La vida es sueño: el teatro y lo sagrado

En entrevista, el director teatral Claudio Valdés Kuri habla acerca de la puesta en escena de la obra cumbre del dramaturgo español Pedro Calderón de la Barca (1600-1681)

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21/03/2014 04:39 Luz Emilia Aguilar Zinser/ Especial
Escena de La vida es sueño, montada por Claudio Valdés Kuri.
Escena de La vida es sueño, montada por Claudio Valdés Kuri.

CIUDAD DE MÉXICO, 21 de marzo.- El teatro tiene el poder para ir más allá de las realidades cotidianas que saturan los noticiarios. El fenómeno escénico puede ayudarnos a expandir conciencias, a aportar un conocimiento trascendente, a ser más que un vacío entretenimiento, afirma Claudio Valdés Kuri al hablar sobre La vida es sueño, que estrenará hoy en el marco del festival del 30 Centro Histórico de la Ciudad de México. Valdés Kuri es fundador de Teatro de Ciertos Habitantes, una de las compañías mexicanas más reconocidas en el extranjero. Ha dirigido Becket o el honor de dios, De monstruos y prodigios, El automóvil gris, ¿Dónde estaré esta noche?, El Gallo, la ópera Montezuma y Todavía… siempre.

Sobre La vida es sueño, Valdés Kuri comenta: “Es el recuento de la evolución de la humanidad. Pedro Calderón de la Barca, después de matar a una persona, violar a otra, según se dice, se recluyó voluntariamente a reflexionar sobre el devenir humano y escribió esta obra. Para el director de escena en este auto sacramental el hombre incurrió en lo que tenía que incurrir, comió la manzana y tocó su infierno. Luego de un largo viaje que tiene que ver con la iniciación, con el enfrentamiento con su sombra, el hombre llama a sabiduría y eso significa victoria y tragedia, porque la expansión de conciencia es una victoria y a la vez el reconocimiento de lo sombrío, de lo que hay que despojarse: “Ver tu sombra es muy doloroso. El hombre recibió los dones. Sería obedecido si los usaba bien. No lo hizo. Y al final el hombre dice: ‘el camino me duele, el sol lastima’. Eso es lo que estamos viviendo. Somos resultado de nuestras decisiones. Hay gente dormida, semiconsciente y consciente. La humanidad, como grupo, sabe que se ha equivocado y hay una culpa. Nadie planeó que llegáramos a donde estamos.  Echando a perder se aprende. Tenemos que encontrar la salida a la situación en la que nos metimos. Este auto sacramental es teatro simbólico. El símbolo es la mitad de algo. La otra mitad la pone uno. El símbolo es propio de un mago. Una guía muy importante en este viaje ha sido el libro Los grandes iniciados. Ha habido grandes magos con distintas intenciones. El gran mago es Jesucristo, quien le da la vuelta al pensamiento. Él representa lo humano en su máxima potencia: pero no es dios”.

¿Cómo se relaciona este teatro con el universo católico?

Es una obra evangelizadora para un público evangelizado. El auto sacramental fue escrito con claves que en su tiempo todos entendían. Nuestro mundo ya no es el que vivió Calderón. Para la puesta en escena nos metimos a entender la simbología católica. La reflexión al final es la eucaristía, compartir el pan, símbolo del trabajo y la mesa es la convivencia horizontal. A los siete años hice mi primera comunión y le dije a mi madre “esto no es para mí.” No regresé. Pero siempre me intrigó por qué Jesucristo llega a la cruz. Era la única manera de que una humanidad sumida en la barbarie avanzara. A partir de ahí empiezan los derechos humanos. Jesucristo compartió el pan con quien lo entregaría a sus detractores, nos dio la eucaristía. En todas las religiones
subyace un pensamiento hermético o esencial que es para todos. Las religiones nacen de una esencia. Pero se van pervirtiendo cuando unos empiezan a creer que son más que los otros, que son los elegidos y entra la división.

¿Cuáles son los ejes desde los que abordas la obra?

El ocultismo, el trabajo del mago y la geometría sagrada. Calderón tuvo conocimiento de los alquimistas de su tiempo. Como Kircher, homo universalis, que manejaban el Quadrivium pitagórico. Calderón es el emisor de un conocimiento descubierto por otros. La geometría está presente en el montaje, va explicando la evolución del hombre. El punto significa equidistancia y unión. El círculo y el punto son lo mismo. Dios se desdobla y aparece la dualidad. En Calderón la dualidad es poder y sabiduría, y aparece el amor. De ahí se desdobla y aparece el cuadrado. Todo tiene madre y padre, dice el Kybalión. El humano básico es cuaternario. El cubo elevado es el hombre con contenido mental y emocional. El pentágono ya es el hombre con la conciencia. La obra llega cuando el hombre alcanza un primer despertar de la soberbia a la gratitud. Es un viaje a la conciencia y es nuestra historia: es un viaje esperanzador.

El gran pecado

Para Valdés Kuri la soberbia, el gran pecado, a la vez hace que el hombre vaya a la experiencia y tome la manzana. ¿Por qué la manzana?, se pregunta el director y él mismo responde: “La geometría sagrada está en todo. La Vía Láctea tiene las medidas exactas del numero áureo y lo encuentras en las flores y el DNA. Haces un pentágono y aparece un pentagrama. Cada uno de sus lados mantiene la proporción áurea y ese pequeño pentágono está sugiriendo otro pentagrama, así al infinito. El pentágono significa la conciencia. La  manzana tiene este secreto: el pentágono. Ahí está en su centro, donde encuentras las semillas. Si no tuviéramos soberbia no iríamos a la experiencia y sin experiencia no alcanzaríamos la conciencia. La decisión del humano de ir a le experiencia es conmovedora”.

¿Qué significa esta obra en tu trayectoria?

Un cambio inmenso. Es un camino que empecé en Becket. Seguí en ¿Dónde estaré esta noche?, donde está la voz interior, la conciencia. Pero en esa puesta en escena yo era todavía un emisor dudoso y me di unos catorrazos tremendos. Ahora me importa lo que se dice y cómo se dice. Antes era decir de buena manera, sin que importara tanto lo que se dice. Es un cambio de rumbo. Es victoria y es tragedia. He tenido que dejar atrás mucho de lo que me gustaba. Ha sido un parteaguas en el trabajo con el actor y la manera de buscar la dimensión de lo sagrado, una búsqueda que traigo personalmente desde mucho tiempo atrás, pero nunca lo había dicho a los actores de manera directa. Casi la mitad del grupo para esta puesta en escena es gente nueva y eso significó la oportunidad de un cambio. Empecé con entrenamientos de música virreinal, técnicas de movimiento. Mucho tiempo trabajamos sin que ellos supieran de qué obra se trataba. Cada uno tenía que realizar la investigación de algún tema. La obra es básicamente el génesis y el paraíso. La indagación fue por varias religiones. De pronto yo empecé a hablar de hermetismo. Los más antiguos escritos herméticos son de Hermes Trimegisto. Luego vienen los alquimistas, donde está Calderón de la Barca, hasta llegar a los masones, estos grupos de conciencia y estudio a través de los siglos. Ahora este conocimiento está mucho más abierto. Los masones dicen que ya no se pide secreto sino modestia. La ciencia sin bondad es tiranía. El secreto tenía que ver también con no dar el conocimiento a quien no lo merece. El conocimiento es subversivo. El pensamiento hermético es mi tema. Me fascina. Para mí es tan importante como el arte. Arte y hermetismo se pueden conjuntar a través de un texto como este auto sacramental. La importancia del verbo. Con las palabras se puede crear. ¿Qué pensamientos dejas entrar en ti y cuáles dejas salir? ¿Qué dices al prójimo para que cambie este escenario? Es el asunto con este auto sacramental. No encuentro eco en lo que se dice en el gran conjunto de artistas, dramaturgos y emisores contemporáneos. Sus mensajes repiten lo mismo que ya sabemos. Una sociedad perdida en lo inmediato. Muy pocos discursos hoy hacen algo más que denigrar, causar culpa. Pocos significan búsqueda. ¿Qué estamos dejando al prójimo que pueda ser una opción? Para ver que no hay salida no necesito meterme al teatro. La situación en la que estamos como humanidad tiene salida. Nosotros nos hemos conducido aquí, podemos salir de esto.

¿Por qué sólo hombres en escena?

La obra está concebida en un ambiente eminentemente católico. Si incluía a ambos sexos era inevitable entrar en implicaciones de género. Está la sombra y no quise que se identificara con un género. Todos hacen personajes femeninos o masculinos. Nadie ha pensado que pueda tratarse de teatro misógino o de tendencia gay. Son aspectos del ser humano.

Cambio de orden

Luego de casi 20 años de trabajar con actores, Valdés Kuri considera que hoy el intérprete que pueda concebir el teatro como un mago o sacerdote es casi una cuestión vergonzosa. El actor moderno difícilmente puede tener una aproximación a su trabajo que reconozca la dignidad de cargo, la responsabilidad  de su preparación, ética, vocación. No puedes convocar lo sagrado si no estás dispuesto a un cambio de orden. Y no puede ser sólo en el escenario, implica una forma de vida. En escena hay catorce actores. Hemos logrado en un proceso de casi un año y medio gran integración y armonía. Ha sido un esfuerzo intenso lograr que todos aprendan a tocar instrumentos y la búsqueda de un buen nivel de actuación. Son personas con una gran capacidad de entrega, de trabajar con una mística. En esta obra el ritual es muy importante. Al ser humano lo atrae el ritual. Eso lo han entendido los grandes maestros. Los magos oscuros hacen rituales de poder. Lo importante es hacia donde va el ritual. Parte de la vacuidad del teatro es perder el sentido ritual. Mucho se habla de la ritualidad en el teatro, pero pocas veces se ejerce con conocimiento. Hay que saber cómo se hace. Los magos saben hacerlo. Sin ser pretencioso hay una intención. Mi resumen de todo esto es que hay un intento. No puedo asegurar que lograremos provocar, aportar conocimiento. Lo que sí puedo asegurar es que hemos puesto en ello nuestras mejores capacidades, que he contado con muy valiosos colaboradores y que lo intentamos.

¿Quién es?

Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) es uno de los dramaturgos españoles más importantes de todos los tiempos. Realizó estudios en Alcalá y Salamanca, pero los abandonó hacia 1620 para convertirse en autor teatral. Su primera obra fue una comedia: Amor, honor y poder, estrenada en 1623, y con el tiempo se convirtió en la culminación barroca del modelo teatral creado a finales del siglo XVI y comienzos del XVII. Su obra más conocida es La vida es sueño, que junto a El alcalde de Zalamea y El mágico prodigioso componen su corpus de comedias. Aunque también escribió tragedias como El médico de su honra, La hija del aire, así como comedias cortesanas: Eco y Narciso y El monstruo de los jardines, entre otras piezas.

 

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