simpatía por la tradición liberal española, una postura que le granjeó críticas de la izquierda mexicana y latinoamericana, porque iba unida a su denuncia de los regímenes comunistas.

1992

Octavio Paz señalaba los problemas más graves de Latinoamérica con palabras que suenan actuales: “La pobreza, la educación y la autonomía cultural”.

1990

 Me siento descendiente de Lope y de Quevedo, como cualquier español..., pero no soy español”. Palabras de Octavio Paz en su discurso de recepción del premio Nobel de Literatura.

 

 

Poesía, una necesidad

“Octavio Paz era un mentor no sólo para México o para mí mismo, sino para el mundo entero”, dijo ayer Jean-Marie Gustave Le Clézio

Un Nobel comprende de otro Nobel, después de “haber atravesado grandes dificultades y crímenes”, que “la poesía no es un lujo, sino una absoluta necesidad”. Jean-Marie Gustave Le Clézio habla sobre la experiencia poética de Octavio Paz; el primero francés, el otro mexicano; uno con el premio más importante de las letras en 1990, el otro en 2008; ambos coincidiendo. 

Al llegar a México tenía la impresión de estar en un lugar que ya conocía: había algo de familiar, de muy conmovedor en la vida popular de México en aquella época, un poco distinta de lo que se vive ahora en la Ciudad de México: de vez en cuando podían verse los volcanes”, recordó el autor galo que se estremeció con la experiencia de estar en este país.

En algo de eso tuvo que ver Octavio Paz: “Encontrar a Paz fue uno de los momentos privilegiados, porque junto a su esposa tenían ese calor humano que podía hacer a uno olvidar la diferencia de edad y de conocimiento: Octavio Paz era un mentor no sólo para México o para mí mismo, sino para el mundo entero, por su percepción del mundo y su originalidad; él podía ver el mundo sin los anteojos que falsifican la vista; y lo veía como era, con realidad y, a la vez, con pasión, interés y con una emoción muy sincera”.

Paz, el autor recordado en el centenario de su nacimiento; Le Clézio regresando a México —o tal vez sin haber salido nunca de aquí— hablando sobre la monumentalidad de una nación y de su hombre poeta, del homenajeado. “Me acuerdo que en uno de mis primeros contactos me fui a cenar a un restaurante, en un ambiente muy calladito, donde me quité el saco para comer más a gusto y el mesero me pidió que me lo pusiera; había una familiaridad, una elegancia y una aristocracia en el pueblo mexicano que de inmediato me conmovió”.

 Y continuó: “Empezó una aventura mexicana para mí, gracias a Jean Meyer y a todos los que encontré y me abrieron los ojos sobre la multiplicidad de la cultura mexicana: la popular y la culta, el gusto y el respeto por la historia. Todo esto cambió mi punto de vista como ser humano e influyó en mi manera de escribir”.

Le Clézio como un conocedor de la cultura mexicana, de su poesía, revelada a través de Paz. “Octavio Paz, con su instinto y su poder poético, nos presenta al personaje de Sor Juana en su extrema complejidad, su pasión carnal, su orgullo intelectual, su imaginación, obstáculos a la fe intransigente del siglo de la
Inquisición”.

El francés vivió desde entonces en México, más precisamente en Michoacán. Alberto Ruy Sánchez se encargó de prologar su obra y su importancia mexicana. De familia bretona emigrada a Isla Mauricio en el siglo XVIII, Le Clézio un día encontró en la nación azteca coincidencias: anduvo con huaraches, aprendió español y escribió sobre lo que pensó que era humano y comprendiendo a sus hombres de ideas. 

“A pesar del afán de Octavio Paz por procurar el espíritu de la libertad o por ser demasiado independiente, se le acusó de contrarrevolucionario; esto ocurrió a raíz de sus divergencias con Carlos Fuentes y su condena del movimiento zapatista. Basta leer (la revista) Vuelta para darse cuenta de la verdadera audacia del poeta. Su respeto a la libertad es también una desconfianza total de los sistemas radicales, cualesquiera que sean.

Si nos importa tanto la aventura de Paz es que hemos entendido, por haber atravesado grandes dificultades y crímenes, que la poesía no es un lujo, sino una absoluta necesidad. La única revolución que acepta Paz es la surrealista, por estar tan cerca de la cultura mexicana; no es una escuela literaria más, sino un desafío contra todo lo razonable y contra la autocomplacencia”, enfatizó.

El surrealismo, como escribió Paz, “ha sido las botas de Siete Leguas de los escapados de las prisiones de la razón dialéctica y el hacha del Pulgarcito que corta los nudos de la enredadera venenosa que cubre los muros de las revoluciones petrificadas del siglo XX. La palabra de Octavio Paz, como la protesta de Sor Juana contra el destino, está arraigada, en el mundo moderno, donde lo mágico y lo racional, el sueño y la pesadilla, el amor y la violencia, son inquebrantables y se entremezclan”.

A Le Clézio no le quedó más que mostrar gratitud: “Gracias a Octavio Paz, gracias al poeta, gracias al osado paseante del viaje interior”. Y a pesar de que una buena parte de su conferencia había sido revelada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) en una edición impresa que fue distribuida de manera masiva, el Nobel francés había dejado su gratitud para el final:

Octavio Paz era un mentor no sólo para México o para mí, sino para el mundo entero, por su percepción del mundo y su originalidad: él podía ver el mundo sin los anteojos …la veían como era, con realidad y con la pasión, con el interés”.

El homenaje por el centenario de Octavio Paz continúa hoy con el ciclo Poetas del mundo y Octavio Paz, que se realizará en el Palacio de Bellas Artes a las 18:00 horas, con la presencia del también Nobel de Literatura Wole Soyinka, de origen nigeriano, así como los poetas Homero Aridjis, Eduardo Lizalde, Valerio Magrelli, Charles Simic, Lasse Söderberg e Ida Vitale.

Mañana, cuando se cumple el aniversario del natalicio, en la Biblioteca de México será la inauguración de la exposición Octavio Paz: de la palabra a la mirada, que reúne primeras ediciones de los libros del poeta y también se efectuará un Retrato coral de Octavio Paz, donde estará Aurelio Asiain, Fabienne Bradu, Adolfo Castañón, José de la Colina, Jorge Edwards, Teodoro González de León, Juan Goytisolo, Hugo Hiriart, Enrique Krauze, Celso Lafer, Norman Manea y otros.

 

Liberal era su apuesta

La poesía es memoria de los pueblos, además “de gran fabricante de fantasmas”, afirmaba el Nobel mexicano Octavio Paz, quien abogaba en sus entrevistas por un pensamiento político liberal y en el que se aunasen lo mejor de las libertades individuales y del socialismo.

Paz, cuyo centenario de nacimiento se cumple mañana, evolucionó desde el izquierdismo de su juventud a posiciones liberales, como las que exponía en público en 1996, dos años antes de su muerte, al declarar que los intelectuales deberían elaborar una nueva ideología que fusionase lo mejor de los dos grandes sistemas políticos del siglo XX.

Es facultad de la clase intelectual, sobre todo de los jóvenes, tratar de elaborar un nuevo pensamiento político en el cual se puedan unir las dos grandes tendencias y pensamientos que surgieron el siglo pasado”, manifestaba el poeta y traductor.

Paz consideraba que el “vacío histórico” generado en el mundo tras el derrumbe del socialismo totalitario provocó aún más injusticias.

La solución del mercado libre no es una solución, sino que ha marcado profundamente la injusticia, porque es un mecanismo ciego”, opinaba el Nobel.

Las derivas autoritarias del siglo XX fueron los grandes caballos de batalla de este intelectual, que viajó a España para apoyar a la República en 1939. Reivindicaba la libertad para los hombres y decía que sin libertad la democracia es despotismo y que sin democracia la libertad es siempre una quimera.

-EFE

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